La Justicia De Los Nadie

Algo siniestro

Gustavo Rhenals llegó a su casa. Se quitó la ropa y se sentó tras la ventana para atemorizar con su mirada a los muy pocos caminantes de Ramillete que se atrevían a pasar frente a esa casa. Poco después llegaron Gael y Guillermo.

 

—¿Dónde estaban, señores?

 

Cuando Gustavo Rhenals hablaba en su casa, las paredes parecían temblar de miedo. Era frío e inexpresivo. Era su manera de reclamar respeto.

 

Los hermanos se miraron entre ellos.

 

—Estábamos… estábamos dando una vuelta en las motos, papá— Dijo Gael, intentado hacer que Guillermo les siguiera la corriente.

 

—Las palmas de mis manos tienen cicatrices de guerra, marcas de hombre; y aun así las conozco tan bien que no podría confundir la una con la otra jamás. Así mismo es como se cuándo mientes, Gael, y sabes cuanta ira me causas cuando mienten.

 

Los hermanos sintieron temblar un poco ante las palabras de su padre. Siempre eran descubiertos, por eso Guillermo lo pensaba mil veces antes de seguirle las aguas a Gael cuando se trataba de mentirle a su padre.

 

—Dile, Gael… dile.

Susurró Guillermo. Gael bajó la cabeza y hablando al suelo refirió lo que acababan de hacer. Esperaba un golpe preciso que lo noqueara en el acto o un grito ensordecedor de maledicencia, era lo que común mente acontecía. Pero vaya sorpresa para los dos, Gustavo Rhenals se puso en pie y los rodeó con sus brazos respectivamente, uno a cada lado.

 

—Buen trabajo, Muchachos. Buen trabajo.

 

Gael no pudo contener la sonrisa nerviosa que se dibujó en su rostro mientras miraba a su padre como si éste se tratará de un extraño. Guillermo no tenía expresión alguna, estaba tieso y frío como un muerto.

 

— ¿Papá? — Preguntó Gael.

 

—No se sorprendan de mi reacción, señores. Es solo que están creciendo rápido, como todos unos verdaderos hombres, haciéndose temer de los demás y poniendo al mundo a sus pies, como debe ser. Se dicen muchas porquerías de ustedes, pero ninguna con fundamentos, necesito que los creen. Dicen que son mentirosos, entonces mientan. Dicen que son traicioneros, entonces traicionen. Dicen que son asesinos, entonces maten. Hagan que me sienta orgulloso de ustedes.



Roger L. Chico

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En el texto hay: misterio, venganza, persecuciones

Editado: 01.04.2020

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