La mariposa oscura

Capítulo 34

Entreabrió sus ojos con una maldad acostumbrada a su rostro, nació odiando, nació con esa crueldad pura, tal vez si su madre no hubiera buscado usar esa perversidad para vengarse del desamor de su marido aquel bebé no se hubiera transformado en quien hoy es Alexander. Retrocedió con su caballo fijando su mirada amenazante a sus propios generales quienes confusos pudieron entender que no perdonaría fracaso alguno.


—El que me traiga la cabeza de mi hermanito tendrá una recompensa que ni siquiera en sus sueños podría haberlo imaginado —exclamó con voz ronca contemplando a cada soldado que se encuentra en una perfecta formación.
La armadura oscura del rey reluce dejando caer su largo cabello negro. Sobre un caballo de negro pelaje, solo la corona de color dorado contrastaba dándole un aire demoníaco, engalardonado con sus ojos fríos y penetrantes.


—Ya saben sus ordenes —dirigió su atención hacia el campamento de Iván—. Mi hermano ha cometido un gran error, tiene el mar a sus espaldas no se ha dado cuenta que eso será un arma de doble filo.


— El mar podría resultarle de ayuda si es que tuviera aliados en él —sonrió—. Pero a la vez facilitar el  ataque de los barcos enemigos. Y los Escandinos que ya tienen sus barcos listos para atacar han sido desde siempre aliados a la corona.


Dirigió su atención a los caballos que llegaban desde el otro lado, de seguro alguien ya le ha advertido a Iván de su presencia, guardó silencio atento en el escaso numero de enemigos. Hasta que al fin el príncipe se hizo presente, no puede verle con claridad el rostro desde esa distancia pero algo le dice que su hermano lo contempla con un odio, peor que cuando intento poseer a Gabriela. Sonrió, de alguna manera le pareció ridículo, aquel odio no le servira. No sabe si aborrece a su hermano menor de la misma forma de como lo mira aquel, si el hecho de sentirse siempre como el ave enjaulada y caprichosa cuyo destino era ser un rey sin corazón es la causa de todo ese rencor. Arrugó el ceño nunca hubo lazos de cariño entre ambos hermanos porque su madre nunca lo creyó correcto. Iván siempre fue el hijo que no debió haber nacido.


El viento corre con fuerza. Algunos hombres respiran agitados aferrados a sus espadas y escudos, frente a ellos muchos otros desconocidos comparten las mismas sensaciones, aquella mezcla de miedo y ansiedad, en el que el premio a perder es la propia vida. 


El caballo de Iván relinchó nervioso, le acarició el lomo para tranquilizarlos mientras su mirada se dirige a Laurence, quien parece estar muy tranquilo, y a Remigio, quien no deja de mirar con sequedad la figura de Alexander que esta a lo lejos.


—Hubiera preferido que te quedaras en el campamento —inquirió Iván contemplando a Remigio.


No quiso decirlo que era debido a su enfermedad porque bien sabe que a su hermano le molesta que le hagan sentirse más débil que el resto a causa de la enfermedad que lo aqueja.


—No, esta también es mi pelea —respondió arrugando el ceño sin dirigir su mirada de Iván.


El príncipe le sonrió resignado y luego volcando su atención a sus hombres la tranquilidad y confianza se apoderó de su rostro.


—Escuchen todos —habló con voz grave—. Se que puede asustarle la diferencia de número entre nosotros y nuestros contrincantes, o más aun el tener que pelear contra quienes alguna vez fueron amigos, compañeros, hermanos. Pero... no olviden el porqué están aquí, ¡No es por ambición! ¡No es por querer armar una revolución! Es porque somos nosotros quienes tenemos que asegurar el bienestar del reino, de nuestras familias, ¡de nuestros seres amados!. Si hemos de morir aquí moriremos con el honor de dar nuestras vidas por ellos, y si vencemos lo festejaremos con ellos. No debemos permitir que la tiranía de Alexander termine de consumir a todo Fontesveris. Liberaremos al reino!


"¡Sí!" contestaron al unisonó todos los hombres que lo contemplaban fijamente. Iván observó como las tropas de Alexander se dirigen contra ellos.

 

—¡Al ataque! —gritó y sus hombres se lanzaron contra los de Alexander corriendo dispuesto a todos.

 

El ruido de espadas chocando se perdió como ecos en aquel mar humano de muerte y destrucción, los gritos se elevaron y varios hombres cayeron muertos o heridos. 


A diferencia de Iván que esta en plena batalla, Alexander lo contempla desde la distancia con seriedad, a su lado dos generales observan la batalla con indiferencia. Cuando Iván se dio cuenta de su ausencia se mordió los labios de impotencia, más aun cuando lo vio contemplar la pelea sin participar de ella, tomó su espada despejando el camino rumbo a su hermano.


A pesar de ser menores en número que los soldados de Alexander son estos últimos los que más han caído muertos o heridos. Sin embargo la apacibilidad del rey inquieta a Iván, más aun cuando la grave sirena de los barcos que se encontraban en el mar dan la señal de arribo al llegar a la costa. Una sonrisa siniestra se dibujó en el rostro de Alexander.


—¡Deberías rendirte, Iván, antes de que esto se convierta en una masacre! —exclamó satisfaciéndole la estupefacta mirada de Iván al ver la cantidad de hombres que bajaban de los enormes barcos de madera que abren las puertas de sus embarcaciones.



A.L. Méndez

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En el texto hay: aventuras, amor, medieval

Editado: 25.03.2018

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