La niña del flequillo

La niña

Aquella noche mi padre no iba a volver a casa por un viaje de trabajo, lo que hacía que mi hermana pequeña, que compartía habitación conmigo, se fuera a dormir con mi madre. Yo odiaba la idea de dormir sola, siempre le había tenido miedo a la oscuridad, a lo que podía esconder, aunque casi siempre me convencía a mí misma de que todo era fruto de mi imaginación.

Después de leer un buen rato, finalmente me quedé dormida con el libro entre mis brazos.

Estaba teniendo un sueño extraño, era así como que mi hermana pequeña trataba de morderme los dedos de los pies y como yo no le dejaba, ella me los pellizcaba con los dedos y trataba de hacerme cosquillas. Finalmente me sujetó el pie con fuerza,  acercó su boca al dedo gordo e hincó el diente. Solo era un sueño pero el dolor fue tan real que me desperté sobresaltada. Parecía que de verdad me hubiera mordido, podía sentir el dedo palpitante.

Lo primero que hice al abrir los ojos fue mirar hacia mis pies, eran las cuatro o las cinco de la madrugada, la habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por la poca luz que entraba por la ventana, siempre dejaba la persiana levantada porque mis padres no me dejaba tener la luz encendida para dormir.

Se me erizó la piel al ver una niña de la edad de mi hermana, unos cuatro años, con el mismo corte de pelo: una melena azabache  por encima de los hombros, y la cual jugueteaba con mis pies. Su tacto era frío y escalofriante. Su expresión era neutra, y llevaba un flequillo que cubría parte de sus ojos. Me quedé completamente aterrada ante esa imagen y solo reaccioné cuando ella abrió la boca para morderme, di una patada en el aire para apartar a aquella cosa de mí. Rápidamente encendí la luz de la lámpara. No había nada, ni nadie. Estaba sola.

Tuve tanto miedo que me levanté de la cama para comprobar que no era mi hermana la que había estado haciendo una travesura. Llegué a la habitación de mi madre y las observé a las dos durmiendo plácidamente. Ajenas al terror que había vivido con esa espeluznante escena.

Son embargo pensé que todo había sido fruto de mi imaginación, del miedo que me provocaba estar a oscuras y sola. Aún así inspeccioné el dedo gordo de mi pie donde no había marca de ningún diente, pero aún lo podía sentir dolorido.

El miedo siguió presente y no fui capaz de volver a dormir a mi habitación. Me tumbé al lado de mi madre y, me abracé fuertemente a ella. Nunca le conté a nadie lo que me había sucedido, mis padres echarían la culpa a la televisión o a los libros de hombres lobo que solía leer. Y nunca más volví a ver a la niña del flequillo.

Con el paso de los años, supe que solo había sido un mal sueño. Nunca volví a experimentar nada extraño.

Habían pasado más de diez años y yo ya ni recordaba lo que me pasó aquella madrugada, hasta ese día. Era la noche de halloween. Me encontraba reunida con mi familia, nos habíamos disfrazado y habíamos decorado la casa con todo tipo de accesorios de terror. No eramos de celebrar ese tipo de cosas, sin embargo cada año se volvía más habitual en España, y nosotros no podíamos ser una excepción.

Después de una cena de terror, mi novio, con el cual convivía, tuvo la brillante idea de contar experiencias personales en situaciones que hubiéramos pasado mucho miedo, o situaciones paranormales que hubiéramos vivido.

Él fue el primero en detallar sobre lo que le pasó una noche.

—Eran las cinco de la madrugada y yo volvía de una discoteca, estaba un poco bebido, al principio todo normal, hasta que sentí que alguien venía detrás de mí. Era la sombra de un hombre, no quise volver la vista atrás, así que simplemente me dí prisa en llegar a mi casa —hizo una pausa para mirarnos. —Los pasos de ese hombre sonaban tan fuertes que parecían retumba en mi cabeza, como si los tuviera dentro de mí.

Un escalofrío me recorrió el cuerpo, yo era escéptica respecto a esas cosas.

—La sombra me seguía, aceleberaba los pasos tratando de llegar hasta mí, y finalmente reuní valor y me giré, no había nadie, pero la sombra seguía hacía delante, sola... solo ella y el sonido de sus pasos retumbando sobre la acera.

—¡Estabas borracho, igual era una hoja! —se rió mi cuñado.

—O la sombra de una paloma —dije yo.

Yo recordé lo que me pasó con once años y supe que era la historia que quería contar, pero aún no me tocaba a mí.

—Yo os contaré algo que me pasó en casa de mi hermano —dijo mi tío.

—¿En casa de mi padre? —pregunté.

—Sí.

Volvimos a callarnos, atentos a su historia.

—Fue una noche de verano, hacía mucho calor, dormí muy mal y me despertaba cada dos por tres —empezó a narrar. —Tenía un sueño, no recuerdo lo que era, pero era como si alguien me quisiera tocar los pies, y luego como si me mordieran. El dolor fue tan intenso que me desperté de golpe —se me pusieron los pelos de punta, incluso tuve una sensación muy desagradable. —Lo primero que vi fue una niña pequeña, con el pelo corto y lacio, llevaba un flequillo que le cubría los ojos, pero sabía que me estaba mirando porque sonrió y luego volvió a tocarme los pies. Primero pensé que era mi sobrina la pequeña, porque por ese entonces llevaba el mismo corte de pelo, hasta que me tocó los dedos de los pies y los sentí helados. Tan fríos que era imposible que fuera humano.

Me quedé helada, aterrada y paralizada. Porque la niña que mencionó mi tío  era la misma que yo había visto en mi habitación. No había sido fruto de mi imaginación, y probablemente estuvo a mi lado todas las noches mientras yo dormía, tocándome los pies jugando con ellos, sin yo ser consciente de su presencia.



Jana Kros

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En el texto hay: paranormal, terror

Editado: 04.10.2020

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