Lacrimosa

Segundo acto.

- William, tenias todo el derecho de dañarme, yo no tenía razón alguna para enfadarme contigo, destruí tu vida entera, fui culpable de todo… tienes todo el derecho de dañarme... Estaré de acuerdo... -
William interrumpió a Roma, los dos seguían en la sala de los demonios al igual que Lucifer y Zozo.
- No tengo ninguna razón para causarte daño, hace tiempo que eso sucedió... En lo personal estoy conforme sin Gabriela. -
Roma bajo la taza de su boca y limpio sus lagrimas. William siguió explicando.
- Después de morir, en el purgatorio me encontré con ella. Con lo que exactamente debería suceder con ella. Logré observar solo un poco sobre su juicio... La única falla en su vida, fue conocerme, yo era el error que le había costado la vida. Se supone que Gabriela, debía morir de alguna enfermedad crónica y no en el parto.
Después de verla salir, ella no me reconoció, fue como si su memoria y su historia se hubiera ajustado a la vida que realmente debió llevar. -
William parecía no tener ninguna especie de rencor hacia Roma, eso le alegraba tanto a Roma, no quería perder a William.
- Eso es lo que sucede en el purgatorio, verifican toda tu vida, y si encuentran un fallo, investigan hasta llegar al origen. No importa las generaciones que hayan pasado, solo buscan eliminar esos fallos para poder juzgar tu vida de una manera correcta.
Algunas veces, como el caso de Gabriela, borran cada uno de los recuerdos sobre esa falla hasta que no quede nada... -
Roma interrumpió a William, este aprovecho para tomar un largo trago de café.
- Entonces, si se borran todos los recuerdos, emociones y sentimientos. ¿No habrá un vacío en el alma? -
William sonrió y respondió.
- Me alegra que preguntes eso, la respuesta es un simple no. Porque ellos no solo borran, también comienzan a reescribir la historia hasta que tenga el final que se debió tener. Es como escribir un libro, no te gustan los diálogos y simplemente los cambias, claro siempre y cuando seas el autor o parte del equipo de edición y tengas autorización del autor...
Y el autor en este caso es... Nuestro creador... Dios. -
Su voz se torno frívola.
Roma estaba a punto de seguir con el mismo tema, William también estaba dispuesto a seguir explicando cada cosa que Roma preguntara pero, en ese instante entró Roma C.
No sólo los ojos de William, también los de Lucifer y Zozo se clavaron en Roma C.

- ¿Puedo acompañarlos? -
Preguntó Roma C. al tomar una silla y acercarla a la mesa de Roma y William. Lucifer tomó otra silla al igual que Zozo.
- Nosotros también los acompañaremos. -

En la pequeña mesa circular se encontraban los cinco sentados en silencio, intercambiando miradas de recelo, algunas llenas de astucia mientras otras sedientas de sangre.
Roma C. se levantó para acercarse a la barra donde tomó un juego de té, la tetera y las tazas temblaban mientras Roma C. las llevaba hasta la mesa.
Volvió a tomar asiento.
Preparo el té, sus manos temblaban como nunca. Sus ojos tenían una mirada perdida e inyectada en sangre.
- ¿Miel y leche? Roma. -
Pregunto mientras vertía el agua, la leche y por último la miel en la taza de Roma. Ella no había dicho ni una sola palabra.
Pasó las tazas, hizo la misma preparación para cada una. Todas contenían lo mismo.
Él bebió de su taza antes que todos.
- ¿Qué sucede Roma C.? -
Preguntó Roma, rompiendo aquel silencio que alertaba a los presentes. La sala de los demonios se había quedado vacía en instantes.
Lucifer sujeto la mano de Roma por debajo de la mesa, ella lo observo. Se arriesgo e hizo lo que su corazón le dictaba en esos momentos. Sin embargo, Roma C. comenzó a hablar antes que ella.

