Lacrimosa Carmesí

Luna llena

— Me parecen interesantes los delirios de grandeza que posees.
Tus guerreros son fuertes e imponentes. Eso es algo que no puedo negar.
Las estrategias que nos muestras son difíciles de leer y de entender. Ahora entiendo porque eres un ángel temido.
Sin embargo, yo no siento que seas mi enemigo; pienso que de alguna forma nos entendemos. Deseas volverte un arcángel poderoso, puedo verlo en tus ojos con tan solo ver tu reflejo en esta fría ventana. —

Fleuretty camino hasta él, el cuerpo que ahora poseía estaba muriendo lentamente. Podía verlo con tan solo ver su piel grisácea, algunos trozos de carne muerta se caían de sus brazos y de algunos costados. 
Eteraél limpió la sangre que escurría de su nariz, el infierno y la presencia de un demonio como Fleuretty causaba estragos en su cuerpo. Siguió escuchando a Fleuretty sin decir ninguna palabra, desde el momento en que llegó a esa sala sabía que no debía salir solo de allí. 
Junto a los largos libreros y frente a los grandes ventanales, se encontraban tres cuerpos apilados. Los reconoció al instante, debía llevarse a dos de ellos.

— Inspiras a tus guerreros pero, ¿qué pasaría si ellos se enfrentan a mis guerreros? —

Eteraél frunció el seño inconsciente. Sus guerreros estaban enfrentando a los demonios del infierno, no había otros guerreros. Fleuretty observo la duda en la mirada de Eteraél.

— No me preocupa que esos demonios de azufre mueran en manos de tus ángeles. