La Reina De Hielo

Capítulo 13.

Los días siguieron pasando, Piero trabajaba como asistente del administrador y Alexandra en sus cosas, casi ni la veía y eso lo estaba mortificando como nada, sólo veía a Maribel que ya lo tenía harto de tanto acosarlo… ¡Le tenía miedo… y eso que es hombre! Como hubiera deseado que fuera Alexandra quién lo acosara… en ese caso ella ni siquiera tuviera necesidad de hacerlo, ya que una sola mirada de aprobación de sus hermosos ojos sería suficiente para que él la cubriera de besos y caricias… ¡Los sueños cada día se hacían más difíciles de olvidar!

¡Ahhhhh! ¡Quiero verla! – Exclamó Piero levantando los brazos y tronando sus dedos… el administrador ese lo había cargado de mucho trabajo… trabajo de hace tiempo… que le correspondía a él mantener al día, sin embargo lo había postergado y ahora se lo daba todo a él, aunque… eso le daría a Piero las armas suficientes para meter en problemas a Maribel y además acercarse a Alexandra -

¿Y esto…? ¡No lo puedo creer! – Dijo Piero poniendo mucha atención a algunos balances traspapelados… ¡Tenían su original! Y era clarísimo que habían estado maquillando los últimos datos económicos que le habían dado a Alexandra -

¡Adelante! – Decía Alexandra ocupada en su computadora y no se fijó bien de quién se trataba hasta que Piero estaba a su lado –

¡Jefa! Tengo que decirle algo que descubrí…

¿Qué cosa Piero? – Balbuceó de mala gana Alexandra tratando de no hacerle mucho caso –

Descubrí que el administrador le ha estado mostrando balances maquillados, donde se gasta más de lo que indican los números y casi más de lo que gana la empresa…

¡Ah… eso!...

¿Ah… eso? ¿Sólo eso dirá? – Le preguntó muy extrañado Piero ante su reacción, era para que se asustara y despidiera de inmediato a ese administrador corrupto, pero en lugar de eso parece que ya sabía semejante asunto y que no le molesta –

Piero… es que…

¡Además esos gastos salen reflejados en los de Maribel! Y mucho dinero transferido a su cuenta personal…

 Es algo que no vas a entender… ¡Déjalo así!...

¡No! Yo no me voy a quedar cruzado de brazos al saber que le están robando… ¡Es injusto! Maribel no hace nada para que le pague lo que le paga y mucho menos para que gaste lo que gasta… usted que es la dueña de la empresa ni siquiera llega en sus gastos a una cuarta parte de los gastos de Maribel, la está llevando a la banca rota si continúa así esta mujer y si usted no hace nada al respecto lo haré yo… ¡No permitiré que abusen de su nobleza! - Alexandra se le quedó viendo seria… pero al mismo tiempo muy conmovida, era la primera vez que alguien le había dicho que era noble, ¡Nunca antes le habían dado un adjetivo agradable! Él la veía diferente… ¡Quizá Piero Barone veía su verdadero yo! Y por un momento se ilusionó al creer eso, pero luego volvió a la tierra y a su triste realidad –

Te agradezco la intención de defender mis intereses… pero… no es necesario…

¡Claro que lo es…!

No te concierne…

¡Aún así quiero hacerlo…!

¿Por qué?...

¡Porque la amo! – La respuesta de Piero sorprendió a Alexandra como al mismísimo Piero… no daba crédito a lo que acababa de decir pero ya era tarde para cambiarlo o mucho menos negarlo… así que no le quedó de otra que confesar sus sentimientos –

¿Qué?... – Logró decir Alexandra con la voz temblorosa… ¡Una declaración de amor así jamás la había presenciado! Tan espontánea, tan pura, tan sincera, veía en los ojos de Piero la verdad, muchas veces los hombres le hablaban de amor… pero no le declaraban amor… ¡Hasta ahora! –

Lo que escuchó… en la fiesta de cumpleaños de Kary se lo dije también… pero lo ignoró, quiso ignorarlo por alguna extraña razón…

¿No sé de qué hablas…?

¡Le dije ese día que la quería! También se lo dije a Kary…

¿Por qué a mi hija?...

¡Ella me lo preguntó! Y no le iba a mentir a una niña, mucho menos a una tan inteligente como Karmindy, le dije que yo quería mucho a su mamá… y ella lo entendió… ¿Por qué usted no puede entenderlo? – Le decía
Piero acercándose peligrosamente a una reina de hielo en estado de comenzar a “derretirse de amor”, ese hombre dejó de andarse por las ramas y ahora le decía las cosas directamente… y la verdad nunca pensó que tendría el valor para hacerlo… ¡Se suponía que ella daba miedo! ¿Acaso él ya no le tenía miedo? –



Lucmy

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En el texto hay: amorodio, mentiras

Editado: 28.04.2018

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