La chica y el vínculo

Capítulo 44; Se acerca

Aquel primer ataque significó todo: salir del anonimato, dar la cara y enfrentar esos tormentos tan fastidiosos y estremecedores... y, por supuesto, luchar por su libertad.

Racktylern plantó la semilla que daría lugar a la guerra, ese primer germen que proliferaría hasta ser algo mucho más grande, potente y revolucionario.

Deimos se adentraba al comienzo de una democracia por donde fuera que se lo viera, los ciudadanos querían paz y prosperidad, no buscaban caer en el abismo de la ambición, la hambruna y la violencia... no querían ser ratas callejeras.

Querían librarse de las cadenas tan gruesas a las que estaban atados, después de tantos años viviendo entre la fuerza y la mentira, la gente comenzaba a cambiar de mentalidad y se daba cuenta de que estaba mal.

Edith y Erriel habían iniciado todo aquel movimiento, esa lucha la cual se remontaba años atrás en el mismo bosque donde se encontraban parados. Huyeron del Reino del Norte luego de atacar, guiando a las personas que querían unirse a ellos.

Y, como era de esperarse, el cadáver de Tobías también había sido trasladado. El sujeto merecía el cielo y mucho más, no ser enterrado en el sitio donde la sangre enemiga corría por las venas de aquellos que nunca lo pudieron valorar.

Tardaron horas en llegar hasta su hogar, con la suerte de que Octabious, de gran susto que se había llevado tras el ataque y sin saber que hacer contra la rebelión del bosque, denegó rotundamente que sus soldados fueran en busca de ellos.

Estando por fin en la seguridad de las murallas, a los nuevos residentes no les quedaba de otra más que adaptarse a las nuevas normas, y respirar el aire de un mundo completamente nuevo para ellos... uno libre de contaminación, uno que los resguardaba y aceptaba tal cual eran.

Pero, entre toda esa multitud recién llegada, estaba Nora que aún, con el nerviosismo que había pasado en la horca instantes antes de ser salvada, buscaba un territorio digno como para enterrar a su difunto esposo.

Salieron de Racktylern y se alejaron bastante, pero no lo suficiente como para extraviarse.

—¿Por qué me has salvado? —rompió el silencio, dirigiéndose hacia Edith que, utilizando su fuerza, llevaba una carreta de madera con el cuerpo de Tobías tapado por una tela.

—Porque busco aliados, personas que en verdad anhelen unirse a nuestra causa... y por su hijo, Milosh —contestó con una sonrisa —. Nora, siento que aún tiene el tiempo y la vida como para dedicarle y brindarle una figura materna, y no hacer lo mismo que hizo conmigo hace años.

La mujer recordó el cómo había engendrado a Milosh. Aquella noche en el bar, acostándose en la cama con la persona a la cual había traicionado y quien quería matarla en aquellos instantes.

—Mujeres mejores que yo hay miles, debieron dejarme morir en esa horca —exclamó—, d...déjame ayudarte, dame la carreta.

La pelirroja accedió y dejó que Nora cargara con aquel contenedor donde yacía el hombre. Pasó el tiempo como un rayo, sagaz, tiempo aprovechado para buscar un lugar mientras las dos mujeres se ponían al día con sus vidas.

Al principio fue incomodo, algo tenso, pero, con el tiempo cual rayo, el rencor se fue esfumando poco a poco hasta dispersarse por completo. Ya no existía, ya no sería impedimento para que las femeninas convivieran en paz: olvidaron el pasado, y se centraron en el presente, y futuro.

—Este es buen sitio —señaló el terreno cercano a un árbol de roble bastante grande—. Aquí descansará en paz, mi querido padre.

Edith comenzó a hacer un hueco con ayuda de Nora, tardaron un tiempo hasta que por fin estaba listo. Allí, depositaron el cuerpo de Tobías delicadamente y se despidieron de él instantes antes de enterrarlo.

Aquel árbol, aquel árbol sin duda estaba a la altura de una persona como la que fue el viejo hombre. Era grande, añejo, y hasta parecía sabio... tan hermoso, y tan familiar para Edith.

La chica comenzó a ver a los alrededores de aquel gigante frondoso, algo en él llamaba su atención. Y allí, fijándose en un sitio donde había algo marcado, lo recordó todo.

Mucho tiempo atrás, una pequeña niña abandonada había encontrado entre los arbustos a un pequeño zorro algo bravo. Dicha niña, tras varios intentos por hacerse con él y ser su amiga, se cansó y decidió buscar un lugar cómodo y que fuera fácil de encontrar.

Recorrió por interminables minutos aquel inmenso bosque hasta encontrar un árbol de roble bastante grande y con un sitio donde recostarse con su manta. Decidida, la jovenzuela durmió y se refugió en él durante meses, jugando entre las ramas e ideando estrategias para cautivar al zorrito.

—Este árbol... lo recuerdo de pequeña —la mujer miró hacia la copa del frondoso y esbozó una notoria sonrisa de alegría —. Mire donde se ha puesto a descansar, Tobías Salavert.

—¿Qué tiene de especial este árbol? —exclamó Nora confundida mientras se limpiaba la tierra de sus manos.

—Aquí hube vivido por mucho tiempo junto a Erriel luego de que usted me abandonara. Pasamos hermosos momentos juntos, cuidándonos las espaldas y forjando nuestra amistad —dejó que varias lagrimas cayeran—, y que alegría me da toparme con este antiguo ser luego de tanto tiempo.

La madre de Edith miró sorprendida hacia aquel roble, comprendiendo más la historia que este tenía y alegrándose de haber enterrado a Tobías justo allí.

Edith y Nora regresaron al pueblo y allí siguieron sus acciones. Nuevos planes de construcción comenzaban, más ampliaciones, más casas.

Y mientras Nora se quedaba mirando como Blazh y Milosh construían planos, Edith fue a visitar a Erriel.

El zorro estaba jugando con varios niños de la aldea, había sido sometido a que aquellas pequeñas bestias tomaran bayas de los arbustos y usaran sus tintes para pintar el rostro del zorro.

Edith, al ver esto, no pudo evitar largar una carcajada.



Santiago Taberna

#81 en Fantasía
#109 en Otros
#8 en Aventura

En el texto hay: fantasia, misterios, aventura epica

Editado: 06.01.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar