La cicatriz del sol - En proceso

Capítulo 46 – Rojo como la sangre

Aquello fue el inicio de un silencio sepulcral.

Caleb avanzaba amenazante bajo miradas temerosas y corazones uniéndose al compás de un desenfrenado camino. Sus puños yacen mostrando furia, los nudillos blanquecinos y pálidos, sus ojos rojizos fijos en aquel hombre.

Mis labios temblaron deseosos de llamarlo para calmar su furia, pero luego surge aquella pregunta: ¿Por qué había pronunciado aquello?

¿Quién es aquella mujer que menciono sin ser capaz de pronunciar su nombre?

-Caleb… - de mis labios un audible susurro broto, pero solo desapareció entre las grandes zancadas del furioso hombre

Inevitablemente gire mi rostro para observar como el tumulto retrocedía en silencio, entre ellos la inocente Naidaly se escondía detrás de su doncella quien tragando saliva rápidamente temblaba. Sus cristalizados ojos me observaron aclamando con su mirada esconderse bajo mis brazos.

Entonces recordé que yacía en medio de aquel salón, sola y asustada, pero conservando mi postura, aunque mi piel se erizara ante el silencio y deseara caer de rodillas con las piernas temblorosas. Nuevamente aparte mis ojos de Naidaly para buscar entre el tumulto a mi hermana, pero su cabellera yacía alejada escondida entre personas asustadas y corazones acelerados.

¿Qué haría ahora?

Me cuestione ante aquel momento.

¿Por qué nadie decía nada?

¿Qué se escondía bajo sus miradas temerosas?

Estaba segura en aquellos segundos perdida en mi mente que mi nombre podría surcar sus labios con algún significado indescriptible para mí, que no era aquello que decían: Sol, aquel bello astro que ilumina los cielos sobre las blanquecinas nubes y la brisa silenciosa.

No, yo no era un astro entre los cielos claros, traspasando con gloria y plenitud las esponjosas nubes, mirando desde mi trono pequeños ojos quedarse atrapados en mí, escuchando tan cerca las aves cantar y pronunciar por el calor que emanaba de mí.

Mi nombre parecía tener otro significado.

Algo se ocultaba detrás de letras cortas y melancólicas.

-¡Caleb! – entonces una voz resonó, la reina Marianela desesperada era sostenida por el rey Fermio quien mirándola fijamente murmuro algo en su oído. Pronto los ojos de ambos me observaban fugazmente, ella agacho la cabeza apretando entre sus manos los pliegues de su vestido verdoso - ¡Bréeme no es hora de pelear!

-Yo no busco pelea – aquel hombre del cual ahora sabia su nombre respondió calmado y firme – es nuestro pequeño Caleb obstinado y furioso, contrólate

-No lo enojes más – espeto enojada y sollozante la reina Marianela casi deseando escapar del fuerte agarre que ejercía el rey Fermio en sus brazos

-Marianela calma, veamos que desea hacer nuestro pequeño Caleb – fijo sus ojos fríos nuevamente en el enfurecido Caleb quien yacía frenando sus pasos y manteniendo sus puños cerrados

Me sentí preocupada por la palidez de su piel, pero aún peor era su silencio y aquella forma de respirar tan acelerada.

¿Ocurriría aquello de la última vez cuando sus ojos rojizos se prendieron como feroces llamas?

-Caleb

-¡Calla! – ferozmente grito sobresaltando a muchos en el salón y acelerando mi corazón – vete – fríamente escupió

-¿Por qué? Es tu boda ¿Acaso no soy bienvenido?

-No, largo

-Caleb, se educado – con la ironía y frialdad en su voz aquel rey llamado Bréeme pronuncio

Aunque fue curioso ante mis ojos la presencia del rey felino, su fría mirada, su voz tan ronca. La forma que se mantenía de pie mostrándose glorioso y poderoso, las telas finas y sedosas que cubrían su cuerpo, los demás a su alrededor parecían intimidades, pero no solo por su presencia, eran los ojos furiosos de Caleb que alteraban a los demás.

No quería volver a verlo reaccionar así y enfurecer dejándome en la confusión.

-Caleb… - nuevamente murmuré deseando que sus ojos me miraran, pero solo encontré el vacío de su respuesta

-Debes irte – Caleb sonó tan extraño ante su pronunciamiento, como si algún desconocido ocupara su voz, fría y ronca

Desconocida ante mis oídos aquellos que reconocían la belleza y calma de sus palabras.

-Nuevamente cuestiono príncipe Caleb ¿Por qué debería irme?

-No eres bienvenido – espeto Caleb con la voz desconocida

-¿Temes que sepa sobre ti? – pregunto fríamente - ¿Sabe lo que eres?

-Bréeme será mejor callar, hay invitados – la voz del rey Fermio resonó, pero en esos instantes no desee ver su rostro. Solo me concentre en el cuerpo enfurecido de Caleb, deseando acariciar con mis manos las suyas y calmar su ira

Mi mente se sumió en llamados desesperados y silenciosos, las piernas flageaban, mi corazón acelerado se zambullía en constantes palpitaciones y llegando entre ellas yacía un dolor punzante.

No niego el miedo que seguía en mi cuerpo.

No niego el dolor que crecía ante su postura.

No niego querer abrazarlo.

Pero niego el hecho de querer huir.

No podría huir dejándolo solo y enfurecido, Caleb había cuidado de mí besando mis labios delicadamente, acariciando mis mejillas, mirándome con plenitud, siendo la fiel compañía entre las noches frías y confiando aquella palabra bendecida a mi vida.

Un Te amo había brotado de sus labios y los míos desean poder algún día pronunciarlo entre los susurros del viento.

-Ella no merece tu silencio – espeto fríamente Bréeme

-Cállate, felino – Bréeme carcajeo estremeciendo mi cuerpo ante la falsedad de su voz

-Tu dulzura es obvia – comento relamiendo sus labios

-Bréeme por favor, es mejor callar – pronuncio el rey Fermio dejando que sus pasos resuenen cerca de mí – es mejor callar, Caleb recuerda que la princesa Sol yace aquí

-Ella merece saberlo, pobre muchacha – comento con frialdad – acabara igual que ella

-¡Cada quien toma sus propios caminos! – espeto Fermio enojado, sentí su mano rozar mi brazo mirándome fugazmente ante mi silencio – vete princesa Sol, es mejor



Eva Correa (Lucia Moonlight)

Editado: 15.01.2021

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