La mariposa oscura

Capítulo 5

Algo pasa y lo presiente. No solo es porque hace unos días atrás la han llevado al templo del manantial para hacerle una "ceremonia", sino que además ahora la han bañado en una tina llena de agua tibia y pétalos de rosa. Le dijeron que era para suavizar su piel. Luego la impregnaron de un líquido con aroma floral para hacer que su cuerpo luciera más bronceado y brillante. Y amarraron su cabello llenándolo de joyas en forma de flores rojas. Cuidadosamente le aplicaron maquillaje y luego una ropa osada que en un principio se negó a usar discutiendo en voz alta con Amanda, hasta que al final se dejó vestir entendiendo que no sacaba nada con discutir con una mujer que solo obedecía órdenes. Le colocaron brazaletes y joyas en su cuello.

 

Se sintió extraña, por un momento recordó a esas películas en donde sacrificaban personas a quienes adornaban y perfumaban antes de ser asesinadas.

 

—Bien, su majestad luego vendrá a verte —indicó Amanda luego de llevarla a una habitación—. Te vendré a buscar cuando todo haya terminado.

 

—¿Él vendrá acá? —preguntó Alejandra anonadada.

 

Al escuchar esto comprendió claramente lo que está pasando, quiso agarrar a Amanda, pero esta había salido ya fuera de la habitación. Luego pensó en huir, pero dos guardianas del harén están en las puertas, de seguro velando para que no salga de ese lugar. Rápidamente se dirigió a la ventana, pero es demasiado alto para saltar, aun así, podría crear una cuerda con las sábanas. Se tiró hacia la cama con esa idea cuando la puerta se abrió bruscamente.

 

—¿Estas tan ansiosa? —indicó Iván con una ironía que contrastaba con la amarga expresión de su rostro.

 

Alejandra retrocedió apretando los dientes, ¿Cómo puede impedir lo que va a suceder? El monarca notó la mirada asustada y enrabiada de la mujer, y esto en cierta forma lo hizo sentirse peor, siente lástima. Hubiese preferido una mujer que estuviera dispuesta a entregarse como sus otras concubinas. Si pudiese arrepentirse y retirarse de ahí, lo haría, pero está en juego la estabilidad de su reino.

 

—Hagamos esto fácil, no creas que esto es algo que yo quiera —indicó con seriedad sin mirarla—. Necesito a un heredero de una mujer de cabellos oscuros, entiendo que es difícil para ti y aunque no lo creas para mí también lo es. No soy el tipo de hombre que obligue a una mujer.

 

—Podrías negarte y listo —murmuró Alejandra sin cambiar su actitud defensiva—. No lo hagas si dices que lo haces por obligación.

 

—Créeme que si pudiera lo haría —se acercó acorralándola contra la pared—, colabora con esto, hoy es el día que debemos empezar a buscar a ese bebé, sino empezamos hoy tendremos que esperar un año más. La maldición ya está atacando las siembras y a los animales, esto está causando mucho daño, nos perjudicara por cada día que retrasemos esto.

 

—Una maldición —lo contempló extrañada sin creerle demasiado, aunque ¿Por qué mentiría? Siendo el rey podría tomarla sin contarle nada.

 

—Si no nace un futuro rey de cabellos negros el reino caerá en ruinas y desgracias —habló con seriedad.

 

¿Podría creerle? Aquellos oscuros ojos fijos en ella no muestran rasgos de frialdad y crueldad como había visto antes. Al parecer de verdad no disfruta encontrarse con esta situación. Alejandra suspiró, teme lo que pasará, sin embargo, también se siente empujada a satisfacer su curiosidad, de sentir esos besos y esas manos encima de su piel. Se turbó al pensar en esto y fijó sus ojos marrones en los de él.

 

—Está bien —se acercó levantando la cabeza y cerrando los ojos—. Solo se cuidadoso.

 

Iván se quedó estupefacto y dolido de ver como aquella mujer aceptaba ese destino, la beso con tristeza rodeando con sus brazos la cintura de la joven. Y por un instante Alejandra quiso zafarse del beso cuando sintió estupor al recordar a su exnovio pero el rey la sostuvo acariciándole el cabello y tranquilizándola. Sus labios tibios y suaves se mueven con una pasión desbordada para alguien que le había dicho que lo hacía casi obligado, y eso la confunde. Más cuando sintió que empezaba a recorrer sin permiso dentro de su boca.

 

Esa sensación de sumisión le resulta apasionada, en su cabeza está consciente que no hay sentimientos involucrados más que la ansiedad de tener sexo. Cuando el rey la soltó, se sintió huérfana de esos labios tan suaves y tibios, y sus ojos libidinosos se posaron en los oscuros ojos de aquel hombre. Iván se sintió un poco liberado ante la mirada lasciva de la joven mujer. La tomó de la nuca y la volvió a besar con una necesidad que no sintió antes por otra mujer, luego besó su cuello.

 

No puede negar la joven que la forma como la besa y la sostiene en sus brazos le hacen perder el sentido, hasta hacer oídos sordos a su razón. Sabe que tal vez más tarde podría arrepentirse, pero su cuerpo lo pide, como si además con ello sepulta los últimos recuerdos de su ex-novio. Aceptando con agrado el tacto y caricias que desde hace tanto tiempo no recibía.

 

Cuando Iván comenzó a sacarle la ropa no se opuso, e incluso lo ayudó a hacerlo pasando a rozar las manos del monarca haciéndola sentirse extraña. Desvió su mirada guardando silencio, fue como si en ese instante tuvo miedo de dejar sus sentimientos involucrarse en solo un acto carnal. Pero las manos tibias del hombre rodeando sus pechos la hicieron olvidarse de todo eso.

 

Le rodeó la cintura con sus manos levantándola y besándola, le parecía embriagante el sabor de esos labios. La chica se sonrojó y se levantó avergonzada tratando de controlarse, pero sintió que en su cuerpo empezaba a recorrer tal sensación de placer, como si un rayo la atravesaba.

 

Y fue así que la noche avanzó y acabó, en un éxtasis mutuo de dos personas cuya entrega carecía de amor más no de pasión y lujuria.



A.L. Méndez

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En el texto hay: aventuras, amor, medieval

Editado: 21.04.2022

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