La Sociedad del Zircón

Capítulo 18

Todo sucedió muy rápido. Escucharon pasos y voces acercándose. Jon pidió a sus estudiantes que se ocultaran tras unas de las cajas de material esparcidas por la estancia.

   —No salgáis hasta que yo os lo diga. Y si las cosas se ponen feas, corred lo más rápido que podáis de vuelta a la sala del Zircón y abrid el portal de vuelta al presente. No miréis atrás, ni os preocupéis por nosotros. De una manera o de otra os alcanzaremos. —les ordenó Jon.

   —Pero... —comenzó a pronunciar Ainara.

   —Nada de peros —le cortó Jon. Miró a Eleder buscando una muda promesa de que cumplirían con lo mandado—. Por vuestra seguridad.

   Eleder tomó a Ainara del brazo y la arrastró hacia el escondite más seguro y cercano a su vía de escape que pudo encontrar. Una vez estuvieron acuclillados tras una pirámide de cajas de madera apiladas cuidadosamente y cubiertas por una tela gris, Ainara miró a Eleder a los ojos sin atreverse a respirar siquiera.

   Aquella era la primera vez que el chico la veía así, tan vulnerable y falta de toda esa bravuconería que usaba de escudo para ocultar las heridas infligidas los años y años de bullying en el instituto. Era como si toda aquella situación la hubiera empujado a confiar en Eleder lo suficiente como para dejar a un lado su máscara de malota y peligrosa, para dejarse ver como realmente es, para dejar de una vez por todas de fingir que no siente nada, que no tiene corazón. 

   Eleder tomó la húmeda carita de Ainara entre sus manos y con sus largos y finos dedos le secó las lágrimas. Acercando su rostro al de la chica hasta que el calor de sus pieles se fusionó en uno, nariz contra nariz y frente contra frente. Los cristales de las gafas de Eleder se empañaron debido al vapor de agua de sus respiraciones agitadas. En un susurro, mientras acariciaba con la punta de los dedos de una de sus manos la oreja derecha de Ainara, el muchacho pronunció las palabras que ninguno de los dos olvidaría jamás.

   —No tengas miedo. Eres la persona más valiente que he conocido y si tú sientes tal temor como para que tu cuerpo tiemble así... entonces yo no tengo ninguna probabilidad de sobrevivir. Quiero protegerte, pero yo no soy más que un cobarde que si por ti no hubiera sido, ni estaría aquí y me lo hubiera perdido todo sin poder lamentarlo siquiera, porque ni sabría de su existencia. Pero lo que sí que me lamentaría toda una vida y más, sería el no haber tenido la oportunidad de conocerte como siento que puedo decir que te conozco ahora. Porque tú, tienes todas las de ser la mejor aventura de mi vida.

   Ainara parpadeo hasta cinco veces muy lentamente. Le cogió a Eleder de las muñecas, le susurró con el ceño fruncido y el rostro encendido. Lo apartó impaciente.

   —Hazme el favor de dejarte de gilipolleces. Primero, yo no necesito que me protejas y segundo, como te vuelvas a poner así de cursi...

   Eleder acercó aún más su rostro al de Ainara y viendo que su plan funcionaba, decidió echar toda la leña que le quedaba al fuego.

   —¿Qué harás? —pronunció arrastrando cada una de las sílabas.

   Ainara tomó la cara de Eleder por el mentón y puso sus ojos a la misma altura antes de pronunciar su respuesta. Ella era consciente de lo que pretendía su compañero con todo aquello, pero de lo que no estaba segura era de si él era consciente de que ella moría de amor por dentro con cada una de sus tonterías.

   —Ya estás dejando de tocarme los ovarios, porque este no es ni el momento ni el lugar para estos jueguecitos tuyos —su rostro se mostró sereno a pesar de lo afilado de sus palabras. Eleder sonrió satisfecho.

   Los tres miembros de la Sociedad del Zircón se hallaban enrollando todos los planos que encontraron para presentarlos como prueba ante el resto de socios, cuando tres personas entraron por la entrada principal a aquella estancia, encontrándoles con las manos en la masa y sin tiempo de reaccionar, aunque tampoco era que tuvieran planeado hacerlo. Arthur, Celia y un tercer hombre que les fue desconocido, se plantaron delante de ellos con los rostros fruncidos en un gesto de sorpresa y enfado.

   —Estimados colegas... —comenzó Arthur.

   —Corta el rollo Arthur. Venimos de un futuro posterior al tuyo, sabemos todo lo que tienes planeado y las consecuencias de este jueguecito. Venimos a llevarte a tomar responsabilidades ante el resto de miembros y detener esta locura de proyecto tuyo. —Le corta Jon de golpe.

   Sin saber muy bien cómo comenzó todo aquello, Eleder y Ainara acabaron divisando desde su escondite una épica pelea. Todo sucedió demasiado rápido incluso para quienes lo vivieron sobre su propia piel. La maquinaria terminó destrozada y sus piezas esparcidas por el suelo. El aceite de las máquinas comenzó a correr por el suelo entre planos esparcidos y las cajas de madera. Mireia gritó para hacerse oír sobre todo el alboroto de aquella loca contienda.

   —¡LOS CRISTALES!, ¡QUITÁDSELOS! —Lo dijo al tiempo que llevaba su mano al cuello de Celia y le arrancaba el colgante de un tirón.

   Ainara se giró hacia Eleder con la adrenalina a flor de piel.

   —¿Fumas? —le preguntó al chico.

   —¿Qué? —respondió perplejo el muchacho.

   —¿No tendrás por casualidad un mechero encima? —intentó hacerse entender Ainara.

   Eleder se paró a procesar aquella pregunta y seguido se miró en los bolsillos, sacando finalmente un mechero amarillo.

   —Es de Endika, me pidió que se lo sujetara esta mañana. No sé cómo es que lo sigo teniendo. —se explicó Eleder.

   Ainara se lo quitó de las manos, cogió uno de los planos esparcidos por el suelo y lo prendió con el mechero. Eleder se quedó helado, sin saber cómo reaccionar a aquello. Ainara acercó el ardiente papel al suelo y lo soltó sobre un río de aceite de máquina que comenzaba a extenderse con rapidez por la sala. En el mismísimo instante en el que aquello prendió salvajemente, Ainara cogió a Eleder del brazo y de un salto lo arrastro hacia la salida mientras gritaba a pleno pulmón.



Yepescritora _98

#940 en Ciencia ficción
#4588 en Fantasía

En el texto hay: viajes en el tiempo, ciencia, magia

Editado: 08.06.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar