La Profecía De La Llegada - Libro 1 de la Saga Del Círculo

QUINTA PARTE: El Hijo - CAPÍTULO 123

              Comí un poco más de pan. Zenir me miraba desde el otro lado de la mesa, mientras fumaba lentamente su pipa de madera.

            Me acosó a preguntas y le conté todo lo que pude: el asesinato de Orfelec, mi huída, mi encuentro con Eltsen y Tarma, mi enfrentamiento con Ailill, el rescate de Cariea y los kildarianos, y mi encuentro con Delina. Evité cuidadosamente hablar de la conversación que había escuchado entre Dana y Calpar.

            —¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo curaste el ala de Cariea?— quise saber.

            —Mi habilidad funciona de forma diferente a la tuya. Tú trabajas con la mente de aquellos a quienes sanas. Todo lo que esté bajo el dominio de la mente, puedes cambiarlo. Pero las alas de las mitríades no funcionan completamente en conexión con sus cerebros. Las órdenes de movimiento, e inclusive los cambios de color y la luminosidad son manejadas a voluntad por sus mentes, pero la parte que absorbe la energía y la envía al resto de sus cuerpos trabaja de forma independiente. No importa cuánto trabajes con la mente de una mitríade, nunca lograrás hacer que envíe órdenes para restaurar un ala rota porque no hay conexión posible entre esas dos partes de su cuerpo, al menos no ese tipo de conexión.

            —No parece un diseño biológico muy conveniente— comenté.

            —En realidad es el diseño biológico perfecto. Las alas de una mitríade no pueden quebrarse, no pueden romperse y al no estar conectadas al cerebro como el resto de su cuerpo, una mitríade puede volar y alimentarse de la energía circundante aún cuando el resto del cuerpo esté deshecho. El dolor de las heridas del resto del cuerpo no perturba el funcionamiento de las alas. Este diseño aumenta la posibilidad de supervivencia.

            —Supongo que este diseño biológico no contaba con la existencia de Ailill.

            Zenir asintió con un gruñido.

—Además— continuó—, si bien el dolor del cuerpo no perturba las alas, el dolor de un ala quebrada sí perturba al resto del cuerpo. Un ala herida significa la pérdida de energía vital y la muerte.

            —Sí, eso fue lo que percibí cuando me conecté con ella. ¿Cómo lograste detener la fuga de energía?

            —Como te dije, mi habilidad funciona de forma diferente. Yo no trabajo con la mente sino con los tejidos orgánicos. Mi habilidad es la de manipular directamente los tejidos: agrandarlos, cortarlos, soldarlos, eliminarlos. Lo que hice fue soldar el ala, tal como soldé tus costillas rotas en el Bosque de los Sueños, tal como soldé los tejidos rasgados de la herida de Kelor.

            Asentí pensativo.

            —Pero... ¿cómo hiciste entonces para curar la infección de mi pierna?

            —Eso fue más complicado. Debí buscar cada célula infectada y eliminarla. Es un proceso más delicado, y requiere mucha práctica para poder detectar y eliminar todo rastro de una infección.

            —Entiendo.

            Zenir dio otra pitada a su pipa.

            —¿Qué fue lo que sucedió luego de que Delina abandonó el lugar, herida?— le pregunté.

            Zenir suspiró apesadumbrado:

            —Ni siquiera sabía que Delina estaba herida, si no, no la habría enviado por ayuda.

            —Delina es una criatura fuerte y valiente. Enviarla fue lo más conveniente. Además, yo pude curar sus heridas. Ella está bien ahora.

            —Hay cosas que no se curan— murmuró él, deprimido.

            En su mirada ya no se distinguía aquella ternura con la que cuidara a los bellos unicornios, ni la alegría de volver a encontrar a su hermano. Su mirada se había apagado, la muerte y el horror habían roto su alma límpida y dulce. Definitivamente, no era el mismo Zenir que había conocido en el Bosque de los Sueños.



Adriana Wiegand

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En el texto hay: mundos paralelos, fantasiaepica

Editado: 24.03.2018

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