Lacrimosa

Súplica

Las gotas de la regadera caían en su cabello, resbalaban por sus mejillas y por último caían hasta sus pies.
Algunas aún estaban teñidas de rojo mientras otras eran cristalinas.
Roma dejo que las pequeñas gotas golpearan su rostro. Después de varios minutos bajo el agua de la regadera, salió cubriendo su cuerpo con una toalla blanca.
¿Esto es la muerte? Un dolor vacío, un dolor triste, un dolor agrio.
Una parte de ella quería dejar de llorar y seguir adelante sin embargo, no sabía cómo seguir.
Nadie te enseña a vivir. Nadie te enseña a respirar. Nadie te enseña sentir... Es solo el instinto de supervivencia... Pensó.

Tres golpes a la puerta la hicieron perderse de sus pensamientos.
- Apresúrate, no puedo perder más tiempo. -
Sí, esa era la voz de Súplica. Dio un suspiro y respondió.
- En un segundo salgo. -

La voz de Roma jamás se había escuchado tan apagada. Quizá era la dura transición que había sufrido o quizá lo que sufrió en sus últimos momentos de vida, la traición de su madre, los diálogos verdaderos de sus amigos. O solamente estaba entendiendo lo dura que es la muerte.

La vida solo es la sombra de la realidad de la muerte, por eso es que pasa tan rápido. La muerte solo es el comienzo.

Ella cepilló sus dientes y arreglo su cabello sin pensar en nada, sin sentir nada, esta vez no tenía emoción por algo o por alguien. Esta vez no valía nada para ella.
Roma abrió la puerta. Súplica estaba sentada en un sillón antiguo. Ese sillón era un regalo del padre de Roma.
- ¿Cómo estás? Niña. -
Roma camino hasta su espejo sin decir ni una palabra, sin hacer ningún gesto. No respondió.
Súplica suspiró mientras veía los pies descalzos de Roma aún húmedos. Estos dejaban huellas en la madera.
- El silencio es el peor aliado de los muertos. -
Roma la observó a través del espejo.
Súplica también la observó mientras tomaba un libro viejo que estaba en la mesita junto a ella.
- Quiero ver si es verdad lo que tu libro dice. -
Al abrirlo tenía un montón de fotos de Roma, desde que era un bebé hasta el momento de ahora.
Súplica saltaba de foto en foto como de en hoja en hoja. Roma se había acercado a Súplica y ahora estaba sentada junto a ella.
- Ese día... -
- Si, conozco ese día a la perfección... El sol después de una tormenta. -
- ¿Cómo? -
Roma parecía confundida.
- Así se titula ese capítulo, porque fue tu primera sonrisa después del accidente.
Comenzó con un día soleado, muy raro en este pueblo, Víctor y tú... -
Roma bajo la mirada mientras Súplica seguía contando.
- Fue su primera cita solos, sin amigos, solo ustedes dos. Primero vieron el último juego de béisbol juntos, se tomaron está fotografía para plasmar el momento... -
La voz de Súplica se perdía en los pensamientos de Roma.
Para Roma, Víctor fue su primer amor. Fue de quién se enamoró por primera vez, a quien amo con toda su alma sin saberlo.
Amo cada defecto, cada cualidad, lo amo aún sabiendo que él estaba enamorado de otra chica. Lo amo tanto que jamás pudo odiarlo.

- En fin, fue, es y será un egoísta...-
- Víctor no es un egoísta. -
Repuso Roma al reincorporarse a la historia que contaba Súplica. Ella cerró el libro mientras guardaba las fotografías.
- Entonces por lo visto, no me estabas prestando atención. -
- ¿No hablabas de Víctor? -
- No, no, no... Víctor no es alguien o algo de lo que hablaría de tal forma, él es muy dulce. -
Roma observó la fotografía que aún sostenía Súplica. En ella solo estaban Víctor y ella.
- Entonces... -
- Yo hablaba de este maldito idiota. -
Súplica señaló a una persona sentada al fondo, al parecer bebía algo mientras leía un periódico local.
- ¿William? -
- No cariño, no siempre hablo de William. -
Roma tomó la fotografía para ver con más claridad, solo ella y Víctor y el tipo al fondo, intento enfocar más su mirada para reconocer el rostro pero Súplica se la arrebató.
- No, niña, aún no. -
Dio un chasquido y la fotografía desapareció ante sus ojos. Súplica noto el cambio de Roma, sus ojos apagados ahora tenían un poco de vida, el silencio para un alma sin rumbo puede ser devastador.
- Nos vamos... -
Súplica se levantó pero se detuvo al ver el aspecto de Roma. Llevaba un atuendo completamente negro, sus ojos estaban maquillados con sombras negras, sus labios partidos y sin color.
- No es por nada niña pero una sombra tiene mejor sentido de la moda. -
Roma observó su vestimenta, por un segundo se sintió mal e intento cambiar su atuendo pero en un segundo cambio sus pensamientos.
Ajusto la correa que colgaba de su pierna derecha y cerró bien su bota.
- Si, bueno vámonos. Estoy lista. -
Solo dio un paso cuando su cabeza estalló, miles de voces y gritos resonaron en su cabeza como una sinfonía imparable. Su nariz comenzó a sangrar mientras ella gritaba.
- Roma ¡Roma! -



Dark_rose

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En el texto hay: drama, suspenso, misterios y secretos

Editado: 01.07.2019

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