La Mujer En Mi.

ESCAPE

Retospectiva.

Me levanto de la cama, estoy toda mareada. Un fuerte dolor de cabeza, me está matando. A tientas llego a la cocina, abro la gaveta, agarro dos aspirinas y me las tomo con un vaso de agua fría. Me meto en la ducha. No sé lo que me está pasando. ¡Ese extenuante vuelo de casi doce horas, acabó conmigo!

He venido sola primero, mis abuelos, se reunirán conmigo, luego que arreglen lo de mi divorcio.

Salgo del baño. Abro las cortinas, las cierro al momento. El dolor de mi cabeza, se empeora con la claridad del día.

Me hago un café cargado, acompañado de dos tostadas. Los como silenciosamente, pensando en lo rápido que ha pasado todo.

 

 Al salir del hotel aquella mañana, luego de mi noche de locura, tomé un taxi a mi apartamento. Al llegar, el portero me informa que un abogado estaba esperando por mi. Llego al vestíbulo del edificio, un señor blanco en canas me recibe sonriente.

_ ¿Señorita Isabella? Buenos días, soy Ramiro, el abogado de su abuelo. Vengo por lo del divorcio.

_ Buenos días, señor Ramiro. Acompáñeme a mi apartamento por favor.

 Nos subimos en el elevador, yo, con mi cabeza baja, tratando de que el no observara mis enormes moretones en la cara, que con la borrachera y la mala noche que había pasado, están muy mal.

Abro la puerta, le cedo el paso para que entre. El lo hace sonriendo, mientras mira todo a su alrededor. Le indico un sillón.

_ ¿Desea tomar algo, señor Ramiro?

_ Un vaso de agua, está bien señorita.

 

 Le sirvo el vaso de agua, me siento delante de él sin quitarme las gafas. Me avergüenza, que vea mi rostro así. El me mira, mientras saca varios papeles de su maletín.

_ Señorita Isabella. Me dijo su abuelo, que usted no ha consumado su matrimonio.

_ No señor.

_ ¿Quiere decir, que Luis y usted, nunca mantuvieron relaciones?

_ No señor. Luis tiene su propia mujer, se llama Vivian, y en estos momentos, están viviendo en nuestra casa.

_ ¿Me está diciendo, que, si yo voy ahora a su casa, voy a encontrar la amante de su esposo en la casa?

_ Si señor. Por eso, fue que me golpeó.

_ Le preguntaré algo, y quiero que me responda con absoluta sinceridad.

_ Muy bien.

_ ¿Está segura, de querer anular su matrimonio?

_ ¡Si señor, completamente segura!

_ Tenga en cuenta, que, al anular su matrimonio, estará anulando todos los convenios, que se hayan adquirido por su matrimonio, entre las dos empresas.

_ ¡No me interesa nada de eso! ¡La empresa no es mía! ¡Ya mi padre se las arreglará! Además, mi abuelo dijo, que se iba hacer cargo de todo.

_ Si, así es. Sólo le expongo los hechos, para que esté al tanto, de lo que va suceder por su decisión.

_ Muchas gracias.

_Bueno, firme aquí. Además, debe acompañarme a la estación de policía, hacer la demanda por maltrato.

_ ¿Es necesario hacer eso?

_ Es la mejor manera, de obligarlo a que firme todo sin protestar. ¡Tendrá miedo de ir a la cárcel!

_ Está bien, si es así. ¡Pero no quiero llegar a juicio por ello! ¡Solo quiero, el divorcio y marcharme!

_ No se preocupe, después de estos trámites. Se puede marchar, yo me haré cargo de todo lo demás.

  Hice todo lo que me pidió el abogado Ramiro. Firmé todo lo que debía firmar, y a las diez de la noche, tomé un vuelo rumbo a París. Y aquí estoy, en un bello apartamento que compró mi abuelo para nosotros, un poco en las afueras de la ciudad. Pero me gusta.

Suena el teléfono, miro el numero y me doy cuenta que es mi madre. Suspiro profundo y lo tomo.

_ Diga.

_ ¡Hasta que al fin te dignas contestar! ¿Sabes lo que has hecho? ¡Te volviste loca! ¡Vas a regresar en este mismo instante, y te disculparás con Luis!

_ ¡Mamá, eso nunca va a suceder! ¡No voy a regresar con Luis! ¡Nunca debí casarme con él, en primer lugar!

_ ¡Isabella, si no regresas en este mismo instante, olvídate que tienes madre y padre! ¡Te desheredaremos!

_ ¡Has lo que quieras mamá, siempre lo han hecho!

 Le cuelgo el teléfono, y lo apago. Rompo a llorar, siempre he sabido que no me han querido. Pero duele que te lo digan, darte cuenta, que, en verdad, nada le importa tú vida. Me quedo dormida llorando. El timbre del teléfono del apartamento, me despierta. Lo tomo.

_ Diga.

_ Bela, ¿llegaste bien hija?

_ Disculpa abu, me quedé dormida. Si, llegué bien. ¿Cómo están las cosas por allá?

_ Todo está bajo control, no te preocupes. Tienes todo lo que necesitas en la casa. Hija, no vamos a poder ir la próxima semana, como habías planeado.



Bris

#91 en Joven Adulto

En el texto hay: mujer, amor, maltrato

Editado: 24.11.2020

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