La chica y el vínculo

Capítulo 36; Semilla de esperanza

Toda la tensión y el prolongado nudo en la garganta que poseía Edith, se vieron disipados casi instantáneamente cuando el rey y sus caballeros abandonaron los páramos del bosque. La oscuridad, el silencio y la sensación de soledad resurgieron, pero en menor grado... ya no se sentían acechados, ya no tenían miedo, y ese instante era crucial para llegar a Racktylern cuanto antes.

El par de aventureros continuó con su travesía luego de presenciar una de las oportunidades más grandes que la etérea trinidad les había dejado frente a sus narices: sin pensárselo dos veces, Octabious perdería gran parte de su arsenal para dejárselo estúpidamente al ejército del bosque, aumentando considerablemente las esperanzas de que estos triunfaran en la guerra.

Mithanur y Racktylern, dos civilizaciones ocultas bajo la protección del bosque e igual de marginadas durante décadas. Juntas, conformarían un extenso río de almas y fuerza del que el rey del norte debería temer. Eran una multitud, una ola que iba contra todas las leyes para romperlas, y que se acercaba más y más hacia la victoria.

Edith estaba eufórica, un acontecimiento de tal calibre no sucedía todos los días, ¿en verdad Octabious, rey de los sobornos y la falacia había caído tan rápido? No hubo tiempo para que la pregunta fuera respondida, algo más estaba llamándola desde las profundidades del bosque. Un grito poco audible que pronunciaba su nombre era escuchado en la oscura lejanía.

—¡Edith, Erriel! —poco a poco, los dos extraviados fueron acercándose hacia ella, oyendo atentamente para conocer la identidad de la voz del bosque. Y cuanto más ellos se acercaban, mejor podían descifrar de quién se trataba: Rostislav que, ya exhausto y a punto del desmayo gracias a la extensa caminata, los estaba buscando.

El zorro fue primero. Habilidoso, veloz y muy astuto, el animal corrió hasta toparse con un gran tronco caído en el cual se posicionó para observar mejor sus alrededores.

Allí estaba, parado frente a ellos, con varias lágrimas en sus ojos y una sensación extraña en lo más profundo de su corazón.

Los había encontrado, y estaban vivos.

—¿Rostislav? —corroboró la muchacha de que sus ojos no la estuvieran engañando, y al poder confirmar con certeza de que era él, se atrevió a contestar—, ¿qué hace usted tan solo en este bosque repleto de amenazas?

Aun jadeando, el anciano tomó varias bocanadas de aire para no morir asfixiado.

—Os... os habíamos perdido de vista —se permitió una pausa y luego prosiguió —, desde que os hubisteis largado y nos dejasteis solos, no pudimos dar con vosotros, ¿dónde os habíais metido?

Preocupada por el deplorable estado del sujeto, Edith se encargó de ayudarlo a que se sentara y pudiera recuperarse un poco mejor. Ya cómodos en el mismo tronco caído, ella comenzó a explicarle absolutamente todo.

Quien escuchaba no podía impedir sorprenderse. Habían encontrado aquella civilización oculta que tanto buscaban.

—Pero... —la interrumpió entonando una voz curiosa —, ¿dónde se encuentra Mithanur? Recorrimos este bosque de izquierda a derecha una y otra vez.

—Usted no lo creerá, Rostislav, pero ese pueblo está, y a la vez no está en este bosque —bromeó la moza—, yace bajo nuestros pies —concluyó.

—¿Qué? —interpeló el masculino repleto de dudas. No sabía si la colorada estaba mintiendo o lo decía con veracidad.

—Así es, un pueblo subterráneo se extiende bajo todo este bosque —miró al cielo recordando todo lo anteriormente visto —, y para colmo, todas las personas que lo habitan son como yo.

—Edith, única eres entre todas las personas de estas miserables tierras.

—No lo digo en tal sentido, señor Rostislav, más bien me refiero a que los residentes de Mithanur son pelirrojos, ¡absolutamente todos! —hizo hincapié en la última palabra de la oración.

De repente, un incómodo silencio se vio efectuado en todo Pocatrol. Se tornó más pesado el aire y una fría brisa arremetía contra sus cuerpos, generando varios escalofríos de vez en cuando. El hombre no contestó, se había quedado perplejo, como si eso que Edith había dicho lo marcara de alguna forma... extraña.

Cada cierto tiempo, este se tornaba hacia ella y la observaba con ojos bañados en melancolía, característica mirada que este dirigía siempre que la muchacha pasaba frente a él. ¿Incomodo? Cuanto menos, ya no sabía que más hacer para que el viejo dejara de mirarla.

Los segundos se hicieron minutos, los minutos se convirtieron en horas y esas horas fueron las necesarias para que Edith se atreviera a preguntar. Estaba nerviosa, no sabía cómo hacerlo y cuál sería la reacción de su acompañante, pero tenía la certeza de que, si este llegaba a actuar de mala manera, un zorro bien armado de zarpas y colmillos intervendría en el asunto.

—Disculpe, señor Rostislav, ¿qué es lo que sucede con usted? —terció en un susurro frío y algo inquietante.

—N...nada —trastabilló —, no creo que me atreva a decirlo —bajó la mirada algo triste.

Edith insistió, no quería quedarse con la duda... los individuos comenzaron a charlar mientras el juguetón zorro correteaba por detrás de ellos persiguiendo a un par de luciérnagas que se encontraban allí.

—Yo... yo tenía una hija —dio una pausa larga en la que se frotó las manos y los ojos—. Una bella muchachita.

—¿Quién era ella? —Edith se atrevió a preguntar.

—Lena era su nombre, diez años tenía ella.

—Es un precioso nombre —comentó la cobriza.

—Diez años cumplía el día en que la perdí —dio una pausa para esbozar un suspiro ahogado en lágrimas—, yo trabajaba en las minas de azufre, nadie quedaba en el lugar, todos los jornaleros habían terminado sus turnos y yo debía quedarme hasta el alba para conseguir un poco más de dinero... debía solver cuentas y alimentar a mi familia para no decaer en la hambruna.

Edith no dijo ni una palabra, no era su momento, no podía opacar la tristeza del hombre. Simplemente lo escuchó, se dejó llevar por la historia e intentó comprenderla mientras contemplaba las lágrimas que caían de los ojos de este.



Santiago Taberna

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En el texto hay: fantasia, misterios, aventura epica

Editado: 06.01.2021

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