La Gema de la Reina

Capítulo XVI. "Entre el orgullo".

Vicky.

Dos semanas antes de...

 

Taylor se baja del auto y entra al centro comercial con zancadas larga. Intercambie una mirada con Hela quien llevaba la misma confusión en su rostro. Algo le estaba pasando a Taylor que no quería contarnos.

—¿Qué le estará pasando? — pregunta Hela.

—No lo sé — me encojo de hombros mientras trato de salir de este maldito tráfico. — Esto me huele mal.

—Deberías hablar con Antoniette.

—Eso empeorará las cosas.

El auto de adelante me cierra el paso, y tengo que frenar de golpe. Hela se sobre salta apoyándose de la guatera. Vuelvo a maldecir, y presiono con fuerza las cornetas para exigirle que se mueva.

—En serio, ¿qué mierda le pasa a la gente hoy? — protesto.

—Solo espera, ya se está moviendo.

El auto avanza y con rapidez me salgo del encerramiento. Me dirijo a la plaza Washington sin ninguno problema. Cuando logro aparcar el auto, caminamos hacia la heladería que está al frente de la plaza. Nos acercamos al mostrador y pedimos unas merengadas, luego tomamos asiento mientras esperábamos a Taylor que ya debería estar en camino.

—¿Qué haremos sobre el tema de... tu sabes? — pregunta Hela buscando una respuesta. — No es que me esté quejando, pero mantenerlo resguardado ha levantado sospechas. El otro día mi mamá por poco se da cuenta que no es la katana de mi tátara, tátara abuelo.

Suelto un resoplido a recostándome del sillón.

—La verdad tengo mis dudas Hela — respondo. — Dante no está jugando limpio. Lo de ayer fue demasiado lejos.

—No se puede esperar nada bueno de alguien tan tramposo y mentiroso como él. — Bebe un sorbo de su merengada y se acerca a mí apoyando ambos brazos en la mesa, y susurra — ¿tienes un plan?

—Si — respondo incorporándome —, necesitare que me des la katana, por suerte mi tío se fue, buscare otro escondite.

—Bien, ¿y después?

—Nada Hela, no estas incluida.

—¿Qué?

—Así como escuchas — respondo —. Lo sabrás a su momento.

—¿Por qué?

—Porque necesito que crea, que no estas incluida — le respondo en susurros.

—Vicky quiero ayudar.

—Y lo harás, a su tiempo.

Terminamos la conversación en ese momento en que veo a Taylor entrar por la puerta de la heladería. Hela, aunque trataba de disimular, se le notaba la seriedad en sus ojos. Yo sabía que odiaría estar excluida de mi plan, pero sé que lo entenderá. Me estoy arriesgando hacerlo sola, a pesar de que estoy consciente del peligro, necesito ser yo quiero lo solvente. Mis amigas son como mi familia, y odiaría que les pasará algo por mi culpa.

~~~

Dos semanas después...

Feliz día de Acción de Gracias pequeña brujita. Ya ha pasado demasiado tiempo, y llego la hora. Tienes hasta la medianoche de mañana para darme el arma, o si no habrá más de un funeral por semana. Nos vemos en el puente Roebling, tienes hasta entonces. Post: El rubio será el primero.

 

Pase toda la noche en vela sin poder conciliar bien el sueño, con el mensaje de texto en mi mente. Había pasado dos semanas desde que hable con él, había sido una semana larga y tranquila a pesar de todo. Sin embargo, había llegado la hora de actuar.

Apague la alarma antes de que empezara a sonar. Me levante de la cama y final baño. Me tome mi tiempo para coordinar las próximas dieciocho horas, lo cual, las primeras diez horas estaría en clases. Todo se reducía a ocho horas, tiempo suficiente para ir.

Salí del baño y entre a mi habitación para cambiarme rápidamente, me vestí con lo primero que vi en mi closet, sin darle mucha importancia. Tomando un segundo conjunto de ropa guardándola dentro de bolsa negra, colocándola al fondo del morral junto con las tres dagas que me regaló mi abuela de cumpleaños, más el botiquín de pociones curativas hecha por una wimag que conocí hace mucho tiempo. Al terminar, observe el último objeto que faltaba. La katana, la cual estaba escondida en mi portaplano. Tome un bocado de aire antes de tomarla y bajar a desayunar.

En la cocina no había nadie, por suerte. En el mesón estaba el desayuno, con una tapa arriba y una nota al lado diciendo. “Feliz viernes hija, aquí está tu desayuno, son wafless...”, tomo una pausa para verificar, “... Tu padre y yo tuvimos que salir, hubo una reunión de emergencia, volveremos para la cena... Posdt: Te amamos.”

Deje la nota a un lado y guarde los wafless en un envase para llevármelo. Al salir de casa, mire hacia arriba observando el nublado clima, el roció del césped en el jardín le daba un aire de frescura al lugar. La neblina se iba disipando poco a poco mientras caminaba al auto.

Por el camino a casa de Hela, fue rápido y tranquilo sin tráfico, aunque los nervios me tenían con los vellos de punta. Mis manos sudaban por la presión que ejercía en el volante. Mis pensamientos se zambullían en la idea tan desarmada que tenía en mente.



B. B. Muria.

Editado: 30.03.2021

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