La familia Wesley

Capítulo 3: La crepe

—No esperaba encontrarte por aquí… —el momento se volvió muy incómodo, y cuando digo que lo es, lo es, enserio—. C-creo que debemos hablar…

— ¿Oyes eso? —le interrumpí. Me miró extrañado— Me llaman mis padres — comencé a correr como un pato mareado mientras me resbalaba y hundía en la arena— ¡Una desgracia verte! ¡Adiós! —agité mi mano sonriendo ¿En serio se pensaba que estaba feliz de verle? Pues menudo idiota…

Seguí caminando por la arena buscando a mi familia, a ver dónde diantres se habían metido los mongolos. Ahora que lo pensaba ¿Y mi perro Teddy? No sé si mamá se lo habría dejado a alguna amiga o lo habíamos traído, en ese caso, ni me he enterado de su presencia, que mala dueña soy. Entrecerré los ojos, hacía mucho viento y me entraba la arena en mis preciosos ojos color caca ¡Ah! Ahí están.

— ¿What’s up bothers? —saludé y dejé mi mochila en el suelo. Es mi rollo molón vale.

—Pero que dices tú ahora pringada —comentó Charlie.

—Pringado tú, que eres adicto al Fornite —será imbécil.

—Ya vale —dijo mamá.

—Pero si ha empezado él.

De repente sentí algo húmedo en mi mano, chillé lo que más pude y levanté la mano escandalizada. Hasta que me di cuenta… era mi perro, mi pobre perrito, Teddy, le había dado una leche tremenda en su trompa.

— ¡Teddy! ¡Lo siento, lo siento mucho! —le acaricié desesperada mientras él me saludaba feliz.

—Mira que sos bruta.

— ¡Ha sido sin querer mamá!

Tom había vuelto, había llevado a pasear a Teddy. Y papá… como siempre en el agua con Sandy.

—Mami ¿y si vamos a por unas crepes? —preguntó Charlie.

—Y una poronga, vos flipas en colores.

— ¿Por qué no? Tenemos hambre —le di la razón a mi hermano pequeño.

Suspiró cansada y miró hacia arriba.

—Bueno, cuando venga papá ya veremos —chillamos y corrimos a abrazarla—. Bueno ya, no es para tanto ¿Por qué no se van al agua?

—Paso —dije.

—Depende —siguió Tommy—. ¿Hay tías buenas? —como no, no podía faltar esa frase.

— ¿Y a mí que me contás? Miralo, anda.

—Pff.

Me saqué la camiseta larga que llevaba y la dejé en la toalla. De reojo observé a Michael, estaba rondando cerca de nosotros. Miré como iba corriendo al agua, con su hermana pequeña, Rosa. Si están ellos, ni de broma voy al agua.

— ¿Sabes mamá? He cambiado de opinión… —comencé a chillar por tercera vez en el día. Tom me había cogido como un saco de patatas y me llevaban directamente al agua. Válgame.

— ¡Tommy suéltame! —captamos la atención de todo el mundo, que vergüenza señor.

Vi como una señora se le acercó a mamá.

—No, no es mi hija —sonrió mamá. Pero será posible ¿Tanto escándalo hago para que diga que no soy su descendiente? Increíble.

Tom me bajó y al sentir como me mojaba las piernas le golpeé en el hombro.

— ¡Estúpido! —salpiqué agua y se defendió con las manos.

—Eh, ya vale. Lo he hecho por ti —puso su dedo índice en mi frente echándome para atrás.

— ¿Qué dices?

De un golpe se metió entero bajo el agua y salió a la superficie peinándose, pijo.

—No sabes dar el paso — ¿Perdona?

—Pero ¿Qué dices? ¿Qué paso? —se acercó a mi oído y me susurró algo que no entendí—. No te entiendo, habla más alto —volvió a susurrar. Pero será…—. Que sigo sin entenderte. Más alto jolín.

— ¡Qué no sabes dar el paso con Michael! —gritó enfadado. Le tapé la boca rápidamente. Mi crush se nos había quedado mirando.

— ¡Pero eres tonto! No grites. —gruñó frustrado tapándose la cara.

—Decía… que no sabes dar el paso. El paso de perdonarle.

— ¿Por qué debería hacerlo? —dije indignada.

—Precisamente porque somos humanos y todos cometemos errores —miré hacia arriba—. Oye… sé que te molesta, pero pienso que él te ha demostrado mucho. Está enamorado de ti.

—Pff, qué sabrás tú de amor...

—Pues mucho aunque no lo creas Lisa.

Me quedé pensativa ¿Debería confiar en él? No estoy segura, quizás cometa un error grave. Yo le vi, le vi besarse con aquella chica y me engañó.

—Piénsalo bien, y no actúes sin pensar.

—No se lo merece.

—Sí, sí que se lo merece. No fue culpa suya.

—Oye ¿Y tú como lo sabes tan detalladamente? —cuestioné.

—Tengo mis contactos —sonrió egocéntrico.

—Agh cállate —aparté su cara con mi mano y soltó una carcajada.

— ¿Qué harás? ¿Vas a ir a hablarle ahora?

— ¿Estás de broma? Yo tengo que disfrutar de mis vacaciones cielo —chasqueé la lengua a la vez que le guiñé un ojo y le señalé con mi dedo índice. Negó con la cabeza. Puede que nos peleemos mucho, pero, somos hermanos y aun así nos queremos, eso no lo puede cambiar nadie—. ¿Y si salimos del agua? Me aburro.

—Pues venga vamos —me miró e hice lo mismo—. ¿Carrera? —asentí y comenzamos a correr.

En mi familia no solía haber toallas suficientes para todos cuando íbamos al río o a la playa, ya que, las perdíamos siempre. Por eso mamá y papá decidieron dejarlo a nuestra merced y pues que nos peleásemos entre nosotros. Por eso creamos un juego. Si alguno decía carrera y todos los demás estaban de acuerdo, a la de tres tenían que correr hacia la toalla y quien primero la cogiese, sería el que la tendría por el resto del día, inteligente ¿a que sí?

Corríamos lento debido a la presión del agua pero una vez que logramos salir retomamos nuestra velocidad. Me empujó e hizo que me cayese contra el suelo de cara. Me levanté indignada y me quité la arena de mi rostro, te vas a cagar Tommy-Tom; apodo creado por mí. Seguí corriendo hasta alcanzarle, le agarré del bañador y le tiré tan fuerte que gritó de dolor hasta tirarse al suelo, pero eso no me detuvo, me daba igual. Hasta que al fin llegué a la meta ¡La toalla sería mía por el resto del día, sí!

— ¿Quién es la ganadora? —pregunté victoriosa—. ¡Esta chica de aquí! ¡Sí! —me señalé con ambos dedos índices. Comencé a ovacionar y Tom puso una mueca—. ¡You’re a loser! —solté una carcajada.



Michelle

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En el texto hay: humor, comedia, risas

Editado: 27.03.2020

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