La nueva cenicienta

Capítulo 4

Todo, absolutamente todo podía salir mal.

 

No entendía ni siquiera porque seguía formulándome aquella pregunta si ya conocía la respuesta.
 

Empecemos por el vestido que mi madre me estaba haciendo usar, y aunque a decir verdad me sentía a gusto con él, mi orgullo iba primero.

 

Era un vestido de coctel de un tono azul celeste y tenía un diseño precioso de encaje. Me encantaba, pero admitir aquello seria como ofrecerle la victoria a mi madre en bandeja de plata.

 

Y eso era lo que evitábamos hacer.

 

Tenía unas dos horas arreglándome; mi habitación estaba hecha un desastre y los estilistas que mi madre había contactado estaban haciendo demasiado bien su trabajo. Me sentía como un tipo de Barbara Palvin que no debía de estar allí. Con la ayuda del maquillaje habían perfilado mi rostro y mis ojos ahora parecían más vividos, ¡Ja! Ya no parecía un mapache rabioso y eso era raro.

 

Monserrath, mi prima, se encontraba detrás de mí bailando la macarena. Aquello me hizo sonreír, me había dado cuenta de que no era tan mala persona como había pensado y tal vez, su rareza solo era producto de mi imaginación para sacarle algún defecto del cual más tarde pudiese burlarme.

 

Pero tuve que tragarme mis pensamientos cuando de un momento a otro empezó a definir palabras que aparecían en la canción. Pestañee atónita, definitivamente ella si era rara.

 

Cerré los ojos con fuerza tratando de olvidar aquella escena.

 

Spoiler: no funcionó.
 

—Ya está todo listo. —dijo una de las estilistas. Me dejo frente al espejo y tuve que agarrarme fuerte a mi asiento para no caerme de culo por la impresión.

 

Wow, estaba...

 

—Qué guapa. —completó su voz.
 

Reprimí el impulso de rodar los ojos para no parecer mala persona, aunque en verdad quería tirarlo por la ventana. Voltee hasta encontrarme con su mirada la cual estaba examinando mi atuendo que era del mismo color del suyo.

 

—Eres tan envidiosa que tuviste que robarme el color de mi traje. —Zaddyel me sonrió, mientras que yo me dedique a verlo con mi peor cara de culo.
 

—Vete al carajo. —solté sin pensar; haciendo que su sonrisa se agrande aún más.
 

Por supuesto que aún no había olvidado el momento que habíamos tenido en esta misma habitación y estar cerca de él me ponía algo nerviosa. Me levante de mi asiento alisando mi vestido para proceder a irme junto a él, pero entonces el me detuvo.
 

—Espera —lo mire algo atontada cuando se encaminó hasta mí, puso una mano en mi cintura y se inclinó haciendo que sus labios rocen mi oreja. Me tense ante su contacto, y por un instante pensé en darle una patada en donde más le duele para que deje de tocarme así—. Tengo que platicar algo con tu prima, espérame en el salón mientras yo termino.

 

Idiota.

 

—Usen protección. —bramé.

 

Sentí un nudo en mi garganta y una pequeña opresión en mi pecho cuando me soltó de golpe y le hizo una seña a Monserrath para que lo siguiera a una habitación contigua.

 

Seguro que era hambre.
 

—Al carajo. —susurre y baje las escaleras que daban a nuestro gran salón. Tome asiento en uno de los lujosos sillones y mire al techo como si aquello me pudiese ayudar a cuestionar mi existencia.

 

Mi madre había decidido que el baile fuera en uno de los residenciales que teníamos a las afueras de la ciudad para tener la menor atención posible de la prensa, quienes nos habían estado siguiendo sin parar desde que volé como una mariposa desde una ventana. No tenía una muy buena reputación que digamos.

 

Había insistido en hacer que Zaddyel y yo llegáramos juntos allá para alardear nuestra relación con sus amistades. Había puesto miles de excusas para no tener un momento a solas con el rubio, pero mi madre tenía aún más argumentos con los cuales contrarrestarlas, así que heme aquí.
 

Vivita y coleando.
 

20 minutos después, Zaddyel bajó junto a Monserrath, quien al parecer también se anotó a la celebración. Bien, al parecer fue a pedirle a ella que asistiera al evento, y eso me llevo a preguntarme si los dos tenían algo en secreto.

 

Sí, ser metiche es mi pasión.
 

Es decir, habíamos compartido poco tiempo juntos entre nosotros, pero tal vez eso los llevo a querer más tiempo juntos para...
 

Annette para tu complejo de Sherlock Holmes. Me reprendí.
 

Era imposible.
 

No entendía que carajo había estado pensando, pero imaginarme una relación entre ellos me sonó tan estúpido luego que me reí por lo bajo, haciendo que los dos me miraran extrañados.
 

Aclaré mi garganta recobrando la compostura y fijé mi mirada en ellos.
 

Zaddyel lucía un traje de un tono azul parecido al mío pero un poco más oscuro que le ayudaba a resaltar sus ojos; había peinado su cabello un poco dándole un aire más varonil, y a decir verdad se veía bien.

 

Pero eso era algo que me guardaría para mí misma.
 

Estúpida sea mi conciencia si algún día decide qué sería buena idea decirle algún cumplido a Zaddyel que no fuera: "rata".
 

El vestido que se había puesto Monserrath la hacía ver más guapa de lo usual, y la verdad es que por primera vez odie comparar a alguien conmigo. Sus rizos caían por sus delicados hombros pálidos haciéndola parecer algún tipo de ángel con complejo de enciclopedia andante, mientras que yo aún mantenía mi cara de Chucky.
 

No ayudaba recordar todas las veces que mi madre quería cambiar mi forma de ser y de actuar porque para ella no era suficiente.
 

— ¿Ya terminaron? —rompí el silencio.

 

Vi las intenciones de hacer un comentario absurdo en Zaddyel, y por ello salí de la casa dejándolos atrás.
 

Digamos que mi modo dramático estaba encendido en ese momento, pero no me culpen:



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En el texto hay: romance drama, humor amor, realeza corrupta

Editado: 19.01.2021

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