La Sociedad del Zircón

Capítulo 13

  —Podemos explicarlo... —empezó a hablar Ainara una vez los tres llegaron abajo.

   —Pues rapidito, porque no nos sobra tiempo —les apremió Mireia situándose junto a Jon y poniendo los brazos en jarra.

   —No necesitamos sus explicaciones. Son intrusos, saben demasiado. Tenemos que deshacernos de ellos —se adelantó Iñaki situándose al lado derecho de Jon.

   — ¿Deshacerse de nosotros?, ¿nos vais a matar? —gimió Andrea.

   — ¡Os lo dije!, ¡ESTO ES UNA MALDITA SECTA DE TARADOS ASESINOS! —gritó Ainara intentando ocultar su terror tras la agresividad que exteriorizaba.

   — ¡Ainara y Andrea, a callarse! —les reprendió Jon enfurecido—. No tenéis ni idea de dónde os habéis metido. ¿Cómo habéis llegado aquí?, ¿en qué estabais pensando? ¿No sois conscientes de que si os pasara algo, como responsable vuestro que soy, se me caería el pelo? — Jon estaba tan nervioso que no podía parar de peinarse los rizos hacia atrás con ambas manos una y otra vez.

   Mireia le puso una mano sobre el hombro y le dirigió una mirada y un susurro tranquilizadores que solo él pudo captar. Jon levantó la mirada del suelo y soltó el aire que había estado conteniendo inconscientemente. El resto de miembros de la sociedad observaban en silencio. Eleder mostraba un semblante serio cuando se adelantó a sus compañeras como intentando protegerlas tras su esmirriado y alargado cuerpo.

   —Escuchamos tu llamada telefónica. Oímos lo de la cueva y por cómo reaccionaste a lo que te decían al otro lado de la línea, vimos que se trataba de un problema serio. Nos conoces de sobra, Jon. Sabrás que no nos costó demasiado relacionar el incidente durante la explicación teórica del campo con la llamada. También sabrás de sobra, que si somos tus mejores alumnos es debido a nuestra curiosidad y el esmero que ponemos en resolver las incógnitas con las que nos cruzamos. Vimos el envoltorio del caramelo y quisimos abrirlo. ¿Realmente nos puedes culpar por eso? —Eleder tomó aire e intentó recobrar su serenidad inicial. 

   Tener tantas miradas clavadas en su persona, atentas a todo lo que tenía que decir, empezaba a enervarle.

   —Te vimos subirte en un Polo rojo y decidimos ir tras de ti para averiguar qué era lo que estaba pasando. Os seguimos a través del bosque y vimos los símbolos. Entramos justo detrás de ti cuando abriste por segunda vez el portal y acabamos tirados en uno de los pasadizos de esta laberíntica cueva. Puede que hayamos oído todo lo que decíais, pero seguimos teniendo muchas preguntas sin respuesta y creo yo que tu deber como nuestro profesor no es reñirnos por querer saber más, sino darnos las herramientas para conseguirlo. —Eleder concluyó su discurso con la respiración agitada y las manos sudorosas. 

   El chico sintió una ligera presión en su mano izquierda. En algún momento, durante aquel eterno e improvisado monólogo, Ainara le había cogido la mano para mostrarle su apoyo y ahora sus dedos se entrelazaban, encajando con naturalidad en un apretón de manos sincero e íntimo.

   —Ya veremos qué hacer con ellos más adelante. —intervino Mireia ante el silencio que se había instaurado tras las palabras del joven alumno de Jon.

   —Tienes razón —reaccionó su colega de inmediato—. Debemos ponernos manos a la obra.

   Sin necesidad de mayores instrucciones, pues ya lo tenían todo hablado de antes, los miembros siguieron los pasos del ritual marcados en el libro que Jon había descubierto. Mireia, el profesor Usui y él, se separaron del resto y comenzaron a trabajar aparte. 

   Los tres estudiantes, los siguieron discretamente y con cuidado de no interferir, atentos y con ganas de resolver sus dudas acerca de todo lo que estaba pasando y por pasar. Este grupo de tres jóvenes científicos tenían la misión de viajar atrás en el tiempo y pararle los pies al profesor Anderson antes de que lleve a cabo lo que sea que haya causado que Iberia acabara en medio del maldito océano Atlántico.

   El plan era simple. Una vez los preparativos para el salto temporal estuvieran listos, los tres geólogos viajarían noventa y dos coma tres millones de años atrás en el tiempo, arrestarían a Arthur y lo llevarían de vuelta a una actualidad en la que Iberia seguiría siendo una península. El profesor sería sometido a un juicio por parte de los miembros de la Sociedad del Zircón y se decidirían las condiciones de su correspondiente castigo. Entre las cuales estaría, casi indudablemente, la pérdida de todos los derechos como miembro de la sociedad.

   Iñaki se acercó al grupo de estudiantes y les dirigió una amplia sonrisa, como si la amenaza de muerte de hacía unos momentos jamás hubiera tenido lugar. Después, se dirigió a Mireia en primer lugar y les entregó a los tres científicos sus correspondientes colgantes con las actualizaciones requeridas para el ritual.

   — ¿Estáis listos? —preguntó Iñaki dirigiéndose a todos los que llevarían a cabo aquella peligrosa misión. Sin embargo, su máxima preocupación estaba dirigida hacia Mireia. No pudo evitar abrazarla como lo hubiera hecho con su propia hija.

   —Iñaki, conocemos los riesgos que conlleva este viaje y aún así, estamos decididos a seguir adelante. —le respondió la mujer posando ambas manos sobre los hombros de su jefe. A pesar del serio semblante que portaba, le tembló ligeramente la voz hacia el final de la frase.

   Jon se acercó por detrás y rodeó los hombros de la pequeña pelirroja dándole un pequeño apretón. La verdad era que Jon tenía un sentimiento bastante controvertido respecto a que Mireia participara en aquella misión. 

   Por un lado, temía que si salía mal y quedaban atrapados en el pasado, ella se vería involucrada en ello. Este sería un error, casi probablemente sin solución, ya que para viajar de un tiempo a otro era necesario poseer parte del registro de ambos tiempos, y está claro que el registro geológico no abarca nada más allá del pasado hasta el presente. 



Yepescritora _98

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En el texto hay: viajes en el tiempo, ciencia, magia

Editado: 08.06.2020

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