La Sombra Del Holocausto.

Capítulo 43.

Sentía pánico cada cinco segundos.

Tenía que llevar tres platos finos y brillantes, supuse que eran de porcelana, por bordes tan lisos y hermosos, me aterraba tocarlos de mala manera, llenos de sopa, los platos ya estaban en mi mano junto con las cucharas de plata brillante, caminaba con cuidado y al mismo tiempo aquel aroma era embriagador para mi nariz, el olor deliciosamente prohibido para mis papilas era tan fuerte que hubiera sido preferente que me cortarán la lengua con un chuchillo a seguir soportando el hambre atroz que sentía al olfatear la sopa. Llegue a comedor y frente a mi estaban sentados tres sujetos SS, a dos los conocía perfectamente, levante la cara y pase saliva, serví primero a uno, después al otro y por último Kurt. 
Su disimulo por tratar de no mirarme se le estaba acabando, me aleje unos pasos frente a ellos. Uno, el hombre más mayor de todos tomo su cuchara y comenzó a juguetear con la sopa, no pude dejar de mirar cómo iba a comenzar a comer, y no pude evitar que la boca se me hiciera agua, cuando este desvió la mirada y me dijo;

―¿Qué esperas que no te largas? ― Me pregunto seco.

―Tengo hambre.― Conteste altanera.

Kurt giro a mirarme con cautela y abrió los ojos como platos.

El tipo de la otra silla con la una voz cruda y firme prosiguió. ―¡Retírate! ― grito y con la cara en alto di una sonrisa sin ganas, di media vuelta hasta la cocina.

El hambre que sentía era demasiada fuerte y desesperante, quería comerme cualquier cosa que encontrará, la garganta comenzaba a dolerme y de nuevo tosía sin parar.

―¡Judía! ― Bramó un sujeto desde afuera, tome una servilleta y cubrí mi boca mientras tosía. 
―Ya voy. ― Logre decir al detener mi tos y camine hasta afuera.

―¿Qué? ― Conteste del mismo tono.

Llegue a suponer que esos tipos ya comenzaban acostumbrados a mi carácter y maneras de contestar que simplemente ya no protestaban al comportarme grosera con ellos, ellos sencillamente me ignoraban.

―Sirve otro plato. ― Ordenó 
Wilm sentando en la silla superior. Gire a mirar la silla y Alaric acomodaba su gabardina en el respaldó de la silla, el giro a mirarme y me dio una sonrisa leve y cautelosa, hice lo mismo mientras que Wilm me dio un empujón leve. ― No te quedes ahí parada, escoria ¡Ve a servirle!

― No tienes que ser grosero con ella. ― Interrumpió Kurt con voz molesta.

Los ruidos de los platos contra las cucharas se detuvieron. Con rapidez gire a mirarlo con los ojos más abiertos.

―¿Que sucede, Kretschmann? ― Contesto otro. ― ¿Te estás lamentando por estos parásitos?

― No, señor ― afirmó con seguridad.

― Él quiso referirse a que... ― Aclaró la garganta y continuó ―... suficiente tienen con estar aquí. ― Término Alaric.

El hombre mayor dejo caer la cuchara en el plato y giro a mirar a Alaric. ―Déjame decirte algo, Kirchner. Si están aquí, es porque se lo merecen los muy bastardos. Se merecen eso y más. ¿Comprendes? ― Ese tipo era bastante intimidante aun para sus compañeros de trabajo, Alaric bajo la mirada avergonzado.

Wilm Escupió una risa burlona y siguió comiendo. El hombre mayor de pronto giro a mirarme. Sonrió, me miro y pude sostener la mirada. ― ¿Verdad, judía?

Lo mire con desdén y cautelosamente gire los ojos a mirar a Kurt, el negó lento la cabeza y por primera vez pensé unos segundos en lo que estaba apuntó de salir de mi impertinente boca, me quede callada un momento, y me guarde muy en mi interior lo que en realidad tenía que decirle. Lo mire a los ojos y le dije;

― Sí, señor. ― Conteste casi susurrando. Comprimiendo algo en mi estómago lleno de rabia, ejerciendo presión en mis puños. El hombre mayor se levantó de la silla, tomo su abrigo y salió del comedor sin decir nada y camine de nuevo dentro de la cocina por el plato que iba a servir. Ya servido camine fuera de la cocina y accidental pero satisfactoriamente el plato se tambaleo en mis manos y fue a caer encima de los pantalones de Wilm. Mi frente comenzó a sudar y la mandíbula me temblaba, el tipo dio un grito de dolor y le levanto con actitud brusca hacia a mí, en ese momento Kurt se levantó también de la silla golpeando la mesa con las palmas, Wilm giro a mirarlo, después a mí. Kurt tenía la mirada imponente y peligrosa, en ella se podía observar el odio hacia aquel sujeto, su mirada decía que no se acercara a mí, el rostro enrojecido de Wilm fue recuperando su tono blanco normal y soltó una carcajada irónica. ― Me voy. ― Dijo sonriente mirándolo a los ojos, después giro a mirarme con cara de pocos amigos y salió de ahí.

Di un grandioso respiro de alivio, tape mi frente con la mano, miraba al piso de madera y luego a él. Lo encare con un gesto transparente y quise dar media vuelta, no pude, pues el alcanzo a tomarme de mi brazo con toda la corpulencia y lozanía de un muchacho de veinte tantos años como lo era él. ― No me des la espalda. ― Ordenó con la voz ronca. 
― A veces creo que debí de dársela hace mucho tiempo.

El rizo el ceño y me llevo hasta adentro de la cocina. Por fin me soltó.

― Te arriesgaste mucho allá afuera. No sabes quién es ese sujeto.



LIlianna S Villanueva

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En el texto hay: segunda guerra mundial, nazi, nazis

Editado: 04.03.2018

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