La Prometida del Gay.

Capítulo 4.

—Llegamos... —anuncia Brad.

¿Cuántos jóvenes, uno de ellos con cara de muerto viviente, ósea yo, se quedan a hablar en medio de la nada? Creo que no muchos.

La brisa impacta en mi rostro y el aire puro se cuela en mis pulmones. Siento todo mi cuerpo, por un momento, votar el estrés acumulado desde esta mañana y respirar aire puro, saludable y libre de todo mal.

—Ven, vamos a sentarnos—Me toma de la mano y nos lleva a lo alto de la pequeña colina, desde esta posición se puede ver uno de los mejores atardecer-anocheceres del mundo—. Tenemos que hablar.

La quietud del lugar no es nada comparada con el revoltijo que tengo dentro de mí. ¡Venga Sara! No seas agua fiesta, deja que él termine de matarte.

 

Y como les decia, ese chico esta mas loco que una cabra.

-¿Estaría de mas decirte lo preocupada que me tienes? -Me siento a su lado y le tomo las manos, me siento perdida en una especie de broma mala.

-Tu cara ya me lo dice -Me mira y sonrie, ¡por dios deja de sonreirme! -, solo quiero un salto de fé -Aprieta mis manos levemente antes de entretejer nuestros dedos -. Sé que es una muy grande, pero lo necesito. Necesito esto de ti y no se lo pediria a nadie mas en este mundo. -Se inclina y me da un suave beso en los labios.

¡VAYA. POR. DIOS! ¡ME BESSSOOO!

Me quedo mirandolo sin siquiera pestañear, no me quiero perder ni un solo detalle de este momento. Levanta mi mano y la lleva a sus labios, estoy derretida por dentro y sé. Estoy mas que segura que estoy aceptando y no sé que acepto.

 

Narra Brad.

Su mirada me confunde una vez más, la halo hacia mi y la abrazo. Es mi niña hermosa, la niña de mis ojos. Me duele meterla en esto, pero ¿como resuelvo lo que siento por ella?, ¿como resuelvo mis desordenes sexuales?

—¿Quieres saber porqué tan repentino lo de tener una prometida o porqué tú?.—pregunta. Sus rasgos faciales están neutros, no hay nada que me indique que hacer o que decir.

—Ambas.—suspira y se prepara para lo peor.

Hace silencio por unos segundos, mientras mira más allá del horizonte. Las nubes en el cielo son pocas y le dan un cierto aire de irrealidad.

—Hace dos años Braulio, dejo su trabajo, la compañía ya estaba en su mejor momento y sus esfuerzos ya se veían por todos lados, pero esos mismos esfuerzos le empezaron a pasar factura a su cuerpo—Su rostro se ensombrece y le da un leve aire de fragilidad, las ganas de abrazarla es casi imposible de evitar—. Los primeros meses no lo tomamos muy en serio.

»Solo una mala pasada de la vida para que él pasara más tiempo en casa—Frunce el ceño desconcertada, es verdad que en los últimos años Braulio no estaba mucho tiempo en casa, pero siempre ha sido un buen padre.—Luego paso con más frecuencia y por supuesto nuestra preocupación aumento.

-¿Y? -pregunta con impaciencia.

—Braulio esta enfermó —Su mirada esta posada en mi mano, justo en el dedo que tiene el anillo de compromiso—, siempre ha dicho lo mucho que le gustaría ver a su hijo casado.

—Pe...pero ¿se esta muriendo?.—pregunta en un hilo de voz.

—Pueda ser que si o pueda ser que no—Niego levemente con la cabeza—. No sé sabe con exactitud, los canceres son muy impredecibles Sara.

»Estoy poniendo en prioridad lo que mi padre quiere, mama también lo quiere. No puedo negarle eso, tal vez sea su último deseo y tu formas parte de ese deseo.

—¿Qué tiene?

—Cáncer de colon—¡Sara respira! le grito con mi subconsciente, la opresión en mi pecho solo aumenta.

-Él quiere ver una boda—digo sin mirarme a los ojos— y en un momento desesperado le dije que tu y yo estábamos saliendo a escondida y que podíamos adelantar una futura boda.—Su boca forma una gran "O" del tamaño del titanic.

—Pero eres gay—murmura desorientada. Siento su cuerpo ponerse rígido al lado del mío.

—Lo se—bufa fuerte—, fue un error no haberles dicho desde el principio y lamento mucho meterte en esta situación, pero no tenía muchas opciones a la mano.

—No sé que decir—En cierto punto es un sueño hecho realidad, por otro lado, sería una gran farsa.

—Sara Mayer ¿te gustaría ser la prometida del gay?.—Sus manos agarran las mías y por alguna razón están temblando.

—Si, eso creo.—contesto moviendo la cabeza.

Brad se abalanza sobre mi y por unos segundos sus labios se posan sobre los míos en un casto beso.

—No te arrepentirás. —murmura contra mi cuello, y yo también quisiera creerle, pero sé que al final me dolerá más de lo que quisiera y no podre hacer nada contra el dolor.


 

Es un buen momento para los comerciales, tomé su vasito de agua, recoja sus palomitas y busque los pañuelos...

Que la Prometida del Gay, regresa en breve.

Este espacio es patrocinado por AÑE (Asociación de niñas enamoradas)



Gaby Smith

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En el texto hay: mentiras, amor, falsos compromisos

Editado: 06.09.2020

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