La Profecía del Regreso - Libro 2 de la Saga Del CÍrculo

CUARTA PARTE: El Viajero - CAPÍTULO 73

Mientras estaba en la biblioteca, firmando los papeles que me había traído Allemandi, Nora entró como tromba por la puerta que daba a la sala. Le tomó un momento calmar su respiración lo suficiente para poder hablar.

—Llamó Luigi del hospital— dijo al fin, con la mano sobre su pecho como para tratar de normalizar el ritmo de su corazón—. El bebé ya nació.

Me paré de un salto.

—¿Todo está bien? ¿Juliana? ¿El bebé?— pregunté ansioso.

—Todo está bien— confirmó ella.

—Dile a Mercuccio que...

—Ya nos está esperando en el auto para llevarnos— me cortó ella.

Asentí.

—Dame un momento— le dije, y fui hasta el escritorio de la computadora a recoger un paquete—. Listo, vamos.

—Las enfermeras solo permiten una persona a la vez— dijo Luigi, saliendo de la habitación.

—Vaya usted primero— me empujó Nora hacia la puerta.

Juliana me sonrió al verme entrar. Tenía el rostro cansado pero feliz. Tenía al bebé dormido sobre su regazo en la cama.

—Éste es Augusto Miguel, su ahijado— me dijo.

—¿Lo nombraron por mí?

Ella asintió, sonriendo.

—¿Y me nombraron su padrino? ¿Luigi está de acuerdo?

Ella volvió a asentir.

—Habíamos pensado en ponerle Lug, pero solo hay un Lug. Cárguelo— me lo ofreció.

—Oh, no, no, no, no— respondí con las manos en alto.

—Vamos, cárguelo.

—No sé cómo... no quiero lastimarlo, yo...

—Vamos— me insistió ella.

Respiré hondo, me acerqué a la cama, apoyando el paquete que llevaba en la mano, y lo tomé en mis brazos.

—Cuidado con la cabeza— me advirtió ella.

Lo sostuve con cuidado. El movimiento no lo despertó.

—No llora— dije.

—¿Por qué habría de llorar?

Me encogí de hombros.

—Nunca había tenido un bebé en mis brazos, pensé que él lo notaría y se pondría a llorar.

—Siéntese— me dijo ella, señalando una silla que estaba detrás de mí.

Con extremo cuidado, lentamente, di un paso hacia atrás y me senté.

—Parece tan frágil...— dije, observándolo dormir—. Es hermoso. No sabía que un bebé fuera tan... no sé... tan perfecto, tan puro.

—¿Qué es esto?— preguntó Juliana, alzando el paquete que yo había dejado sobre la cama.

—Es para el bebé.

Ella abrió el paquete y sacó el libro encuadernado con tapas de cuero negro.

—¿Un libro?

—Es la historia de mi vida. La terminé de escribir hace una semana. Pensé que... bueno, cuando el bebé tenga uso de razón, yo ya no estaré aquí, pero me gustaría que me conociera de alguna forma, es decir, si es que tú y Luigi quieren...

—Será un honor contarle sobre usted. Gracias, es un regalo muy preciado. Con esto podrá entender lo que significa su nombre, por qué se lo pusimos y quién es su padrino.

Nos quedamos en silencio un momento.

—¿Cómo está usted, Lug?— me preguntó suavemente.

—Bien, creo...

—¿Todavía está seguro de querer regresar? ¿Aún cuando Dana...?— Juliana no pudo terminar la frase.

—Sí— respondí—. Tengo que hacerlo. Tengo que continuar la lucha que ella comenzó. Ella nunca me perdonaría que bajara los brazos justo ahora.

—Luigi y yo hemos estado discutiendo sobre el Manuscrito...— comenzó ella.

—Juliana, no quiero que discutas más con Luigi sobre el Manuscrito o sobre el mapa. Tienes cosas más importantes en las que pensar ahora— dije, indicando al bebé con la cabeza—. Además, ya no hay nada que discutir, todo está decidido.

—Hay una frase sobre Dana que no parece muy clara— dijo ella, haciendo caso omiso de mi pedido de no hablar más del asunto—. El alma del Enviado sufrirá un abismo sin fin de miseria al ver muerta a la que él cree su amada. Revisamos la frase varias veces entre los dos y no encontramos otra forma de ponerlo, es claro que dice “a la que él cree su amada”. ¿Es posible que no haya sido ella? ¿Es posible que el cuerpo que vio no fuera el de Dana?

—Juliana, te agradezco el intento por darme esperanza, pero sé bien lo que vi. Era Dana, no hay lugar a dudas.

—Pero entonces, ¿por qué su madre escribió “la que él cree su amada”?— insistió ella.

Me encogí de hombros.

—Dana y yo nos separamos en Faberland, después de que yo escuché una conversación entre ella y Calpar. Yo había creído que ella me amaba hasta que escuché esa conversación, tal vez mi madre se refería a eso: yo creí que ella era mi amada, pero no lo era en realidad.



Adriana Wiegand

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En el texto hay: mundos paralelos, portales

Editado: 12.10.2019

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