Lacrimosa

Aura.

Al pasar de puente en puente, Roma comenzó a notar los cambios en los caminos, cada vez eran más resistentes.
Algunos tenían diferentes materiales como piedra y concreto; las sogas y los tablones, desaparecieron como si fuesen un espejismo. Los caminos pasaron de ser angostos a ser muy espaciosos.

La neblina bajo su densidad, ahora se concentraba bajo los puentes, ocultando los picos de la agonía. El cielo hizo un rugido potente, los puentes se estremecieron con un ligero temblor, Roma se detuvo al sentir el movimiento, dirigió la mirada al cielo y observo una de las bellezas del inframundo.
Del cielo caían pequeños copos grisáceos cubriendo la mayor parte del suelo, muy parecidos a la nieve que cae en las tierras humanas.
William levantó sus manos para confirmar su sospecha. Roma por su parte estaba a punto de probar un pequeño montón de copos que había juntado en sus manos.
- No te lo recomiendo. -
William se detuvo y soplo los pequeños copos de las manos de Roma.
Después sacudió su propio abrigo con un poco de molestia.
En ese momento Roma pensó en lo engreído y excéntrico que era William, claro sin dejar pasar el lado narcisista que llevaba muy dentro.
- ¿En qué te afecta un poco de nieve? -
Preguntó Roma mientras volvía a juntar copos de lo que parecía ser nieve. William sacudió su cabello, después hizo aparecer dos sombras grotescas, que con un solo llamado respondieron a su dueño.
La primera sombra se abrazo con fuerza del brazo de William para cubrir la cabeza de su amo. Mientras la otra se acercaba a Roma con rapidez. Ella se alejo, evito a la sombra con un movimiento rápido.
- No te preocupes, a mi no me afecta un poco de nieve. -
William se detuvo y observo a Roma.
Le sonrió y preguntó.
- Dime ¿Desde cuándo la nieve es gris y no blanca? -
- Supongo que es gris por ser el infierno. -
- Bueno... En lo personal, yo odio los huesos carbonizados en mi cabello y en mi abrigo, son muy difíciles de limpiar... -

Esta vez fue a la inversa, Roma corrió hasta donde estaba la sombra para usarla de sombrilla. William comenzó a sacudir su abrigo para quejarse una y otra vez.
- Mierda... Deberían incinerar los huesos en otro momento, no justo ahora... -
Roma tenía tiempo que no se preguntaba si todo esto era real. Ella ya había aceptado que quizá esta era su realidad.

- ¿No vas a preguntarme algo sobre el infierno? Vamos, yo en este caso soy como tu Virgilio, pequeña Dante. -
William comenzó a reír tranquilamente, como si recordara algún momento que le lleno de júbilo. Roma sonrió y respondió.
- No hay nada que pueda preguntar o que no pueda saber de este mundo, leí muchos libros sobre el cielo y el infierno, supongo que soy una maestra en esos temas... -
William dejo de caminar con velocidad para estar al paso de Roma.
- El libro de Dante es el más acercado a esta realidad, no obstante, Dante recorrió el infierno como víctima y no como tú y yo.
A lo que me refiero es... -
William se detuvo al imaginar una escena parecida a la de Dante y Virgilio, en el momento exacto donde se despiden. Por un instante su frío juego se desvaneció para hacerle una pregunta a Roma que cambiaría todo nuevamente.
- ¿Serás tú quien tomará mi vida o serás quien llorará mi muerte? -
Roma sintió una punzada en el corazón. Tardo varios segundos en responder, mantuvo la mirada baja y después respondió:
- Jamás podría dañar a alguien tan fuerte como tú... -
- Entonces, no me he equivocado, por esa mente llena de secretos y huecos, existe la idea de matarme… -
Roma negó mientras movía las manos.
- No, no, no... Lo que quiero decir es que... Tanto como Suplica y tú, me han ayudado y me han protegido. Jamás podría hacerles daño... Son como mis padres... -
La respuesta de Roma venía desde lo profundo de su nuevo corazón. Para ella ser castigada y educada por William y Suplica era lo más parecido a sus padres. Les había tomado un cariño que ni ella misma había reconocido hasta este momento.
William soltó un suspiro mientras observaba a Roma con ternura, después rápidamente volvió a su semblante tranquilo y elegante, en otras palabras volvió a su juego.
Se alejo varios pasos para responderle a Roma, él le daba la espalda a Roma.
- Tendrás que estar preparada para cualquier escenario... Uno nunca sabe lo que pueda suceder. -

Roma no logro escuchar las palabras de William, pero tampoco se animo a preguntar lo que había dicho. Siguió caminando, en silencio y despacio.
Por su mente pasaban las advertencias de Roma C. Y de Suplica. "Cuidado con quienes juegan las cartas a su favor, al inicio siempre dan sus cartas a tu favor dejando las mejores al final... Y al final tu pierdes". “Pueden ser tus mejores amigos, tus familiares, tus conocidos, vaya esos demonios... Son maestros de engaño cuando se trata de dañar el alma"...

Una corriente de aire hizo que las cenizas se esparcieran como una tormenta de arena o como una gran tormenta de nieve.
Roma intento correr hasta William pero este solo desapareció ante sus ojos.
- ¡William! -
Grito Roma sin embargo, no hubo respuesta. Cubrió sus ojos, pues la ceniza se había vuelto agresiva, era como pequeñas cuchillas intentado cortar su cuerpo. El viento golpeó aún más fuerte causando que la sombra que se aferraba al brazo de Roma desapareciera.
Ella se mantuvo firme y siguió adelante hasta que choco con dos grandes puertas. Estas puertas se abrieron dejando salir un resplandor dorado que inundó los ojos de Roma.
Dos hilos dorados sujetaron los brazos de Roma haciéndola entrar hasta donde surgía aquel resplandor.
Ella sabía que resistirse sería un error, los hilos podrían cortar sus muñecas. Cerró los ojos y entró.



Dark_rose

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En el texto hay: drama, suspenso, misterios y secretos

Editado: 01.07.2019

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