Lacrimosa Carmesí

El río y las almas.

— Bien Roma, ahora es tu turno. —

Arion comenzó a tocar varias notas, que en su combinación creaban una maravillosa melodía que iluminaba lo profundo de la cueva.
Aquella cueva tenía un pequeño lago con una profundidad inimaginable. Cuando las notas de Arion sonaban cortando el silencio, emergía un brillo claro desde las profundidades; como la luz de la luna.
¿Cómo era posible eso? Era una cueva en el mundo humano, era de día, la luna no podía alcanzar su máximo esplendor a esa hora.
Roma intentó acercarse al lago para ver más de cerca a Arion, aún no lograba procesar lo que sucedió; Arion había sido asesinado por los pueblerinos, Lucifer era un ángel y no un humano como ella, y ahora ella era una supuesta representante.

— Tiene que ser una mentira, esto es imposible... —

Las palabras de Roma eran perdidas y desconcertantes para Arion, él la observaba desde el otro lado del lago.
No podía perder tiempo explicando la historia de cada ser del universo, ella lo descubriría con el pasar del tiempo, porque ahora tenía tiempo de sobra.

— Al morir mi pequeña, mi antiguo título pasó a ti.
Volví a mi antiguo lugar entre los ángeles... los humanos no saben tratar con lo desconocido, para ellos es más fácil ser solo ellos.
En fin no hablemos de mí, hablemos de ti... —

Roma lo interrumpió gritando con desesperación, el dolor y la incertidumbre que ahora existía en su corazón era inmensa, Arion podía verlo con facilidad en sus ojos llorosos.

— ¿¡Por qué tenias que morir!? ¿Por qué tenías que irte de esa manera? ... sin explicaciones ni nada... —

Arion suspiró profundamente mientras sus dedos se movían entre las cuerdas de su lira. Las notas se volvieron tranquilas y lentas, formó una melodía que abrazó el ser de Roma.
Ella cerró los ojos, podía sentir unos cálidos brazos rodeando su cuerpo. Parecido al calor humano. No escuchaba un solo latido, escuchaba varios, no le importo, ella siguió sollozando en silencio, pensando que Arion la sostenía en sus brazos.

— La muerte es muy cuidadosa para dar avisos, creo que podrás recordar a Lucifer; dudas de él, eso lo puedo ver pero, no tienes a nadie más parecido en este mundo. —

Roma refugió todo aquello que le molestaba hasta ese momento, había pasado casi un año desde la muerte de Arion.
Zozo se había ido lejos, en busca de un lugar apto para los tres. En cualquier lugar les cerraban las puertas frente a sus caras, nadie quería a tres pobres huérfanos que apenas comenzaban su vida adulta. Por eso, Zozo prefirió separarse de ellos, quizá tendrían mejor suerte solos.
En noches, la calle era su hogar. Lucifer evitaba a toda costa el dejar a Roma sola entre los humanos que compartían su suerte. Eran depravados, eran malvados y sin algún motivo que los detuviera al momento de causar daños.

Se dedicaron a trabajar para los demás humanos, para conseguir agua y comida, y algunas veces un techo en donde dormir. Esto para Lucifer era absurdo, él no necesitaba dormir, no necesitaba comer, sus necesidades básicas no eran de gran importancia. Sin embargo, para Roma era diferente, siendo aún humana debía comer, dormir y cubrir todas aquellas necesidades.
Una noche estrellada, Lucifer observaba el cielo desde el tejado donde les dieron asilo por una noche.
Llevaba sobre su espalda una capa negra y en su mano derecha descansaba la mítica hoz que se escondía en su regazo.
Sostuvo frente a sus ojos aquella lista, leyó con cuidado los nombres de aquellos que estaban destinados a morir. Hizo un sonido de molestia con su boca, pensaba que era injusto lo que sucedería.
Frente a él pasaron varias carrozas, se podía ver, por el tipo de madera y metal que eran humanos adinerados.
La primera carroza llevaba un par de muebles con algunos sirvientes adentro, ellos no tendrían nada que ver con los sucesos que leía Lucifer.
La segunda carroza y la más importante era en donde viajaba aquella familia de soñadores y empresarios podridos en dinero. Dos infantes, un adolescente y un bebé sostenido en brazos de su muy conservada madre. El padre mantenía su mirada baja, parecía dormido.
En la última carroza viajaba la familia secundaria, tíos, primos y abuelos, un lugar muy pequeño para personas muy grandes.

Las tres carrozas pasaban por una pequeña carretera de tierra, aún suelta por la lluvia. El aire era ligero, como una tenue brisa de mar.
Lucifer se levantó mientras sostenía su hoz, guardó la lista para sacar una paloma y dos cuervos de su bolsillo derecho.
Para esto Roma ya lo observaba desde el granero, ella había salido temprano para comenzar con sus tareas.
Pensó en que maravilloso mago sería Lucifer si tan solo actuara como un humano. Sonrió para sí misma al sujetar la cubeta de agua. Tardo poco en comprenderlo; Lucifer llevaba su capa, sostenía su hoz y lanzaba dos cuervos y una sola paloma.
Alguien moriría pronto.
Roma soltó la cubeta para escalar las tablas sueltas del granero. Lastimo sus manos con las astillas, lleno sus piernas de raspones y su ropa de agujeros para llegar a lo más alto.
Estando allí se sostuvo de la pequeña antena y observó a donde se dirigían las aves.



Dark_rose

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En el texto hay: muerte, suspeso, secretos y recuerdos

Editado: 22.10.2020

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