La chica de labios rojos

La chica de labios rojos

La primera vez que la vi, fue cuando ella venia caminando en mi dirección. Habia llegado desde un buen rato al lugar con la compañía de mis amigos, y en medio de una plática, la observe.

   Su manera de caminar tan despreocupada me causo intriga, pero lo que me impacto de golpe fueron esos intensos labios rojos. Eran llenos, y daban deseos de ser besados por muchas horas. Aun así, eso no fue lo que más me llamo la atención sino la manera en que movía los labios, parecía estar…

…cantando.

Fue cuando me di cuenta que ella lo estaba haciendo; pero en silencio. Los audífonos que tenía daban la intriga de saber qué tipo de canción escuchaba, y tan pronto como es pensamiento vino a mi mente, me sacudí para seguir conversando con mis amigos.

Habia sido un día libre en mi trabajo, e iba aprovecharlo. Aun así, eso no evito que mis ojos la siguieran cuando paso por nuestro lado, y de pronto sin darme cuenta me vi preguntando:

— ¿Cómo te llamas?

El silencio se hizo en el grupo para después soltar una risotadas al darse cuenta que ella me habia ignorado a lo grande, y empecé a enojarme, hasta que me di cuenta del motivo.

Los malditos audífonos.

Aun así, me prometí volver a intentarlo algún día cuando la volviera a ver, a menos que tuviera tanta mala suerte para que no la volviera a ver. Y cuando mis amigos decidieron dar una vuelta por el parque, y subir una plataforma hecha para los sk8*.

Era de alguna manera nueva, y eso alegraba ya que no teníamos que ir a otros lugares para hacer algo con la patineta cuando lo podíamos hacer cerca de casa.

Todos estaban relajados conversando de todo y nada a la vez, cuando la volví a ver ese mismo día.

Ella estaba pasando por debajo de la pista de patinaje, y no pude evitar gritar para que me escuchara:

— ¡Oye!—la chica frunció el ceño para luego ver alrededor, y darse cuenta que era en las alturas de la pista de patinaje. Cuando sus ojos se aterrizaron en mí, pregunte con una seguridad fingida—. ¿Deseas que camine a tu lado?

Ella parecía desconcertada, pero viendo un momento a unos de los lados, después contesto mientras regresaba la vista a la mía:

—Si quieres.

Se encogió de hombros, y no entendí su respuesta. Estaba por volver a preguntar cuando la observe hablando con una chica, la cual parecía furiosa con ella. Y ella se notaba de alguna manera indiferente a lo que decía.

—Creo que te busca tu hermanita, Xander.

La voz de Mariano me hizo dejar de verla, asentir a lo que habia dicho.

Fue cuando me di cuenta que tenía mala suerte; pero si esto era alguna clase de señal, la volvería a ver. Al menos eso esperaba…



*** 
 


Los días fueron pasando lentamente, y mi trabajo me estaba consumiendo. 

Mi jefe habia dicho que lo ayudara en su rancho, y que necesitaba alguien de confianza para hacerlo. Y aunque deseaba negarme, lo hice. Era un trabajo tedioso y duro de alguna manera; pero la recompensa monetaria valía mucho la pena. 
Podía comprarle lo que quisiera a Elizabeth, mi hermana menor, y sin sufrir por ello.

Era afortunado de tener un buen trabajo, e incluso ganar mucho. No me hacía falta nada, al menos eso pensaba.

Por ocasiones mi mente me llevaba  a la chica de labios rojos, no la habia vuelto a ver desde esa vez. Inconscientemente o tal vez apropósito, eso no sabía, volvía a ir a ese parque. Era una cosa extraña; pero no deje de hacerlo.

Hasta que un día tuve suerte…

La observe, y fui directamente a ella para empezar hablarle.

No entendía de donde venía tanta valentía; pero yo no era un chico cobarde. Así que sin más, fue hacia ella.

—Hola, ¿me recuerdas?

Ella se quitó los auriculares y pensé que tenía que preguntarle de nuevo; pero sorprendió cuando ella respondió con una pequeña sonrisa mientras me miraba a los ojos:

—Sí, eres el chico del otro día.

Asentí alegre de que me recordara, y sin poder evitarlo, le pregunte de nuevo:

─ ¿Deseas que camine contigo?

Ella debía de saber que estaba preguntando algo más, y también debía de entender que si me rechazaba era porque no sentía ni una pizca de curiosidad hacia mí. Mi cuerpo espero tenso por su después, y no tardó mucho en llegar.

—Claro.

Solo una palabra, pero me hizo sonreír.

Sus ojos se iluminaron cuando ella me vio con esa sonrisa suya, y de pronto mis ojos volvieron a ver sus labios de color rojo. Era labial; pero era uno que se le veía muy bien a su piel morena. 

De pronto, ella empezó a caminar y yo lo hice junto a ella.

— ¿Vienes muy a menudo?

Asintió a mi pregunta para luego contestar:

—Sí, cuando no tengo tarea o cuando desea venir mi hermano.

Apunto hacia una dirección, y mis ojos se fueron a donde ella indicaba. La verdad no entendía quien era su hermano entre tantos chicos; pero asentí mientras regresaba la vista hacia ella.

—Entiendo.

— ¿Y tú, vienes a menudo?

Sin saber que decirle sin sonar loco, conteste:

—No tanto; pero últimamente sí.

No era un mentira; solo que ella no sabía del todo el motivo. Así que no habia problema.

—Oh, yo también. Aunque más por mi hermano, la verdad no tiene mucho que nos cambiamos por este lado de la ciudad, y no conocemos a nadie.

Sonreí mientras la vi jugar con los audífonos.

—Bueno, ya me conoces a mí, y si algún día quieres puedo presentarte algunas personas. Casi la mayoría conoce a mi familia, y a mí.

Se rio, y pregunto:

— ¿Son los populares en la colonia? 
Asentí.

—Así es.

Ella se echó a reír, y yo le seguí.

Era divertido hablar con ella, y conforme paso el tiempo la conocí un poco más. Era tranquila y divertida al mismo tiempo. Al menos eso me decía mi intuición. 

Después de un tiempo, ella pareció deseosa de sentarse y lo hicimos. Ella no dejaba de contar algo, y de reírse de mis comentarios.



Ana Valencia

Editado: 31.01.2019

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