La Princesa Vampiro (sds#5)

Capitulo 7: Reencuentro Inesperado

Pov Becca

 

Transcurrieron unos cuantos días más. Estaba tan contenta de estar viva y de que pronto iba a ser madre, que saboreaba cada momento. Mi cuerpo había sanado casi por completo, aunque en ciertas zonas aún persistian unos leves cardenales, en cambio mi vientre se abultaba más por día, sabía que no era normal, pero no me importaba mientras mi pequeño estuviera bien. Había recuperado las fuerzas. Estaba llena de energía, lista para partir.

 

Apenas notaba el frío. Días atrás, con ayuda de los lobos, encontré ropa para mi, muy perfecta, incluso también había un gran abrigo de piel con el que podía envolver mi vientre perfectamente y mantener a mi pequeño bip a salvo. Alguna ráfaga me hacía temblar, pero la mayor parte del tiempo me sentía muy cómoda.

 

Los lobos me habían aceptado como una miembro más de la manada, ahora que mis piernas volvían a sostenerme, y salía constantemente de caza. Los ayudaba en alguna que otra cosa, les resultaba muy valiosa mi colaboración. Progresivamente fui asimilando el modo en que pensaban y se comunicaban. No podía leer sus pensamientos, pero la mayor parte de tiempo tenía una idea bastante aproximada de lo que estaban pensando: me lo decía la forma en que sus hombros se encorvaban, abrían o entornaban los ojos, alzaban o bajaban las orejas y las colas, gruñian, ladraban o gruñían. Durante las cacerías, si Streak o algún otro lobo querían que yo fuera a la derecha o a la izquierda, sólo tenían que mirarme y mover la cabeza. Si una loba deseaba que jugará con sus cachorros, aullaba en un cierto tono suave, y así yo sabia que estaba llamándome. Rudi era el que más tiempo pasaba conmigo pues le encantaba acercarse a mi vientre y escuchar, parecía que escuchaba a mi pequeño y se alegraba. 

 

Los lobos, por su parte, parecían comprender todo lo que yo decía. Raramente hablaba (las palabras no eran demasiado necesarias), pero cada vez que lo hacía, ladeaban la cabeza y escuchaban con atención, respondiendo luego con un ladrido o un gesto. 

 

Cambiábamos de lugar con mucha frecuencia, según la costumbre de los lobos. Mantenía los ojos abiertos, esperando divisar la Montaña de los Vampiros, pero no la veía. Eso me extrañaba... La razón de que los lobos estuvieran aquí, en ette lugar remoto, era congregarse en la montaña para alimentarse de las sobras que les arrojaban los vampiros. Decidí preguntarle a Streak, aunque sabía que él no podría comprender mi pregunta ni producir una respuesta. Para mí sorpresa, cuando mencioné la Montaña de los Vampiros, el pelo se le erizó en el cuello y gruñó.

 

- ¿No quieres ir allí? -fruncí el ceño- ¿Por qué no? -

 

Streak sólo respondió con otro gruñido. Al pensar en ello, imaginé que debía ser por los vampanezes. Los lobos debían saber algo sobre los invasores de piel púrpura, o puede que simplemente hubieran presentido los problemas y evitaban la montaña.

 

Tenía que hacer algo respecto a los vampanezes, pero la idea de volver a la Montaña de los Vampiros me atemorizaba. Temía que los vampiros me mataran antes de que tuviera ocasión de hablarles de los vampanezes. O que pensaran que les estaba mintiendo y que la palabra de Kurda pesara más que lo mía. Quizás también harían problema del hecho de que estoy embarazada, preguntaría de quien es y si les decía que era de un casi vampanez, habría el riesgo de que lo dañaran y eso es lo que no quería. Al final tendría que volver, pero lo estaba retrasando todo lo que podía, tratando de convencerme de que aún me estaba recuperando y no estaba en condiciones hacer el viaje.

 

Mis tres dedos rotos habían sanado. Me habla colocado los huesos lo mejor que pude (¡qué dolor!), envolviendome los dedos juntos utilizando unos largos juncos y hojas. El pulgar de mi mano derecha aún sobresalía en ángulo y me dolía moverlo, pero solo era una molestia menor.

 

Cuando no estaba cazando ni jugando con los cachorros, pensaba mucho en Garrett. Me dolía el vientre cada vez que recordaba su muerte, sabía que mi pequeño bip sentía mi dolor e igual se ponía triste, pero me era imposible dejar de pensar en él. La pérdida de un amigo es Lago terrible y trágico, especialmente cuando ocurre de repente, sin que lo esperes.

 

Lo que realmente me enfermaba respecto a la muerte de Garrett era que se podía haber evitado. Si yo no hubiera huido, si no hubiera confiado en Kurda, si me hubiera quedado a luchar junto a Garrett..., aún seguiría vivo. No era justo. No merecia morir. Había sido un vampiro valiente, leal y simpático, amigo de todos.

 

A veces, al pensar en él, me embargaba el odio y deseaba haber cogido su cuchillo y matar a Kurda, aunque eso hubiera significado mi propia muerte a manos de los vampanezes. Otras veces, se abatía sobre mí una devastadora tristeza, me cubimria el rostro con las manos y me echaba a llorar, preguntándome qué había impulsado a Kurda a hacer algo tan terrible. 



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En el texto hay: vampiros, paranormal, vampiros y romance

Editado: 31.03.2019

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