La donante *ya a la venta en físico*

Capítulo 5

 

Continuo inmóvil sobre el sillón. Intentando procesar sus palabras. ¡No puedo creerlo!

El vampiro que beberá mi sangre, no es otro que uno de los 3 fundadores principales. Danko, Abdón y Regan son las tres familias que gobiernan las tres ciudades existentes. ¡Dios! Ahora entiendo todo el lujo con el que vive, pero al mismo tiempo no logro comprender lo caprichoso que resulta el destino ¿Cómo es que he terminado aquí? ¡Yo! Quien tanto los aborrece, voy a entregarle mi sangre. ¿Es una broma?

―¿Me sigues? ―pregunta de mala gana la mujer al ver que no me muevo. Obligo a mi cuerpo a incorporarse y a seguirla por uno de los tres pasillos, el de la izquierda. El techo el alto, hay algunas ornamentas y cuadros en las paredes―. Esta será tu habitación ―dice deteniéndose delante de una enorme puerta de madera. La abre con facilidad y me indica que entre.

Aspiro antes de entrar. Es grande. Puede que incluso más que mi casa. Hay una enorme cama al fondo, sobre una pequeña plataforma circular. Las sabanas son blancas y tiene dos cojines del mismo color.

―¿Estás segura? ―inquiero sin creérmelo.

―Puedes guardar tus pertenencias ahí. ―Me giro y veo que señala un pequeño baúl, junto a un enorme perchero que está repleto de vestidos de todos tipos. Largos y cortos. En su mayoría de color perla o beige, es decir todos de colores claros. Algo que contrasta con la ropa que ellos usan. ¿Es una forma de hacerme saber que no soy igual a ellos? Ni siquiera hace falta, pues jamás desearía ser uno―. Dúchate y cámbiate. Tenemos que salir más tarde.

La miro con desconfianza. ¿Salir?

―Él ha dicho que no puedo salir de aquí ―le recuerdo. Su gesto se endurece y niega.

―El señor Regan ―habla haciendo énfasis “señor”. Tengo que llamarlo así, pero aun no me acostumbro, para mi es solo una sanguijuela más, una muy engreída―. Quiere que tengas una consulta, así que vendré a las 3. ¿Has comido? ―No respondo. Pero desde luego que no lo he hecho―. Te traeré algo. ―Sin esperar que conteste, sale de la habitación.

¡Mi cuarto!

Camino por el lugar. Además de la cama, del lado derecho hay una mesa con un par de sillas y del izquierdo un mueble con un espejo y frascos de todo tipo. Me acerco a la única ventana que se encuentra cerca de la cama. Corro la cortina, pero descubro que no es más que un holograma. Lógico. No se arriesgarían a que alguien me vea o a que escape. En realidad, no es el término correcto, puesto que estoy aquí por decisión propia.

Suspiro y me dirijo al otro extremo, a la puerta que se encuentra junto al perchero. Tomo la perilla circular y la abro. El baño. Que para no variar, es realmente impresionante. De nuevo todo es blanco y parece brillar de lo limpio. Hay una tina a la mitad del lugar, al fondo una regadera y un espejo sobre el lavamanos. ¿Sera cierto que no pueden reflejarse? ¡Qué cosas pienso! Eso no me importa. Observo el lavabo, donde hay otros frascos. Tomo uno y lo olfateo. Huele a cerezas. Lo sé por las lociones que se venden en la tienda. Esto es un lujo que nosotros nunca nos hemos permitido. Creo que a Mai le encantaría tener uno de estos. ¿Cómo estarán? Sé que exagero, apenas han pasado un par de horas, pero el saber que tal vez nunca los veré de nuevo me asusta.

«¡Regan! Armen Regan».

Ahora siento que detesto más ese nombre. Más de lo que lo he odiado todos estos años. ¿Por qué tenía que ser él? ¿Por qué de todos los vampiros que existen, tenía que ser él? Ahora entiendo sus aires de grandeza y ese tono autoritario de voz. ¿Hacer todo lo que quiera? ¿Cuándo quiera? Si como no. ¡Lo odio! Quiero ponerme a reír. Esto es tan absurdo y aterrador.

 

Salimos de la casa a la hora exacta. Mientras avanzamos hacia la reja que separa la casa del resto de los edificios, confirmo que vista desde afuera es aún más impresionante y resalta del resto. Porque no es plana, ni gris. Tiene un color blanco. Es extraño, pero a esta hora parece no haber nadie fuera. No como los vi hace un momento. ¿Dónde están todos?

―Camina ―gruñe la mujer moviéndose con rapidez.

Acelero mis pasos y la sigo al interior de un edificio, que parece una especie de clínica.

Todo aquí es blanco y hay mujeres altas y pálidas vestidas con atuendos azules que se mueven de un lado a otro. Al ver a mi acompañante desvían la mirada. «¿Le temen?». Al entrar a una de las habitaciones, mis ojos no dan crédito a lo que veo.

―Son humanos ―murmuro al ver a un grupo de personas, en su mayoría mujeres sentadas sobre una fila de camillas.

―Ellas son donantes ―explica en voz baja. Mis ojos siguen la marca en sus cuellos, confirmando que... ¡Todos la tienen! Me cubro la boca conteniendo las ganas de gritar y salir corriendo. Así que esto es algo normal, ¿no?―. Vamos. ―Me sobresalta su tacto, pero ella lo ignora y me arrastra por el lugar, apartándome del resto de personas. Me hace sentar en una camilla y retrocede mirándome con una mueca―. Todos los fundadores tienen opción de tener a alguien particular. No te sorprendas ―dice justo antes de que un hombre con bata entre.



Isela Reyes

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En el texto hay: vampiros

Editado: 24.09.2018

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