La Ciudad Del Purgatorio

Confesiones

Tras haber escapado de la muerte en las cercanías al bosque tuvimos que regresar a mi casa junto a Amber para cuidar de ella hasta que los soldados dejen de buscarla, sin embargo, el tenerla cerca nos serviría para saber más de ella y el porqué el soldado la quería matar en realidad. A penas llegar a casa, Amber se aisló como es de costumbre, Evelyn traba la puerta para evitar allanamiento por parte de algún soldado o de algún infectado con ganas de matar.

-Bien, ¿Ahora puedes decirnos con exactitud que fué lo que pasó en el bosque con ese soldado?- Pregunté algo alterado, debido a que casi pierdo la vida y ahora dudo de los soldados y sus intenciones, más aún al ver que ellos se ocultan cosas entre si.

Amber simplemente se quedó callada mirando a un muro, aún después de todo, sigue siendo aislante hacia otros. Dejé que Evelyn se quedase con ella, yo por mi parte fuí a mi cuarto de entrenamiento para calmarme un poco. Evelyn trataba de entablar una conversación con ella, pero todo era en vano, era más que obvio que no iba a hablar en absoluto. Después de un par de horas, Evelyn se quedó dormida en mi habitación, así que aproveché para hablar con Amber a solas, talvez con la esperanza de que me conteste algo.

-Bien, Evelyn ya está dormida... Ni si quiera esperó a la cena.- Mencionaba mientras me acercaba a el sillón en el que Amber estaba sentada.

-Desde que te conozco solo has dicho una oración ¿Sabes?- me senté a su lado tratando de acercarme para entablar algo de confianza en ambos. Amber solamente se limita a a escuchar todo lo que le decía, pero en una de ellas sentí que me acerqué a ella.

-Este mundo en el que vivimos es una porquería, tenemos que cuidarnos de todo lo que nos rodea... Soldados, infectados... Al final... Estamos solos. Y todos aquellos que consideramos familia... Ya no están para nada.- Note que esta al oír eso empuñó sus manos, como si mis palabras le hicieron recordar algo de su pasado, algo que la consume.

-Perdiste a un ser amado... ¿Verdad?- pregunté por mera curiosidad, a lo cual logré lo que no esperaba, una respuesta.

-No digas nada. No creas que te voy a hablar simplemente porque adivinaste algo de mi- La chica estaba enfrascada en no dialogar al respecto.

-Lo estás haciendo ahora ¿No?- Amber se queda algo pensativa por unos segundos después de escuchar eso, para luego sonreír un poco por lo cómico de mi comentario.

-Cuando inició todo esto... Yo solo tenía el 40% de influencia del virus... Mi hermana menor tenía 90% pero parecía que no fuese así... Su habla se veía afectado, era como un animal, solo gruñía, y casi nunca trató de matarme... Hasta que... Unos soldados nos rodearon con la intención de matarnos... Mi hermanita los atacó, estoy segura que lo hizo para defenderme, no por querer matarlos... A lo que ellos abren fuego... El ver a mi hermana caer muerta frente a mí... Desató sentimientos de ira... Dolor... Frustración... Una avalancha de hielo salió de mi, arrasando con todos los soldados a mi alrededor y llevando mi porcentaje hasta 60%. Desde entonces me prometí no confiar en nadie... Tanto soldados como contaminados solo miran por si mismos... Y no ven más allá de su egoísmo y ambición. Solo quieren matarte sin razón.- Todo esto me dejó helado y muy intrigado, su historia era debastadora por dónde sea que se mirase, y también explica el porque de su aislamiento.

-Wow... Has sufrido mucho con todo esto...- Sinceramente no sabía que decir, su historia y expresión demuestran nostalgia y soledad.

-No sé el porque te estoy contando esto, ni si quiera has de entender como me siento.- Afirmaba Amber mientras abrazaba sus piernas levantadas sobre el sillón.

-Es verdad, yo nunca sabré el ver cómo alguien mata a un ser querido... Pero si se el dolor de matar a ese ser...- Asombrada de mi comentario voltea a verme.

-No siempre he vivido en esta asquerosa ciudad, me mudé aquí hace un tiempo con mi padre. Yo era huérfano de otra ciudad muy lejana en dónde la suerte de que no te descubran es la condición para comer. Yo estaba en un estado demacrado a la edad de 8 años hasta el día en que lo conocí. Un señor maestro de artes marciales orientales el cual se apiadó de mi y me adoptó como su hijo, me enseñó todo lo que sé de combates y de la vida, hasta que... Decidimos mudarnos aquí... Nadie iba a pensar que todo esto daría inicio. Cuando el virus empezó a dominarlo, con sus últimas palabras de cordura, me rogaba "mátame", "mátame". Aún recuerdo sus gritos pidiendo que lo hiciese... Y con el dolor de todo mi corazón... Tuve que asesinar a mi único y gran padre... La única persona que vió en mi algo más que una simple rata callejera.- Durante todo el relato se ve a Amber muy atenta pero con los ojos cristalizados, como si en cualquier momento empezarían a llorar.

-Perdon por juzgarte mal... Creí que...- Apenada trataba de disculparse por el mal trato recibido desde un principio, a lo que solo acaricié su cabello y me fuí a mi cuarto, le traje unas sábanas y un par de almohadas y volví para dormir en cualquier lugar cómodo, dado que tanto el sofá como mi cama estaban ocupados por ambas chicas. Esa noche pude conectar un poco con Amber, y pasé de ser alguien distante para ella, a alguien en el cual poder confesarle tus traumas, sinceramente creo que es algo bueno, ella pudo desahogarse un poco y ver más allá de sus prejuicios, talvez mañana las cosas mejoren un poco y podamos hablar mejor. Aún así durante toda la noche no pude dejar de pensar en mi padre, el cual de no ser por todo esto... Talvez estuviese conmigo bebiendo en el bar de Grissom, riéndose de todo lo que digo y viceversa... Nunca dejaré de extrañarlo... Nunca olvidaré su rostro... Nunca. Pensaba antes de entrar en el sueño profundo.



W C Weczter

Editado: 26.07.2020

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