La chica y el vínculo

Capítulo 38; Secreto de hermanas

Los amigos seguían abrazados hasta que la voz de Valak los interrumpió. El hombre estaba algo inquieto, como si quisiera decir algo, pero no se atreviera. Y, luego de que comenzara a llevarse mejor con la pelirroja y se abriera más, a tal punto de entablar una buena relación amistosa, el peliblanco no dudaba ni una sola vez en contarle sus inquietudes a la femenina.

—Edith, ¿podemos hablar? —dijo Valak.

—Por supuesto Valak, ¿qué es lo que sucede? —se apartó de Erriel y se puso de pie para escucharlo mejor.

—Hube oído que Katerina se ha enterado de nuestro plan —continuó su charla con un tono de voz bajo, un susurro.

Edith no entendía cómo, todo Racktylern se había mantenido en el anonimato y nada de allí salía sin previo aviso. La chica se puso algo pálida, más de lo que ya era, pues si Katerina se apresuraba y advertía de su presencia a Octabious, toda la guerra se adelantaría y ejecutaría en el pleno embarazo de Edith.

—¿C.... cómo dice? ¿quién fue el que lo esparció? —la colorada comenzó a transpirar de la angustia.

—Calma, Edith, podremos solucionarlo —el hombre tragó saliva y prosiguió —, al parecer, tres de los verdugos que perseguían al príncipe Milosh y al rey Adeus se notificaron de nuestro designio—dio una pausa—. Aquella gente hubo sido consignada por Katerina para ejecutar a la familia real, y cuando pudieron escapar, los verdugos persiguieron y acecharon durante días a nuestra gente.

—¿Ellos provocaron la huida del oso? ¿Ellos habrán sido quienes abrieron el hueco en la muralla? —Edith comenzaba a cuestionarse todo lo que anteriormente les había sucedido, cosas que la naturaleza por su propia cuenta no podía realizar.

—Probablemente, sí —asintió Valak llevando sus manos a la cabeza.

—¿Y han huido todos? —Edith preguntó algo más calmada, pero, aún con un nudo en la garganta, se le dificultaba hablar.

—Dos de ellos, pero Rostislav pudo atrapar a uno —se sinceró—, en estos cuatro días en los que usted estuvo ausente, lo tuvieron prisionero y le preguntaron todo para exprimir información... hubieron llegado a la tortura, y hoy a la mañana murió.

—No se diga más, no deseo seguirme angustiando, debo dejar de pensar, y comenzar a actuar de una vez por todas —bufó bastante molesta—, no hemos de permitir que esa arpía se salga con las suyas una vez más, ya mucho daño ha causado... prepare las tropas, Valak, hoy emprenderemos el viaje hacia Amún.

El peliblanco se separó de Edith y corrió a alertar a los soldados. Mas de doscientas personas se alistaron para capturar a la reina y darle un respiro a Deimos luego de tanto tiempo. Pelirrojos, gente de Racktylern, todos reunidos buscaban un mismo objetivo, y no desistirían hasta darlo por cumplido.

—¡Ciudadanos de Racktylern y Mithanur! —Edith dijo forzando su voz —, debemos ejecutar a una de las personas más fastidiosas y sanguinarias que haya pisado esta tierra. Ha pasado mucho tiempo desde que dijimos esto, pero hoy por fin se hará realidad.

Mientras Edith hablaba, Melisende y Valak se encargaban de hacerles entender a los soldados de Mithanur aquel comunicado. No tardaron mucho cuando todos los pelirrojos tomaron sus armas.

—Tendremos cuidado, desconocemos el terreno de Amún, pero vamos a....—Antes de que concluyera la oración, Edith se vio interrumpida por un fuerte dolor en su vientre, sentía como si su estómago se moviera e hinchara. La muchacha cayó al suelo, y aun yaciendo en este, el dolor permanecía por segundos. Alain corrió a ayudarla, la levantó y con su fuerza la llevó hasta su cabaña.

Si Edith seguía forzando su cuerpo, sería muy difícil que su retoño pudiera nacer, trayendo desgracias y múltiples lamentos al pueblo. Dorete se encargó de revisar el estado de la pelirroja, analizando su cuerpo detalladamente para diagnosticarla.

Con la ayuda de sus hierbajos medicinales, esta pudo aliviar levemente los dolores y punzadas que iban y venían por todo el vientre de Edith. Era en vano... si iba al viaje, perdería a su bebé y posiblemente la vida.

No por otra cosa, la curandera negó rotundamente la idea de que esta pudiera partir, generando en la parturienta una furia casi incontrolable. Debía recuperar energías, debía prepararse para el parto y caminar largos tramos no era beneficioso.

Edith estaba cien por ciento decidida a ir y acabar con la vida de Katerina, pero su hijo se encontraba en un puesto mucho mayor de importancia.

—¡Quiero ir! —gritó desesperada—, ¡soltadme, por favor, necesito viajar con ellos!

La choza de la curandera se había inundado en gritos y fortísimos llantos, pataleos y quejas. El lado frenético y caprichoso se había dejado ver de un segundo a otro, pero no funcionaría esa vez, no cuando el futuro de su familia pendía de un hilo.

—Hija, usted no puede salir de aquí en este estado —la vieja curandera se preocupaba de verdad por la chica.

—D....Dorete, se lo ruego—una contracción mucho más fuerte provocó que Edith gritara, para luego de tomar aire y relajarse proseguir con la charla—, necesito hacer esto.

La mujer lo negó por completo, la colorada no saldría de allí.

—Déjele el trabajo a quienes pueden, niña, ellos sabrán como concluir la misión. Me quedaré aquí para cuidarla y apoyarla, y juntas, esperaremos a que su pareja y las demás personas lleguen sanos y salvos.

Mientras Edith era analizada, observaba con tristeza a través de la puerta abierta como toda su gente se alistaba para ir. Se sintió abandonada, como si una parte muy importante en su plan se hubiera extraviado.

Las cosas en Racktylern comenzaban a movilizarse, ya todos partían formando una extensísima tropa. Algunos en caballos, otros a pie, turnaban sus puestos para no caer en el cansancio y la debilitación.

Cargaron comida, agua, armamento y fuerzas. Llevaron consigo arcos, espadas y alabardas, las cuales efectuarían muertes casi instantáneas en los enemigos.



Santiago Taberna

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En el texto hay: fantasia, misterios, aventura epica

Editado: 06.01.2021

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