La cicatriz del sol - En proceso

Capítulo 39 – Nuevamente

Era un día triste y se podía reflejar aquella emoción en mis ojos, aunque la muchedumbre no pudiera verlos para saber lo tristes y apagados que lucían. Nuevamente había colocado sobre mi rostro aquella tela negra cubriendo mi cicatriz, mis ojos y alejando mi piel de la luz.

Nuevamente volví a reprimirme triste y agotada con mi corazón llorando en silencio.

Todo fue un duro golpe.

La mano de Caleb sostenía mi cintura temeroso a que en cualquier momento mis temblorosas piernas flagearan sobre los escalones dejándome caer en un sueño perturbado, sus ojos culpables me miraban y esperaba que los míos fijamente se crucen con sus culposos ojos para sumirnos en un silencioso momento, pero simplemente no podía.

No quería ver los ojos fijos de nadie solo reprimirme y callar en la soledad de mis aposentos.

Nuestros pasos resuenan con lentitud por los largos pasillos del castillo, sosteniendo entre mis manos todavía una rosa blanca que fue dejada por el rey Fermio quien mostro sus condolencias mirándome con profundidad como si supiera algo y callara en silencio.

El rey Fermio fue alguien distinto cuando aquel inmenso lugar donde su trono dorado brillaba se llenó de un suave murmullo, Guadalupe solo sollozo entristecida siendo ayudada por su esposo y consolada por la reina Marianela quien comprensiva apretó mis manos investigando con sus ojos lo que escondía debajo de aquella tela negra.

-Recuérdala con una sonrisa – había murmurado la reina sonriéndome con tristeza antes de que mis débiles piernas reverenciaran y fuera guiada por Caleb hacia mis aposentos

Solo había un silencio entre nosotros y yo prefería aquello.

El fauno fue mi consuelo durante la noche larga y triste, sus manos acariciaban mis cabellos refugiándome de la fría brisa. Ahogaba mis gritos entre su pelaje aclamando que todo fuera un sueño.

Solo un simple y doloroso sueño.

-Princesa Sol – nuestros pasos frenaron, alce mi rostro para mirar aquella puerta que yacía tan cerca de mí – llegamos – murmuro Caleb antes de abrir las puertas con un ligero temblor en sus manos

-Gracias – murmure con la voz desganada y rota

Me guio hacia los adentros del lugar, su mano suave rozo mi espalda dejando un ligero temblor ante su paso. Un suspiro desganado broto de mis labios mientras tomaba asiento en aquella inmensa cama mirando a través de la tela negra el paisaje triste y opaco que yacía en el exterior, aunque fuera una mañana con un sol incandescente para mí era un día triste y grisáceo.

-Princesa Sol – Caleb yacía de cuclillas frente a mí sosteniendo mis manos con delicadeza y mirándome con melancolía - ¿Por qué volvió a ocultar su rostro? – cuestiono

Me sumí en el silencio.

-Debería dejarme ver sus ojos, no los oculte – murmuro

-No puedo

-Sé que esta triste, pero no puedo caer nuevamente en aquella pena debe seguir adelante – pronuncio con firmeza

-¿Cómo puedo seguir? – cuestione débilmente dejando que lágrimas surquen mis pálidas mejillas – ella se fue y mi corazón esta tan triste que siento ganas de solo dormir por largos días

-No hable de morir – dijo él desesperado

-No quiero morir, pero tampoco quiero seguir sintiendo este dolor

-Estaré junto a usted, princesa Sol – después de tantos minutos sin ver sus ojos al final capte la tristeza que se reflejaban en ellos mientras dejaba que mis lágrimas hagan un desfile triste por mis mejillas

El corazón palpitaba con lentitud como si estuviera ahogándose en un llanto silencioso reclamando a mi mente que despertara de aquel extraño sueño.

Entonces recordé las palabras de Caleb antes de tener entre mis manos aquella carta.

-¿Por qué me cuestiono si creía que los monstruos existían? – Caleb aparto sus ojos avergonzado, rápidamente se colocó de pie alejando su toque

-Olvide aquello por favor – pronuncio en voz baja

-¿Por qué? – cuestione sin colocarme de pie

-Por favor, pequeña Sol – aclamo con lentitud

-¿Qué me oculta en realidad? – entrelace mis manos dejando de observar su cuerpo, el aire se tornó tenso mientras la brisa del exterior se colaba en mis aposentos removiendo con lentitud mis ropajes

Mi piel se estremeció.

Mi corazón sollozo en silencio.

Y mi mente parecía querer dejar aquellos pensamientos para sumirse en los sueños.

-Algún día sabrá sobre aquello – su voz resonó en el lugar llamando mi atención

-¿Algo malo, alteza? – Caleb asintió levemente

-Temo, es lo que dije. Cuando sea el momento indicado

-¿Cuándo será? – me coloque de pie acercándome a su presencia

-Pronto – sus ojos y los míos fijamente yacían, mi cuerpo tembló sintiendo una brisa pacifica envolverme entonces sentí sus manos tomar las mías nuevamente dejando leves caricias en mis nudillos – déjame quitarte aquella tela – suplico

-Príncipe… - mis labios temblaron incapaces de seguir pronunciando palabra alguna

En ese breve silencio Caleb retiro aquella tela negra dejándola caer sobre las mantas de la inmensa cama, elevo mi rostro con sus manos acunándola y mirando fijamente mis ojos. Los suyos yacían reflejando aquella culpa, pero siendo envuelto en la tristeza.

Estar junto a él seguía deslumbrando aquella calma como cuando el fauno me miraba con sus brillosos ojos y luego sonreía inocentemente.

Ambos tan distintos en apariencia, pero deslumbrando calma cuando su presencia yacía cerca de mí.

-Prometo contarle todo pronto – pronuncio – solo dame algo de tiempo ¿Podría, princesa Sol?

Levemente asentí.

-Gracias – murmuro antes de envolverme entre sus brazos dejando que su calidez acaricie mi piel – deje que cure su corazón – su aliento estremeció mis vellos – estaré junto a usted, prometo cuidarla con mi alma

No respondí, solo cerré mis ojos disfrutando de sus suaves caricias en mi espalda y dejando que mis lágrimas caigan como una llovizna lenta, pero tormentoso.



Eva Correa (Lucia Moonlight)

Editado: 19.01.2021

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