La Profecía del Regreso - Libro 2 de la Saga Del CÍrculo

SEGUNDA PARTE: El Doctor - CAPÍTULO 44

Mientras sacaba otro sándwich de la bandeja y observaba el diseño que había armado hasta el momento, escuché la campanilla electrónica de la computadora de Juliana. Conocía ese sonido de memoria, era el sonido que anunciaba la llegada de un correo electrónico. Juliana recibía entre cinco y ocho correos de esos por día, y la mayoría provenían de una sola persona.

Juliana, que estaba frente a mí, levantó la vista de la copia de Beowulf hecha por Alric y abrió el correo. Su rostro se iluminó al instante. Apartó la mirada de la pantalla y me miró con una sonrisa.

            —¿Qué dice Luigi?— pregunté con la boca llena.

            —Me responde a una pregunta que le hice hace unos días. Yo tenía la misma idea que él, pero quería que me lo confirmara antes de comunicárselo a usted. No quería crearle falsas esperanzas.

            —¿De qué se trata?— inquirí, poniéndome de pie y rodeando la mesa hasta ella.

            Ella se paró y corrió su silla hacia atrás para poder abrir el cajón del mapa.

            —Se trata de la palabra que está en los círculos que están en el borde del mapa. Los cuatro círculos del mapa original forman la palabra “mors” que significa muerte.

            —Lo recuerdo.

            —Pero algo me decía que la palabra de este mapa no tenía nada que ver con la muerte.

            —¿Encontraste lo que dice? ¿Pudiste descifrarlo?— le pregunté, ansioso.

            —La palabra que Alric escribió es “Mediolanun”.

            —Mediolanun— repetí.

            —Sí, Luigi averiguó que significa “recinto sagrado del centro”. Si el jinete del mapa original abandona el mundo a través de la muerte, es posible que el jinete de Alric abandone el mundo a través del Mediolanun.

            —Recinto sagrado del centro— murmuré, mirando el mapa—. ¡Por el Gran Círculo!— exclamé al darme cuenta.

            En el centro del mapa de Alric, así como en el centro del mapa original, estaba dibujado un lugar sagrado: Jerusalén.

            —¿Crees que...?— comencé.

            —Creo que tiene que ser— aseguró ella.

            Le di un beso sorpresivo en la frente, y salí corriendo hacia el comedor.

            —¿A dónde va?— me gritó ella.

            —A decirle a Mercuccio que nos consiga pasajes de avión a Jerusalén— le respondí como si fuera lo más obvio del mundo.

           

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            —Llamaron de la agencia de viajes— anunció Mercuccio, entrando en la biblioteca.

            —¿Qué pasa? No me digas que el vuelo se aplazó— le dije con el lápiz en la mano.

            —No, el vuelo es para dentro de tres días como estaba planeado. Hay un problema con su pasaporte.

            Apoyé el lápiz a un costado del diseño que estaba realizando.

            —¿Cuál es el problema? ¿Se dieron cuenta de que es falso?— pregunté con temor.

            —No, es otra cosa. Yo no entiendo muy bien de esos asuntos. Creo que debería hablar con Allemandi.



Adriana Wiegand

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En el texto hay: mundos paralelos, portales

Editado: 12.10.2019

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