La nueva cenicienta

Extra #1

Extra navideño 

 

Narra Zaddyel 

 

Se preguntaba cuan estúpida puede ser una persona para saltar desde una ventana esperando volar como una mariposa.

 

Annette definitivamente lo era para él.

 

Aquella chica de cabello color caca que hacia sus días un infierno desde que eran críos, y de la cual nunca había podido despegarse a pesar de las diferencias.

 

Los padres de Annette habían confiado en Zaddyel para cuidar a su hija, ya que ellos tenían otros asuntos que atender en el palacio. A pesar de negarse varias veces; termino accediendo y tenía que admitir que no había sido tan malo como había pensado que seria.

 

Si, la chica era totalmente insoportable, pero aportaba algo de color a sus días por más estúpido que sonara.
 

Antes habían sido totalmente inseparables e incluso se complementaban entre sí, sin embargo, uno que otro problema entre ellos los separó. Aun así seguían viéndose y molestándose mutuamente. El suponía que una amistad tan grande como la suya debía dejar secuelas.

 

Tal vez por ello se encontraba en ese momento en aquel hospital. Sin siquiera dormir por miedo a que pudiera hacer otra locura que pudiera ponerla en riego a ella, o bien, a su familia. Tenía unas espantosas ojeras y el cabello todo despeinado. Aunque debía admitir que la situación con su familia en ese momento también tenía mucho que ver.
 

Había tenido que encargarse por sí solo de las obligaciones de sus padres, de sus asuntos pendientes y de una princesa más loca que una cabra sin objeciones. Muy pocos sabían del tema, pero es que la verdad él ya se encontraba cansado de ello.

 

Había estado buscando una forma de distraerse por las noches para no tener que dormir, ese día escogió su actividad favorita: Leer. No obstante, no pudo conectar bien con los escritos por el cansancio.
 

Suspiró. Dormir un poco no le haría daño a nadie.

 

Intento acomodarse en el sofá en donde se encontraba sin éxito, ya que a pesar de lo cómodo que se veía a lo lejos era totalmente todo lo opuesto. Si dormía ahí capaz y se le dormía un brazo para siempre.
 

Miró hacia la cama en donde estaba recostada Annette luciendo como si le hubiese caído un rayo encima y por ello, se encontraba en esa posición casi sobrehumana. Sus padres le habían conseguido la mejor habitación allí con una cama bastante amplia.

 

Benditos contactos.

 

Bueno, a Annette no le haría daño compartir un poco de espacio con él. Total, se lo debía.
 

Aunque la idea de que Annette se despertara con él al lado y lo despertara de un zapatazo sonaba muy aterradora; no podía dejar de descansar otro día más ya que se sentía desfallecer.

 

Zaddyel tomó todas sus fuerzas y se levantó del sofá. Corrigió la postura de Annette en la cama y se metió junto a ella mirando fijamente al techo con temor de hacer otro movimiento. Si la despertaba, estaría muerto.

 

Sintió algo de movimiento a su lado y empezó a cuestionarse si eso de quedarse quieto hace a las personas invisible en verdad, porque en ese momento lo necesitaba con urgencias.
 

Annette se movió un poco a su lado y termino enroscando sus piernas alrededor de su cintura aprisionándolo también con sus brazos. Pudo respirar mejor cuando notó que no se había despertado, pero aun así se encontraba hecho una bola de nervios.

 

Tenía a Annette muy cerca.
 

Luchando por separarse un poco consiguió todo lo contario: acercarse aún más a ella.
 

Fue extraño, se sintió en un tipo de dejavu con sensaciones agradables.

 

Más tarde, cuando por fin pudo cerrar los ojos debido a que el sueño le ganó, pudo soñar con ello. Y siendo sincero, a él no le gustaba para nada.

 

Estaba en su antiguo hogar en la residencia de los Hugsman. Era navidad y se vio a si mismo usando un suéter rojo tejido a mano, lo raro es que el suéter se veía mal elaborado y aun así él se sentía  feliz con él. Nevaba mucho afuera, o eso pudo apreciar el desde la ventana. De pronto, Annette apareció a su lado y puso una gran caja envuelta en un papel de regalo azul debajo del árbol de navidad que se encontraba en la sala.

 

Pocas luces estaban encendidas, lo que significaba que todos estaban dormidos y que tal vez, los únicos despiertos allí eran ellos. Annette volvió a su lado cuando termino de colocar regalos debajo del árbol. Venia cargada con una hermosa sonrisa que le recordó porque había estado tan enganchado con ella cuando era más joven. Lucía un pijama de Hello Kitty que la hacía ver adorable junto a la trenza que recogía su espeso cabello color caramelo.
 

A pesar de tener ya 15 años Annette seguía usando ropa que la hacía ver ridículamente muy infantil.

 

—Creo que esto es para ti. —Zaddyel parpadeó volviendo a la realidad, se había quedado viéndola embobado. El asintió y tomo en manos lo que Annette le estaba entregando. Era una caja algo pesada— Ya sé que el suéter no fue el mejor regalo del mundo, pero sé que esto te va a encantar. –dijo ella pellizcándole una mejilla.

 

Con razón el suéter estaba tan feo.

 

Él no le respondió y se limitó a abrir el regalo.

 

—Libros... —murmuró el al ver el contenido de la caja. Había todo tipos de autores de literatura clásica inglesa en el.
 

Desde Charles Dickens hasta Oscar Wilfrido. Todo un manjar.
 

Se quedó mudo por un momento, pero se recompuso lo suficientemente rápido como para jalar a Annette hacia él y fundirla en un abrazo.
 

Extrañaba el olor a su pelo, o lo cálido que eran sus brazos. Le extrañaba.
 



alaskx

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En el texto hay: romance drama, humor amor, realeza corrupta

Editado: 22.01.2021

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