Lacrimosa

Telaraña

Dos escaleras con peldaños blancos rodeaban aquella hermosa habitación.
Las estanterías se llenaban con toda clase de libros y pinturas; algunos escritos se escondían entre las rasgaduras de la madera mientras que otros se mostraban plenamente en las pinturas. Aquellos libros se encontraban ordenados por alfabeto, ordenados por el grueso de sus pastas y por la calidad de sus hojas; los más viejos tenían un color y aroma peculiar mientras los nuevos se mantenían en perfecto estado.
Las ventanas daban una vista perfecta al jardín y a la entrada del bosque, que ahora estaba siendo iluminado por la luz tenue de un día nublado.

Roma se dirigió a la entrada justamente enfrente de la pequeña chimenea hecha de piedra, la cual, mantenía el calor de aquella maravillosa sala.
Ella se detuvo y observo el fuego con detenimiento, los pequeños leños era lo único que mantenían el fuego con vida.

Reflexiono todo lo que ella vivía ahora, y todo lo que recordaba haber vivido. Su corazón se llenaba de amargura al imaginar toda su vida como una constante mentira, todos sus sentimientos no tenían valor alguno, pues ella vivió su vida siendo un castigo y no un regalo como ella pensaba. Dejo que sus lágrimas mojaran sus mejillas, dejo que su garganta se cerrara sin saber que decir, deseaba gritar, deseaba poder hacer algo, sin embargo era demasiado tarde. Había condenado a todos aquellos que la habían conocido, a todos aquellos que había amado… ahora, ellos sufrían a causa suya, ella había corrompido sus débiles y tristes almas.
Las llamas del fuego se movieron de un lado a otro, creciendo y disminuyendo, Roma se perdió en aquella danza, era como si el fuego tratara de mostrarle algo, ella lo observo fijamente.

Intento recordar el nombre de su madre, su rostro, su mirada e incluso su voz… Roma siempre había llorado en silencio, si hacer ningún tipo de sollozo escandaloso, no obstante esta vez fue diferente. Grito mientras lloraba desconsoladamente, era imposible, no recordaba nada sobre su madre, no solo le atormentaba no recordar a su madre, intento desesperadamente recordar a sus hermanos solo para percatarse de que ni siquiera recordaba cuantos hermanos tenia, sus nombres, sus rostros ahora eran un recuerdo totalmente olvidado, al igual que todo lo que sabía de su padre.
Los sentimientos que la unían a la idea de tener una familia estaban allí, pero en cuanto a sus recuerdos se desvanecían dejando un vacio que era rápidamente llenado por los recuerdos de Lucifer y Zozo.

— Mamá, lo siento tanto…debo seguir adelante… —

Roma no deseaba aferrarse a un pasado de cual no tenia recuerdo, debía seguir adelante aunque eso le destrozara el alma.

Las nubes tomaron una ligera tonalidad azul, ese color le trajo un recuerdo a Roma, el recuerdo que Zozo le había mostrado, el recuerdo en donde su pasada madre la entrego en los brazos de aquel monje. Paso sus manos entre su enredado cabello y lo jalo una y otra vez, no podía explicarse cómo podía recordar ese suceso con tal claridad. Fueron muchos los minutos que Roma cayó en la desesperación, fueron demasiados.
Después de aquella crisis, Roma no podía ni decir su propio nombre, se encontraba igual que al principio sola, devastada y confundida.

La lluvia comenzó a caer con lentitud, ella la observaba desde adentro, podía jurar que la tierra lloraba las mismas penas que ella. Gota tras gota, fue secando sus lágrimas y forjando un nuevo carácter.

No tardo mucho para salir de su ausencia, el sonido de las escaleras le hizo volver a la realidad, no solo fue el sonido sino también el aroma a rosas frescas que ahora inundaba sus fosas nasales causándole cierto desagrado.
— La humanidad llora penas que no le corresponden, digno de un mártir. No obstante, si llegara a llorar por sus propias penas sin pensar en quienes en verdad merecen piedad… no podría llamarla mártir, por mi parte recibiría el nombre de egoísta. —
Nicolás llego al final de las escaleras, su atuendo no era el más adecuado para presentarse ante Roma, parecía un simple ángel sacado de una pintura antigua, es decir, telas blancas cubriendo lo que se debe proteger a la vista humana; pequeñas cuerdas rodeando su cadera, evitando que las telas cayeras; y un par de sandalias con pequeñas correas.

— Olvide quién soy, olvide de dónde vengo, olvide todo… —

Nicolás soltó un breve suspiro al sostener un viejo libro.

— Puede que sea verdad lo que me dices sin embargo, no lo creo. No lo olvidaste, pues los sentimientos siguen dentro de ti. Lo que te sucede es un típico caso pos- muerte, sucede todo el tiempo, antes de que los muertos alcancen su redención pierden el sentido y se olvidan de la razón por la cual están a punto de cruzar al cielo… —

Roma se alejo de la ventana para prestarle atención, Nicolás se poso junto a la chimenea para leer el libro que sostenía.

— ¿Cuál es esa razón? —



Dark_rose

#414 en Paranormal
#414 en Mística

En el texto hay: drama, suspenso, misterios y secretos

Editado: 01.07.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar