La Desconocida Asesina - El Precio De Ser Bella-

CAPITULO V “Las Asesinas Se juntan”

Las horas pasaban y pasaban, el comandante se fue, la desconocida se quedó sola, pronto Ángel se acercó a ella, desatando los celos y la cólera de su neurótica esposa Felicia.

— ¡Hola! Le habló Ángel a la desconocida, y ella muy quitada de la pena, casi dejándose ver como una mujer fácil, le departió con sensualismo hecho del que por supuesto Felicia era testigo presente.

— ¡Hola, guapo!

— Qué linda es realmente usted. La adulaba Ángel.

— Sí, ¿y siempre suele ser así de rápido? Le preguntaba la desconocida. Ángel le sonreía casi como enamorado de esta mujer a quien le contestaba:

— No, solo es que usted se parece, olvídelo, quizás debí ser así de rápido en el pasado y hoy otra sería mi realidad.

— ¿Me parezco a quien? A su esposa, cuidado, mírela que ella con su sola mirada esta que me mata, si sus ojos fueran balas, yo, ya sería historia. Mascullaba la desconocida.

— No, usted no se parece a mi esposa, se parece a una persona que nunca olvidaré, solo a ella se parece, y descuide que mi esposa es tan amargada que me cela hasta con el jardín de la casa.

— Cuénteme de ella, me da envidia parecer a alguien que es amada por un caballero buen mozo como usted, puedo escucharlo, desahogarse es bueno y más con desconocidos, que sabe usted que no van a ir a contarle nada a nadie, porque no lo conocen a usted, de hecho yo soy La Desconocida. Intercambiaron sonrisas en aquella estreches de manos, haciendo sulfurar a Felicia, Ángel seguía charlando y mirándola de especial manera que hacía que su mujer casi estallase de coraje por tal escena muy cerca de ella.

— Es el amor de mi vida, fue, es y lo será por siempre, llevo diez años en espera, tiempo que ella lleva en cama, no reacciona, se me fue la vida con ella y ahora estoy casado con una verdadera víbora, que cuando menos lo esperé, esa misma víbora se enredó en mí y no me he podido liberar aún de ese enredo. La desconocida sentía el sufrimiento de Ángel< pero no pretendía inmiscuirse tanto.

 — ¿Por qué se casó con ella si a leguas se nota que no la ama? A la pregunta Ángel respondía:

 — Porque en una noche de navidad, la soledad y la tristeza me derrotaron, me dejé vencer, se apoderó de mí la nostalgia y el llanto, esa noche recuerdo que ella me dio muchos tragos, tantos que no podía pararme de borracho, ¿y sabes? Sin darme cuenta amanecí con ella, la hice mía y nunca más la volví a tocar como mujer, se lo hice una sola vez, de ahí nacieron mis gemelos, por los que nunca la dejé a ella, preferí martirizarme con ella, con ella que a diario me repite que el amor de mi vida vive sin vida entre los vivos, porque está postrada en una camilla de hospital. Revelaba sus pesares, algo que hacía sentir nostálgica a la desconocida, quien contrariadamente le dijo:

 — ¡Lo lamento por ti! Debe ser horrible estar enlazado a una persona por la que no se siente afecto alguno. Y no tardó en salir el tóxico de la boca de la víbora de Felicia, quien severamente replicó:

— ¿Qué lamentas? ¡Piruja con glamur! Vos podes ponerte vestidos bonitos y joyas carísimas pero este hombre tiene su señora y esa mera soy yo, ¿lo entendiste? Zorrita bonita, grábatelo en tu coco, este hombre es mío, como hembra que soy, defiendo a mi macho. Arremetía Felicia contra la desconocida, sin tener idea contra quien se ponía y Ángel apenado estaba.

 — Respeto para la señorita, te lo he dicho una y mil veces, odio tus insensatas escenas de celos, no van con nosotros, no somos un matrimonio común. Le decía su esposo a quien Felicia con su mirada deseaba fulminar.

 — Yo no respeto perras ofrecidas, mírala como viste, por esos trapos exhibicionistas es que muchos machos cabríos las violan. Y justo agraviaba Felicia de tal denigrante forma cuando la desconocida no se contuvo y la abofeteó diciéndole:

— No señora, no porque una mujer vista como monja o como puta, significa que lo es, y no porque mis vestidos sean atrevidos estoy invitando a los hombres a que me ultraje, que mente más pobre la suya, por eso el mundo está como esta, lleno de violadores y asesinos, porque las víctimas son culpables de lo que les sucede y no el agresor.

— Discúlpate Felicia, ¡que te disculpes! Le decía Ángel y Felicia encorajinada le respondía:

— Nunca, como nunca me has dado mi lugar, tampoco me pidas que me disculpe con esta clase de mujerzuelas. Felicia se negaba a ofrecerle una disculpa, pero la desconocida le dijo al esposo de antedicha mujer:

 — Descuide don Ángel, sabe cuál es mi deseo para ella, que su peor pesadilla despierte de ese coma en el que se encuentra. Y Ante lo dicho por la desconocida, Felicia se había puesto como una maniática.

— Eres una per… Y Felicia furiosamente levantó la mano intentando abofetear a la mujer con quien discutía; pero no se espero jamás que La Desconocida fuera a sujetarle la mano y con esa misma mano le fuere a dar una cachetada jamás recibida por nadie más en la vida, la esposa de Ángel, celosa y furiosa estaba más enfurecida que nunca y sobre todo humillada, porque todas las miradas se iban hacia ella.

— Ibas a decir que yo soy una perra maldita, pues si lo soy querida, como tú eres una pobre beata de día y gata de noche, así es querida, soy una perra maldita, y no te imaginas como es ésta perra, esa bofetada, solo es una broma mía, yo soy peor de lo que puedas creer, así que ojo y mucho cuidado al meterte conmigo. Advertía la desconocida. Felicia se sentía ofendida.



AWABOOKS

#1322 en Thriller
#3278 en Otros
#487 en Acción

En el texto hay: erotismodrama, mujeres asesinas homicidios

Editado: 02.11.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar