Lacrimosa

Conexiones del tiempo.

Habían pasado dos días desde la última vez que William había pisado el hogar de Roma, y ahora estaba ahí de pie sin sentir ningún arrepentimiento.
Dio un respiro fuerte mientras pasaba sus dedos entre sus cabellos.
La casa estaba silenciosa, William había revisado cada rincón y en ningún lugar había encontrado a Roma.
Esta era la segunda vez que buscaba a Roma; la primera al no encontrarla salió y con las sombras que tenía consigo busco en todo el pueblo pero no había rastro.
Estaba comenzando a sentirse impaciente, pero no perdía la calma. Por último reviso el sótano. Ahí se dio cuenta de que faltaba una caja negra. Él las había contado, eran cuatro sin contar la suya y la caja dorada.
Ahora sólo eran tres las que permanecían ahí. Faltaba la claymore de aquel demonio que dejaba una mancha en su trabajo.
Estando allí abajo también vio los cuerpos de dos espíritus, uno mutilado y otro apuñalado, tomo notas y medidas de todas y cada una de las heridas.
Se quedó unos momentos en silencio, sabía que eso no era nada bueno; por el tipo de cortes torpes y sencillos sabia que se trata de la mano nerviosa de Roma sin embargo, otros cortes y puñaladas eran perfectas e impecables, eso sí que era malo…
Lo dedujo al instante, ella había utilizado la claymore de Roma C. Para atacar al espíritu.
La claymore no solo la ayudo a defenderse también la había llevado hasta donde estaba Roma C.
William volvió a sentirse molesto, él había protegido la casa de Roma para que los espíritus no entrarán.
Súplica no podía quitar su maldición, solo un demonio podía hacerlo y él sabía perfectamente de quién se trataba.

Un ruido lo interrumpió de sus pensamientos.
Se apresuró hasta donde escucho el ruido, los conjuros que Súplica había aplicado hacían efecto, no lo dejaban moverse con su velocidad normal, tampoco le permitían soltar muchas sombras.

Subió al ático, como lo pensó, no había nada más que polvo, telarañas y cosas viejas.

- Roma. -
No obtuvo respuesta. Camino tocando todas las cosas, manchando sus dedos de polvo hasta que se detuvo en un baúl lleno de polvo.
- Me preguntó ¿Quién habrá dejado marcas en este baúl? -
Roma salto del baúl tratando de escapar pero por el temblor de sus piernas se atoro en una de las correas que había en el baúl.
Estaba a los pies de William.
- ¡Aléjate! ¡Súplica! ¡Súplica! ¡Roma C.! Ayuda... -
William la sujeto mientras cubría su boca, Roma estaba aterrada. Él lo sabía, era malo.
- Tranquila, tranquila no te haré daño... -
Susurró en su oído, él comenzó a sentir las lágrimas de Roma seguida de una fuerte mordida en sus dedos.
William dejó de hacer fuerza y soltó a Roma, ella cayó al piso intentando abrir la puerta del ático pero era imposible, William la había cerrado con una de sus sombras.
Ella siguió gritando y pidiendo ayuda.

- Tranquila, no volveré a dañar tu cuerpo... -
Parecía no escucharlo, seguía gritando y gritando.
- Me equivoqué, no debí castigarte de esa forma... -
Dejó de gritar pero seguía llorando, está vez lo estaba observando a los ojos.
- Claro que no... ¡No hice nada contra ti! -
- Una mentira no merecía tal agonía. No me voy a disculpar, pero si te voy a prometer... -
- ¿Promesas? No necesito promesas, mi corazón necesita una disculpa. -
William sintió repulsión.
- Yo no me disculpo, yo prometo y cumplo. Toma o deja mi promesa Roma. -
La voz de William era dura, Roma había dejado de llorar y se había puesto en pie.
- Te escucho demonio. -
Al escuchar la voz de Roma llamándolo demonio, sintió un golpe frío en el estómago. Un recuerdo le vino a la mente, un recuerdo que sin duda era malo.
- Bien humana, te prometo que mientras vivas no voy a lastimar tú cuerpo. -
Roma observó a William, intentaba parecer dura ante la situación pero en realidad moría de miedo.
William la observó después continúo.
- Para hacer que mi promesa se cumpla y que vuelvas a confiar en mí te dejaré cerrarlo. -
Roma tardó en responder.
- ¿Cómo? -
William sabía que Roma estaba a punto de ceder.
Extendió su mano mientras le daba su claymore a Roma.
- Las partes más sensibles al dolor en los humanos son los ojos, tímpanos, dientes y la parte bajo el párpado. Esto no cambia en demonios.
Para cerrar la promesa tendrás que extirpar alguna de esas partes de mi cuerpo y siempre llevarla contigo. -

William estaba seguro de que si Roma tomaba la claymore todo lo que pensaba sobre su progreso sería peligrosamente alto.

- Bien. -
Roma tomo la claymore, William acepto el peligroso progreso de Roma.
William cerró el baúl y se sentó sobre él.
- No te preocupes, será algo que no se vea a simple vista. Un diente. -
William sonrió, al parecer Roma segura teniendo pensamientos humanos. Vio sus manos temblar y sonrió.
- Estos son mis dientes de apariencia humana, ahora te mostraré mis verdaderos dientes de demonio. Hazlo rápido. -
William abrió su boca hasta tocar su pecho, parecía como si su mandíbula hubiese desaparecido.
Roma quedó pasmada al ver las hileras de dientes afilados y con una punta increíble.
Sentía miedo pero lo hizo rápido, cerró los ojos mientras lo hacía, William por su parte, le dolía pero lo soportaba. Emitió un gruñido que terminaría todo. Roma había sacado un diente afilado de William.
- Bien, ya hemos perdido mucho tiempo... Hoy iremos a mi hogar. -



Dark_rose

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En el texto hay: drama, suspenso, misterios y secretos

Editado: 01.07.2019

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