La cicatriz del sol - En proceso

Capítulo 44 – Camino hacia el gran salón

Ahora todo podría cambiar cuando baje por aquellos escalones y me adentre al bullicioso lugar.

Macarena sonreía, Naidaly me miraba con ilusión y mi reflejo en aquel inmenso espejo me hacía sentir cohibida. El vestido blanquecino se amoldaba a mi cuerpo con tanta precisión dejando a la vista aquellas pequeñas decoraciones que se plasmaban sobre las telas blanquecinas.

Mis cabellos negros caían delicadamente, sujetados los rebeldes por aquella pequeña y dorada corona que simbolizaba mi futura posición.

Un suspiro agotado broto de mis labios rojizos sintiéndome extraña ante mi reflejo.

¿Aquella muchacha de cabellos negros y miraba asustada era realmente yo?

Como un nuevo día desee tener a mi lado al fauno para escuchar su voz y relajarme de todo aquello que se tornaba nervioso para mí. La mañana se hizo tan corta que permanecí siendo observada con tanta ilusión como si fuera un diamante que estaba a punto de brillar bajo miradas desconocidas y murmullos agobiantes.

Débilmente alce mi mano acariciando mi mejilla, mis dedos rozaron aquella cicatriz que se marcaba en mi rostro temiendo las próximas miradas.

-No temas – pronuncie Naidaly – no dejes que te intimiden aquellas miradas

-Lo sé, es parte de mí

-Entonces ¿Por qué tus ojos reflejan temor? – cuestiono la princesa

Su reflejo también hizo presencia, bella y delicada era como se veía ante mis ojos, con sus cabellos dorados brillando bajo la tarde, aquel vestido azulino cubriendo su piel pálida, las mejillas sonrojadas, los labios rosados y sus inocentes ojos ansiosos.

Una corona dorada se posaba sobre sus cabellos.

-Aún es difícil acostumbrarse a las miradas – murmure apartando mis ojos de aquellos reflejos

-Dímelo a mí, princesa Sol. Estaré frente a invitados desconocidos

Nuevamente suspire odiando aquella idea, al despertar aquella mañana varias doncellas entre ellas Macarena se adentraron a mis aposentos con premurosos y delicados pasos, informaron que debían encargarse de mí, de vestirme, bañarme e comunicarme como sería la ceremonia. Temblorosa asentí.

Los nervios llegaron cuando entre murmullos confesaron que invitados lejanos llegarían desde el reino felino quienes ansiaban conocerme.

Tal vez podría ver a mi hermana o simplemente huiría avergonzada cuando cuestionen sobre mi cicatriz.

-¿Crees que el rey felino sea grosero?

-No sabría contestar aquello, princesa Sol

-Siendo sincera me siento demasiado nerviosa – gire sobre mis talones alejándome de su presencia y acercándome al gran ventanal donde la vista exterior era bella ante mis ojos

Vi carruajes dorados adentrarse al lugar, guardias movilizarse con premura y vigilando cada rostro que se adentraba. Personas vestidas elegantemente charlando con alegría, el aire festivo se podía ver en aquellas decoraciones que rodeaban el castillo y como la tarde daba indicación que pronto observaría los ojos rojizos de Caleb.

Pronto sería esposa de Caleb.

Mi corazón palpito rápidamente agobiado por los segundos que se iban con el viento.

-Tranquilízate, princesa Sol – murmuro Naidaly

-Gracias por hacerme compañía, alteza – respondí apartando mis ojos del paisaje exterior

-No es nada, gracias por tus palabras – agacho la cabeza sonrojada y tímida – ayer fui muy silenciosa, agradezco tu apoyo princesa Sol

-Usted fue amable desde que llegue a estas tierras

-Porque mi hermano halagaba y suspiraba por ti

Una sonrisa se formó en mis labios cuando sus palabras fueron pronunciando alarmando mi tímido corazón.

Unos toques llamaron nuestra atención, Dionea fue quien abrió aquella puerta dejando a la vista el rostro de Dánae quien sonreía falsamente.

-Es hora, alteza – sus ojos fríos se posaron en el cuerpo intimidado de Naidaly

-Gracias por avisar – pronuncio Dionea fríamente

Con pasos lentos se acercó hacia su princesa quien me sonrió fugazmente reflejando en sus ojos tristeza antes de verla desaparecer por aquella puerta.

-Debemos ir hacia el gran salón – pronuncio con firmeza Dánae

Asentí en silencio sumiéndome en mis pensamientos y mirando los cielos con tanto anhelo antes de partir hacia el gran salón.

Suspire tantas veces mientras me dejaba guiar por la fría mujer sintiendo el silencio de los pasillos ser llenado por los tacones que resonaban ante mis pasos. Ella parecía disfrutar de mis nervios pues sus ojos burlones recorrían mi cuerpo soltando una risa corta, pero audible.

¿Por qué ella mostraba actitud ante mí?

Tal vez odiaba mi presencia o algo más se escondía bajo sus fríos ojos.

Cada paso era lento y delicado mientras aquel vestido blanquecino se arrastraba ante mis pasos, temblorosa entrelace mis manos mirando cada pulcro escalón.  

Sentí varias miradas sobre mí provocando que los temblores aumentaran y deseara permanecer más tiempo bajo el silencio de mis aposentos, pero no podría volver. Debía continuar con aquel camino escuchando como el bullicio se tornaba cercano y estremecedor.

-Tranquila – murmuro mi doncella sujetando mi brazo con delicadeza

Asentí ante sus palabras con los nervios convirtiéndose en mi peor enemigo.

El camino hacia aquel gran salón se tornó desesperante y recordé ante esos segundos la primera vez que caminé por aquel pasadizo sujetando fuertemente la mano de Caleb, mirándolo de reojo y sintiéndome ansiosa por el silencio.

Había pasado un tiempo, estaba siendo libre, pero aún conservaba mi tristeza.

Y hoy bajo miradas desconocidas sería desposaba por Caleb, aquel hombre que se sumergió en mi ser cautivando mis sentimientos y provocando con sus delicados besos un remolino en mi corazón. Confirme lo que sentía con el pasar de los días, Caleb había obtenido enamorarme con sus ojos rojizos, besos tan sanos y toques delicados.



Eva Correa (Lucia Moonlight)

Editado: 19.01.2021

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