La Princesa Vampiro (sds#5)

Capitulo 12: La Denuncia

Pov Becca

 

En realidad no quería involucrar en esto a los lobos más de lo que ya lo había hecho (por si los mataban)  pero permanecieron sentados, jadeando pacientemente, cuando intenté echarlos.

 

- ¡Vamos! -dije, palmeando sus flancos- ¡A casa! -

 

Pero no eran perros, y no obedecieron. Comprendí que su intención era seguro a mi lado ( a los lobos más jóvenes hasta parecía entusiasmarles la idea de una confrontación), así que abandoné la idea de ponerlos a salvo y, en vez de eso, me acomodé para esperar el anochecer, midiendo el paso del tiempo por mi reloj interno.

 

Cuando el día estaba a punto de llegar a su fin, los lobos y yo regresamos sigilosamente por el túnel empinado y fuimos hacia la pared trasera de la Cámara de los Príncipes. Me puse a trabajar sobre la débil capa de roca y, cuidadosamente, cavé un huevo lo bastante grande para colarnos por él. Me sorprendía que nadie hubiera reparado antes en que la Cámara tuviera aquel punto débil, pero estaba muy alto, y desde el otro lado la pared podría haber parecido sólida.

 

Me detuve brevemente a considerar la extraordinaria racha de buena suerte que estaba teniendo. Sobreviví al enloquecido caudal de la corriente montañosa, Rudi y Streak me encontraron cuando más débil estaba, encontré a Steve y ahora voy a ser madre de su hijo, Magda nos guió a través de los túneles hasta la Cámara de los Príncipes... Incluso podía decirse que había sido una suerte fracasar en los Ritos: si no hubiera perdido la prueba de los Jabalíes Vampirizados, nunca habría descubierto a los vampanezes y jamás tendría a lo mejor que me hubiese pasado dentro de mí.

 

¿Era simplemente la suerte de los Vampiros, o algo más..., como el destino? Nunca había creído en los hados, ¡pero empezaba a tener mis dudas! 

 

Los sonidos de una comitiva que se acercaba me distraje ron de tan profundos pensamientos. Había llegado la hora de la investidura de Kurda. Era el momento de actuar. Me metí por el agujero, caí al suelo me di la vuelta y atrapé a los lobos mientras se iban deslizando. Cuando todos estuvimos abajo, nos apretamos contra la pared de la Cámara y avanzamos poco a poco. 

 

Mientras nos deslizabamos en torno a la bóveda, vi a los Generales alineados para dar la bienvenida a Kurda Smahlt. Habían formado una guardia de honor desde el túnel hasta las puertas de la Cámara. Casi todos iban armados, como el resto de los vampiros: la ceremonia de investidura era la única ocasión en que los vampiros podían llevar armas en el interior de la Cámara. Cualquiera de aquellos vampiros armados podía ser un traidor,con órdenes de matarme en cuanto me viera. Intenté no distraerme con tan horrible pensamiento, por miedo a quedarme paralizada. 

 

Los tres Príncipes estaban de pie junto a las puertas abiertas de la bóveda majestuosamente ataviados, esperando el momento de transmitir su sangre a Kurda para convertiré en uno de ellos. Cerca de los Príncipes  descubrí a Mr. Crepsley y a Seba. Mr. Crepsley Miraba fijamente en dirección al túnel (como todos los demás), pero los ojos de Seba me buscaban a mí. En cuanto me vio asintió ligeramente. Eso quería decir que había hablado con algunos de sus empleados, situandolos cerca, con orden de detener a cualquier vampiro que levantara un arma durante la ceremonia. Seba ni les había hablado de mí a sus asistentes (acordamos que sería mejor mantener en secreto mi presencia), y confié en que no vacilaran cuando yo entrara en acción, dando así a alguno de los hombres de Kurda la oportunidad de matarme. 

 

La cabeza de la comitiva entró en la cueva. Los seis primeros vampiros que precedía a Kurda, caminaban lentamente en parejas, portando las ropas que debería ponerse una vez hubiera sido investido. Les seguian dos vampiros de voces profundas entonando en voz alta poemas e historias en alabanza a los Príncipes y a Kurda. Detrás venían más vampiros cantores, y sus himnos se elevaban desde el túnel, resonando en la caverna. 

 

Detrás de los ocho primeros, llegaba el vampiro del momento, Kurda Smahlt, sobre una pequeña tribuna transportada por cuatro Generales, vistiendo una holgada túnica blanca, con la rubia cabeza inclinada y los ojos cerrado. Esperé hasta que estuvo a medio camino entre el túnel y los Príncipes, y entonces me aparte de la pared, avanzando a zancadas (con los lobos pegados a mis talones), y grité a todo pulmón:

 

- ¡ALTO! -

 

Todas las cabezas se giraron, y los cánticos cesaron de inmediato. Casi nadie me reconoció al principio (solo veían a una muchacha embarazada) pero en cuanto me acerque más profirieron gritos entrecortado y exclamaciones. 

 

- ¡Rebecca! -rugió Mr. Crepsley entusiasmado y sorprendido, disponiéndose a ir a mi encuentro con los brazos abiertos. Ignoré a mi mentor y padre, concentrando mi atención en el resto de los vampiros, alerta ante cualquier signo de represalia.



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En el texto hay: vampiros, paranormal, vampiros y romance

Editado: 31.03.2019

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