Lacrimosa

El sotano.

En el espejo, se reflejaba su propio rostro, sus cabellos negros y completamente lacios recorrían su cuello; sus ojos negros jamás se vieron tan apagados como ahora se veían. Se preguntaba como todo había cambiado en cuestión de días. Pensó en como seria su vida si tan solo hubiera seguido adelante como lo hacen las demás personas ante una tragedia.
— Después de advertirte todo lo que está por suceder, veo que tuviste una mejor reacción que Roma... o quizá solo estés en shock. —
Morgana observo a Lucifer a través del espejo. Él, le daba la espalda a Morgana, trataba de evitarla, ella no era un humano de su agrado.
— Que te puedo decir, he sido muy razonable y tranquila. —

— No, eres conformista. Eres una humana a la que la envidia la corrompió, ahora dime Morgana ¿es tan genial como lo imaginabas? ¿Crees que Roma se divirtió durante todo este tiempo?... odio a quienes intentan jugar un juego que no les pertenece. Aborrezco a aquellos que desean la vida de los demás. Son humanos detestables. —

Lucifer la observo, sus ojos eran parecidos al color del jade. Morgana no sintió temor, sabía que todo había cambiado desde el primer momento en que ellos se cruzaron en su vida. Ahora estaba la muerte frente a ella, no obstante, ella no temía, porque sabía que moriría pronto para finalizar su tormento.
— En fin, tu nombre está escrito en una de las listas de los muertos. La verdad no me interesa que sucederá con tu alma corrupta, solo lo hago por ella... —
Morgana interrumpió la voz fría de Lucifer. La mirada de Lucifer era áspera, parecida a la de William, solo que en Lucifer era una mirada olvidada.
- ¿Ella ya lo sabe? -
Preguntó al tomar una fotografía que estaba colgada frente a ella. Atrás de la imagen venían los nombres de ellos, era un viaje escolar que habían hecho juntos, parecían muy felices, Roma, Morgana, Camila y Víctor.
Lucifer prefirió observar como la lluvia azotaba las calles. No podía sentir ningún tipo de compasión hacia Morgana.
— No. —
Morgana tomó uno de sus libros para guardar aquella fotografía que hace tiempo había apreciado tanto.
— Cuando muera, estos recuerdos que estoy creando y que estoy viviendo. Serán sustituidos por lo que debí vivir. Creo que no importa lo que suceda. A mis amigos y en especial a mi familia, a quienes ame con toda el alma. Quiero que sepan que estoy destrozada, quiero que sean conscientes del infierno en el que vivo a cada momento. Quiero que me olviden y sigan adelante, deseo con toda el alma que ellos no sufran ni una sola llama de este infierno.
Me quema en vida sin poder sentir nada, más que una frívola apatía que va dirigida a los demás.
Eso escribió Roma... En uno de sus ensayos. Creo que ahora vivo lo que ella vivió en carne propia. —
Lucifer seguía teniendo esa mirada fría, el saber que Roma sufría de tal forma le hizo perder ese color jade que brillaba en sus ojos, ahora solo estaba un color rosa muy tenue. Sin embargo, muy en el fondo sabía que eso estaba mal, Roma estaba sufriendo a causa de su castigo, y el dolor era merecido.
— ¿Tardará en llegar? —
Preguntó Morgana mientras guardaba la nota que Roma había escrito. Lucifer observo la calle, Roma corría como una lunática hacia el hogar de Morgana. No solo vio a Roma, también logro ver a unas cuantas sombras de William, ellas seguían a Roma entre las sombras. No obstante, no podía sentir la presencia de William, tampoco podía oler su aroma. Dio un paso al frente mientras decía para sí mismo:
— Será una larga noche. —
Lucifer soltó un suspiro lleno de agobio. Morgana se levantó, ella estaba a punto de salir.
— Gracias Lucifer. —
Lucifer la observo con apatía, con esos ojos que parecían hechos del jade más puro.
— No me interesas en lo absoluto. —
— Pero soy importante para ella, por eso la advertencia, por eso te agradezco. —
Morgana jamás temió de los muertos, jamás temió de los demonios, pero siempre decía que no existían seres más despiadados que los mismos ángeles y era algo en lo que no se equivocaba.
— Volveré después. —
Lucifer desapareció dejando una luz blanca, como si un rayo hubiese caído en el balcón de Morgana.

Roma había atravesado el bosque en cuestión de minutos, estaba a tan sólo unos metros de la casa de Morgana.
La madera de la casa estaban manchadas por moho, las plantas habían muerto. Un aroma putrefacto envolvía el lugar. Roma sabía que un demonio estaba cerca. Uno diferente, no se trataba de William o Roma C. este aroma era más potente, más horrible.
Llamo a la puerta una y otra vez, ella gritaba el nombre de Morgana desconsoladamente sin embargo, Morgana no respondía, ella observaba a Roma desde la ventana, sintió como un hilo de escalofríos le recorrían el cuerpo. Roma no parecía un fantasma, parecía un espíritu. Sintió lo que Lucifer no pudo sentir por ella, su corazón se lleno de compasión.
Roma se percato de que Morgana la veía desde la ventana. Comenzó a golpear la ventana pero Morgana prefirió alejarse, su mejor amiga ahora parecía un monstruo sacado de un cuento de terror. Estaba a punto de gritar y ceder al llanto cuando sintió unas manos frías envolver su rostro. Esas manos eran atroces, los dedos largos y delgados con algunas verrugas y gusanos, podía sentir como las uñas se incrustaban en su piel, ella deseaba gritar, para su mala suerte, era muy tarde para ceder al miedo. Primero cubrieron su boca para después cubrir sus ojos y arrastrarla a la oscuridad.
 



Dark_rose

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En el texto hay: drama, suspenso, misterios y secretos

Editado: 01.07.2019

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