La chica y el vínculo

Capítulo 50; Fin

Un pequeño respiro de varios días había dejado que en Deimos la tranquilidad arribara. Aquellos tres exhaustivos meses de ardua obtención de armamento por fin terminaban, permitiendo que la rebelión se sintiera segura, con más ánimos de luchar, aun sin haber perdido las esperanzas de que, en algún momento, pudiera salir victoriosa.

Por fin, el momento de actuar había llegado, hora de cesar aquel constante dolor y librar a una región del caos y la cotidiana muerte.

Como Edith especulaba hace ya bastante, Octabious no sabía que tantísima gente sobrevivía al incendio... siniestro el cual, con el pasar del tiempo, llegaba a su fin gracias a una lluvia que cubría los cielos y aplacaba las llamas.

Habiendo cesado las galernas, la atmósfera comenzó a cambiar exponencialmente, alterando las condiciones en las que dichos bandos pelearían. Una inmensa masa de niebla se formó con el pasar de los días: densa, casi sólida, como si un muro de nubes hubiera caído estrepitosamente sobre las tierras de Deimos.

La vista total de todas las personas se vio afectada, exponiendo a cada uno que respirara los aires bélicos. No podían predecir ataques, ninguno de los dos bandos... y eso, favorecedoramente, servía a Edith y toda su élite.

—Hoy es el día —prolongó su voz para que resonara por todos los terrenos. Su voz se notaba nerviosa, algo impredecible y bastante titubeante—. Día en el que daremos fin de una vez por todas a este conflicto —tragó saliva Edith.

Caminaba de lado a lado, sudando y temblando, mientras observaba como las tropas eran formadas. Ya prontas, se encargó de comandarlas y luego ordenarlas una por una, perfeccionando la estrategia que llevaba en su mente hace tanto tiempo.

Edith indicó la postura de los hombres, mujeres y niños que no se atrevían a luchar, fuera por lo que fuera: todos allí aportaban algo sin importar edades, físicos o dificultades.

Cada uno era asignado con una tarea, y como fiel seguidor de Racktylern, debía cumplirla al pie de la letra.

Aquella pelirroja que había sido abandonada en los confines más espeluznantes del bosque, se estaba remontando frente a su gran lucha, frente a su destino. La fatalidad y el caos acechaban, eso era más que obvio, pero no eran motivos para debilitar a la gran élite que habían reconstruido.

Juntos, se complementaron por un bien mayor.

Estaban listos para dar lo mejor de sí, el gran paso que determinaría la suerte de Deimos. La guerra ya estaba ahí, en el aire, en su sangre, e iban a destruir a la escoria que les arrebataba lo más preciado cada que tenía oportunidad... familias, amigos, hogares y alimento.

Un lugar donde prosperar, donde convivir y crecer, todo había sido arrasado por culpa de la avaricia. Y en ese momento, todo acabaría.

Las armas se alzaban en el aire dando la señal de estar listas, los perros de caza olfateaban los alrededores en busca de posibles amenazas...

Erriel también se encontraba allí, rebuscando entre las húmedas tierras con afán de proteger y salvar a su nación. Tal era la astucia del zorro, que todo el campamento había decidido llevarlo a la lucha para que también ayudara.

Edith se posicionó junto a sus compañeros, mostrando orgullo de lo que era: una guerrera, una sobreviviente, una maldita pelirroja hecha y derecha lista para luchar.

Recordó a Daniel, Marcus, Margery, Ginebra, Katerina y todas las personas que le hicieron mal en el pasado. Todas estas que, si bien fueron fastidiosas, le enseñaron una lección más que imprescindible a la muchacha... el mundo no era un cuento de hadas, y la gente era malvada.

En aquellos instantes Edith no podía pensar en lo bueno, no cuando una ola mil veces mayor arremetía en su contra, cargada de tormentos, de pasiones mortales y pesadillas infernales.

Parecía varada en un río, uno que atravesaba dos inmensos mundos totalmente opuestos. Uno de ellos era calmo, sumamente hermoso y sin peligro alguno que la sometiera a sufrir... y el otro, era un pantano cubierto del más viscoso y atrapante miedo, uno que se metía por los pulmones y no se desprendía nunca más.

Y, como si fuera poco, Edith solo lograba ver la parte mala de todo aquel espectáculo. Su cielo se tintó de gris, el río del más oscuro petróleo y su piel como el carbón: debía ser malvada para ganar aquella guerra, y no descansaría hasta lograrlo.

Edith observaba hacia las lejanías con una mirada llorosa, pero fuerte, como si su alma se dividiera en dos sectores totalmente distintos: el primero, era el de una guerrera voraz y asesina y, el segundo, el de una triste y melancólica mujer que solo deseaba llorar en soledad.

Optó por el lado atroz.

—¡Hoy es el día, gente de Racktylern! Hoy todo cesará, ganemos o perdamos, tendremos en nuestra conciencia que luchamos por la liberación de una tierra repleta de desigualdad —sus palabras conmovían a cada que la escuchaba —. Recordad por qué cosas lucháis, e impulsaros con ellas...—dio una pausa.

Cerró sus ojos y se dejó llevar. La respiración de Edith se tornó más tercia, como despreocupada. 

Se dio la vuelta hacia el horizonte, contemplando los cielos de un mundo apocalíptico, y sin pensarlo dos veces, siguió su discurso:

—Por personas, sentimientos o valores... pero, sobre todo, luchad por lo que sois y por lo que deseáis ser —sonrió —. Que nada ni nadie os detenga, y conste que cada uno hubo arribado en este mundo con una misión. Seáis altos, bajos, dementes o cuerdos... seáis pelirrojos, sicarios o ladrones —aumentó su voz—, ¡somos un concilio de verdaderos guerreros, y cada uno es un nexo con el mundo que hoy os encontráis los unos con los otros para ser conectados! —tomó aire.

Y mientras se permitía una pausa, Edith vio como varias personas tomaban las manos de sus compañeros en señal de unificación.

—Pensemos en nuestro futuro —se incorporó Milosh al discurso —, en nuestros seres allegados... en las vidas que deseamos formar con ellos y para eso, solo para eso, debemos dar nuestro máximo potencial en esta guerra —Al terminar de decir esto, dirigió sutilmente su mirada hacia la del pelirrojo, agachando la cabeza.



Santiago Taberna

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En el texto hay: fantasia, misterios, aventura epica

Editado: 06.01.2021

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