La bestia

Capítulo 28

Sasha:

Habíamos llegado a un aeropuerto, tenía mucho miedo que no podía ni hablar o caminar de cómo me temblaban las piernas. El helicóptero aparcó cerca de un avión algo grande, David abrió la puerta del helicóptero para bajarnos, pero no podía por como temblaba.

David estaba algo cambiado, su cabello era más oscuro no era rubio natural como lo tenía hace unos meses, traía una pequeña cicatriz en su cien y su cuerpo estaba más ejercitado.

Estaba muy asustada y solo esperaba a que Allen vinieran por mí o qué no pensara que lo había dejado al propósito.

—Vamos tienes que bajar —me dijo David.

—No puedo —susurré—. Mis piernas me fallan.

—Esta bien —bufó.

David cargó mi cuerpo en sus brazos para dirigirnos hacia el avión que estaba a unos metros de nosotros. Cuando él me cargó sentí mis nervios al 100% tanto que mi corazón corría a mil por segundo.

Subimos al avión y David lo primero que hizo fue dejarme en un asiento muy cómodo con una mesa de cristal a mi lado derecho y una enfrente nuestra.

—¿Quieres comer algo? —preguntó David sentándose a mi lado.

—No —logré decir.

—Si tienes hambre solo avísame —me habló fríamente.

David colocó una mano en mi rodilla para comenzar acariciarla, no aguantaba más, me sentía muy mal y mi respiración se tornó agitada.

—¿Estás bien? —preguntó.

—No.

Lo único que pude notar fue mis ojos cerrarse y todo negro.

(...)

Desperté con la cabeza algo adolorida como si me hubieran golpeado a algo parecido. Cuando pude abrir bien mis ojos noté la habitación que era enorme de color rojo con negro.

Noté que ya era un poco de noche, no sé cuánto tiempo dormí.

Miré a mi alrededor y la habitación era muy lujosa, nunca había estado aquí ya que lo hubiera recordado. Cuando David me secuestró estuvimos en un sótano horrible y jamás me trajo a una habitación como esta.

Ahora lo que más me preocupaba es que se enojara por la pérdida de mi bebé, no sé si David le agradará o detestara la noticia, aunque él ya lo sabe.

Pasaron unos cuantos segundos cuanto oí que la puerta de cristal de la habitación se abría dejándome ver a David entrar por esta con una bandeja llena de comida.

Algo que extrañaba del mundo de los humanos era la comida chatarra, ya que Allen me daba siempre pollo o ensaladas –tal vez me faltó acostumbrarme–, aunque lo que quisiera Allen lo conseguía, lo extraño demasiado.

—Estas despierta, me había preocupado —caminó David hacia mi.

—¿En dónde estoy? —pregunté con miedo.

—En mi mansión, como verás he trabajado demasiado después de tu partida para conseguirte algo mejor —dejó la bandeja a lado mío.

—¿Conseguirme? —cuestioné.

—Tenemos que hablar ¿Estás de acuerdo? —se sentó a lado mío.

—David —protesté.

—Ven, te ensañaré.

David tomó mi mano para levantarme de la cama y salir afuera de la habitación. Al tomar mi mano mi piel se erizó de los nervios y miedo que tenía. No quería que me hiciera algo malo como la vez pasada.

Él me guío por un pasillo donde el suelo era de madera y las paredes unas eran de cristal con cuadros de paisajes en ellas. Nos detuvimos en una habitación que estaba cerrada, había una puerta que era de cristal pero un cristal color oscuro que no podía ver lo que había detrás de ella.

David abrió la puerta dejándome ver una cuna, el cuarto estaba pintado con beige con dibujos como para un bebé, había juguetes y una pequeña televisión.

—¿Ahora entiendes? —cuestionó David caminado dentro de la habitación.

El cuarto era para mi futuro hijo, el que perdí. Aunque no entiendo porque David lo construyó, creía que quería matarme o a mi hijo después de dar a luz o quería quedarse con el niño, estaba muy confundida.

—Estas asustada ¿Cierto? —asentí—. Las veces que te veía en el hospital eran porque quería ser el padre del niño, maté a mi jefe para estar contigo y el niño ¿Y tú como me lo pagas? —se acercó a mí—. Yéndote con una mitología y encima perdiendo a nuestro hijo.



Violett

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En el texto hay: lobos, hombreslobo

Editado: 01.07.2018

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