La cicatriz del sol - En proceso

Capítulo 50 – Jason

Tras llegar la mañana Naidaly comentaba con alegría como fue su encuentro con Gustavo, ella sonría inocentemente mientras alzaba su rostro hacia los cielos viendo a la bella ave sobrevolarlos con agilidad.

Sus palabras describían lo desesperada que se encontraba luego de huir de aquel ajetreado salón, ella sollozaba en la soledad de sus aposentos esperando que su doncella llegara entonces algo llamo su atención fueron esos ojos gigantes que la miraban desde el ventanal.

Anonadada se había acercado hasta dejarlo entrar en el iluminado lugar, Gustavo voló provocando que carcajadas brotaran de sus labios rosadas hasta que sorpresivamente callo a los suelos convertido en un hombre.

Naidaly conto que solo sonrió estupefacta de lo sucedido.

Ella aun regocijaba de su nueva amistad.

Alzo su mano despidiendo a la bella ave que volvía a su hogar mirándonos por última vez.

Desee tanto en esos momentos poder decirle que mandara algún saludo al fauno, pero su nerviosismo evito mis palabras como si no quisiera comentar o explicar el silencio del fauno.

¿Estaría bien?

-¿Cómo es el fauno, princesa Sol? – cuestiono Naidaly sonriente

Mire la taza llena de leche fresca mientras buscaba en mi mente las palabras correctas para describirlo.

-Inocente como usted – ella se sonrojo – bueno, amable y calmado. Es como si fuera un ser pacífico y lleno de alegría, pero detrás de sus brillantes ojos se oculta la tristeza

-¿Tristeza? ¿Por qué, princesa Sol?

-Pocas veces suele transformarse en su forma humana y otras permanece como un fauno, según me comento no posee recuerdos de su vida pasada

-Eso es triste – murmuro la princesa – pero ¿Por qué crees que yacen convertidos en animales? Gustavo pronuncio que durante las noches pueden adquirir su forma humana, pero en el día permanecen como animales. ¿Es algo malo, princesa Sol?

-Dicen que fue una maldición – ella abrió sus labios sorprendidas – no entiendo el motivo para condenarlos, son tan puros e inocentes, alegres, seres únicos, alteza

La brisa fresca de la nueva mañana rozo mi piel desnuda estremeciendo mi cuerpo debajo de aquel vestido rosado, mis cabellos se movieron al compás alegres mientras escuchaba el bullicio del pueblo volver a la normalidad, aunque Caleb todavía no regresara.

-Volverá – comento Naidaly posando su mano sobre la mía

-Gracias por hacerme compañía, me sentía algo nerviosa en mis aposentos – ella rio

-Es normal, Guadalupe la hizo sonrojar ¿No? – asentí tímidamente – sé que mi padre encontrara a Caleb

-Siento que los días se tornan años, alteza

-Opino lo mismo – murmuro

Naidaly desvió sus ojos de mi rostro para mirar las flores que decoraban el enorme jardín.

Habíamos permanecido largos minutos mirando en silencio las flores escuchando al rey Bréeme quejarse de Caleb y de lo agobiante que era permanecer siendo curado. Seguía en este reino y no entendía sus motivos, pero la molestia en su mirada era más que evidente.

Quise acercarme para saber si su general había llegado con él, pero sus fríos ojos callaron mis palabras.

Solo me miro como si fuera algún adorno, sus ojos recorrieron mi cicatriz burlándose fríamente antes de alejarse y maldecir el aroma a lobos que enojaba su día.

Suspire antes de escuchar una voz ronca resonar a mis espaldas.

-Princesa Sol ¿No? – me coloque de pie para mirar tímidamente al muchacho que yacía firmemente parado

Naidaly fue guiada por su doncella colocándose a mi lado y mirándome de reojo con nerviosismo. Agache la cabeza ante los ojos fijos del hombre.

-Es un gusto conocerla, princesa Sol – comento – usted debe ser la princesa Naidaly ¿No es así? – ella sonrojada asintió

-¿Y usted? – cuestiono la princesa

-Soy Jason, hijo del rey Bréeme – mis ojos se abrieron de par en par para observarlo, era distinto a su padre con un aire de grandeza sobre sus hombros

No poseía ojos fríos ni intimidantes, los suyos eran plenos y alegres, sus rosados labios formaban una sonrisa ladina mientras seguía observando a la princesa Naidaly como si la inocencia de la muchacha hubiera captado su atención.

-Entonces ¿Por qué yacen solas? – cuestiono

-Solo acompañaba a la princesa Sol para que se despeje, después de lo sucedido anoche – él asintió ante las palabras de la princesa

-Tu hermana comento mucho sobre ti, pidió ante mi padre venir a estas tierras, pero tuvo que permanecer en su hogar

-¿Ella está bien?

-Sí, solo debe cuidarse. Buenas nuevas, tu hermana esta embarcada – sonreí con los ojos cristalizados y alegres – el general cuida mucho de su amada esposa, es por eso que no pudo venir. Concedí permiso para que permaneciera cuidándola

-Gracias – murmure

-¿Hay noticias sobre su esposo, princesa Sol? – los ojos alegres del muchacho se posaron en mi cicatriz evaluando mientras cuestionaba

-Aún no – tímida respondí agachando la cabeza y buscando que sus ojos se apartaran de mi rostro

-Pues espero que pronto aparezca, de igual forma venía a pedir perdón por el comportamiento de mi padre. Suele ser muy irónico

-¿De verdad, príncipe Jason? – el nombrado asintió – entonces ¿Usted también es irónico?

-No, princesa Naidaly – ambos sonrieron – soy distinto a él. ¿Acaso no es visible la diferencia?

-Creo que no, alteza – comento la muchacha

Tras unos cortos segundos en silencio y las miradas tan profundas del príncipe hacia Naidaly decidió sonreírle por última vez reverenciando.

-Debo retirarme, mi padre necesita ser vigilado

-Gracias por el mensaje de mi hermana, espero que su pronto hijo nazca lleno de bendiciones

-Lo hará – comento – hasta luego princesa Sol, cuídese princesa Naidaly

Girándonos sobre sus talones se alejó dejando a la inocente princesa sonrojada.



Eva Correa (Lucia Moonlight)

Editado: 23.01.2021

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