- Es extraña la vida de los humanos, llenas de fallos grandes y pequeños. Para evitar esos fallos tienes que seguir concentrado en las metas y demás, pero que sucede si escuchas y ves diariamente al fallo sin darte cuenta. Si abandonas la vida laboral y personal por ese fallo que parece ser una estrella caída del cielo.
Tu alma se va pudriendo desde adentro hasta que no quede nada.
Algunas veces tarda un tiempo, otras veces solo horas... -
William arrojo la taza contra la pared con gran ferocidad.
- ¿Qué mierda te sucede? -
Roma C. volvió a beber de la taza,
sin dirigirle la mirada a William le respondió.
- Oh vamos William no me vengas a mentir en la cara, todos sabemos que intentaste llenar ese vacío que dejo Gabriela con Suplica... Pero eres un demonio que hace tanto tiempo dejó de querer y comenzó a mentir. -
William se lanzó contra Roma C. derribando la mesa donde estaban.
Lucifer tomó a Roma mientras Zozo se interponía entre ellos.
- ¿Qué vacío pretendes llenar? En tu vida no existió una familia, no existió a nadie a quien en realidad amaras, no existió persona alguna que cambiaras con tus palabras... -
Lucifer estalló en furia, sus ojos se tornaron carmesí, un carmesí intenso.
Roma estaba anonadada no sabía siquiera como reaccionar.
Pero lo que estaba segura era de que todo era por ella.

Roma C. sacó una daga, diferente a la claymore de William y muy diferente a la daga de Suplica.
Era oscura con un diamante en la empuñadura.
Zozo alertó a Roma y Lucifer para que se alejaran. Esa arma era muy peligrosa incluso para él.
William estaba cerca y también había sacado su inigualable claymore.
- ¡Es imposible que tú tengas eso! -
Grito Zozo con furia.
- Fue un regalo... O un préstamo, sinceramente no lo recuerdo. -
Roma C. comenzó a reír con locura, Roma recordó vagamente la risa maniática de su madre. Los ojos perdidos y la furia incontrolable, sabía que esto terminaría mal.
- Si ella no viene conmigo, todos morirán. -
William lanzó la primera estocada.
- Silencio degenerado. -
Roma C. la recibió con gusto, como si disfrutará el dolor. Disfruto desde el momento en el que el filo cortó su piel para entrar en su cuerpo, lo disfruto hasta el momento en que William la saco.
- Ahora es mi turno. -
Roma C. se movió con tanta agilidad y rapidez que William no pudo esquivar el ataque.
Roma C. había hecho un corte en la espalda de William, un corte perfecto y profundo.
Las pupilas de William se hicieron pequeñas mientras caía de rodillas al suelo. Nunca imagino el poder de tan bella espada.
En su espalda se podía ver una columna vertebral a la perfección. Desde sus cervicales hasta comienzo de las lumbares. Todas ellas rodeadas por terminales nerviosas y los músculos rasgados.
La sangre no tardo en correr. William cayó en su propio charco de sangre, estaba agonizando.
El mundo de Roma se vino abajo. Corrió hasta donde estaba William sin embargo, Lucifer y Zozo la detuvieron.
- Es demasiado peligroso… -
Zozo trataba de advertirle a Roma.
Roma C. limpio la sangre de William de la daga con su lengua.
- Explíquenme por favor par de idiotas, ¿cómo se les ocurrió venir al infierno sin armas? Bueno Zozo de ti lo entiendo, desde hace un tiempo eres carroñero, pero de ti Lucifer... Confiscaron tus armas o tan solo las olvidaste... Ahora me temo que tendrán que morir junto al AGONIZANTE WILLIAM. -
Roma se soltó de los brazos de Lucifer para esquivar a Zozo.
- No hay necesidad de lastimar a nadie más... Por favor, ya no más, iré contigo. Tienes todo derecho de estar enfurecido conmigo... -
- EXCELENTE... -
Aclaro su garganta y dejo de gritar para poder continuar. Roma estaba frente a ese maniático en quien alguna vez confío.
Roma C. tomo una de las tazas tiradas en el suelo y vertió lo último que quedaba en la tetera rota.
Extendió sus manos para que Roma tomara la pequeña taza rota.
Ella la tomó pero antes de beber de ella observo los ojos de Roma C.
- Antes de beberla, promete que William estará bien. -
Al escuchar las palabras de Roma, Zozo se percato de que eran promesas lanzadas al viento. Sabía que tanto como él y como Lucifer correrían para alcanzar a Roma y que William se quedaría a morir solo, ante las miradas de los otros demonios que esperaban por entrar y devorar a William.



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En el texto hay: drama, suspenso, misterios y secretos

Editado: 01.07.2019

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