La Mujer En Mi.

SALVADOS

Están todos reunidos en el hospital. Localizaron enseguida, el lugar del accidente, gracias a que Bela, dejó el teléfono abierto cuando llamó.

 Tina y Eugenia, solo tienen leves golpes, el asiento del carro por la posición que iban sentadas, las protegió mucho.

 Pero Isabella y Marta, recibieron grandes golpes en la cabeza, en su afán de proteger a los niños, que están desaparecidos. Tienen cada una, las piernas partidas. Ambas, están inconscientes.

Los cinco hombres que las seguían, murieron. El chofer y su acompañante, están muy graves. Pero lo que más les preocupa, es que pudo haber pasado con los niños. Todavía no reciben noticias, de los secuestradores. Han puesto en alerta, a todos los conocidos y agencias policiales.

Al fin, el doctor sale del salón de operaciones.

_ Todo, salió bien en la operación. Marta, tenía unas fracturas muy grandes en sus piernas, pero logramos reconstruirla. Por suerte, el golpe en la cervical, no ocasionó fractura. Llevará tiempo, pero se va recuperar. En cuanto a Isabella, el caso de ella es mas serio. La pierna y el brazo, van a recuperarse. Pero me temo, que va necesitar un trasplante de hígado.

_ ¿Por qué doctor?

_ El golpe que recibió, fue tan fuerte, que su hígado explotó prácticamente. Tratamos de salvarlo, pero me temo, que al final necesitará de un trasplante.

_ Daré el mío. – saltan el padre de Bela y Christian.

_ Tenemos que hacer las pruebas. Pero creo que será difícil, el tipo de sangre que tiene ella, no es muy común. Quizás, un hermano o la madre, sean los únicos que puedan donar. La puse en la lista de trasplantes, por si aparece alguno.

_ Yo soy su padre. – grita Santiago.

_ Bueno, haremos la prueba a los dos. ¿No tiene hermanos?

_ No, ella es hija única.

_ Pues bajen al laboratorio, para ver si son compatibles. Tenemos, que esperar las primeras veinticuatro horas, a ver como se comporta. Es joven, quizás su organismo, sea capaz de recuperarse.

_ ¡Gracias doctor! ¿Qué vamos hacer papá? ¡Tenemos que buscar a Susan!

_ Cálmate hijo, vayan hacer la prueba, yo los espero aquí.

 

Se sienta, está tan agotado que necesita un respiro. Algunos hombres lo acompañan. Su teléfono suena.

_ Si

_ ¿Es el señor Sardino?

_ El mismo, ¿quien me busca?

_ ¡Sabemos donde tienen a sus nietos! ¡Queremos cinco millones, para decirle donde están!

_ ¡Les daré diez, si me lo dicen ahora! -grita poniéndose de pie.

_ ¿Cómo sabemos, si nos está diciendo la verdad? ¡Nosotros, no tenemos nada que ver con lo que pasó, solo vimos el accidente y los seguimos! – sigue diciendo el hombre.

 El abuelo, le hace una seña al policía, que enseguida abre un aparato tratando de localizar la llamada. Indicándole que siga hablando.

_ ¡Les doy mi palabra! Si me conocen, sabrán que nunca incumplo con lo que prometo. Pero díganme donde están ahora, podrían estar heridos por el accidente. Si no me dicen ahora mismo, donde están, los perseguiré y haré que paguen.

_ Lo volveremos a llamar.

Cuelgan, sin haber logrado saber de donde lo llamaban. En eso, aparece Christian y Santiago corriendo.

_ ¡Acaban de llamar, unos que dicen que saben donde tienen los niños, pero no logramos saber de donde llamaron!

_ ¡Yo los acabo de localizar abuelo! ¡Me acabo de acordar, que les mandé a poner unos localizadores en sus zapatos, mire mi teléfono, empezó a mandar la señal! ¡Se activa, cuando salen de un margen de rango seguro!

_ ¿Qué estamos esperando? ¿Dónde están?

_ ¡No lo puedo creer papá! ¡Es nuestra cabaña! - grita Santiago

_ ¿Si hijo? ¡Vamos! ¡Christian, avísales a todos los hombres! - salen todos corriendo del hospital

 El teléfono de Christian suena en ese momento. Lo toma.

_ Christian, es Luis. - le dice con una voz muy débil.

_ ¿Luis, te pasa algo?

_ Eva, secuestró a tus hijos y al mío. Estamos en la cabaña. Tiene diez hombres, con ella. Los niños siguen dormidos. No parecen estar bien. Disculpa Christian.

_ ¡Luis, Luis, háblame Luis!

_ Señor Christian, es Vivian, la esposa de Luis. El se acaba de desmayar. El y Adele, están heridos de bala, al igual que yo. Los niños, están dormidos. ¡Por favor, apúrense! ¡Yo creo, que ella, nos quiere matar a todos!

_ Es Eva señor Sardino, me acaba de llamar Luis, también los tiene a él y Adele. Están heridos de bala, los niños están dormidos. Pero tenemos que apurarnos. ¡Dicen, que ella los quiere matar a todos!

_ ¡Esa mujer me las va pagar todas! – grita Santiago loco de la furia.

 Han llegado en helicóptero, se bajaron lejos, para no ponerlos sobre aviso. Los hombres, se posesionan en todas las puertas y ventanas de la cabaña. A una señal, entran todos agarrando a los hombres de sorpresa. Eva, corre al cuarto con un arma en la mano y dispara dos veces.



Bris

#47 en Joven Adulto

En el texto hay: mujer, amor, maltrato

Editado: 24.11.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar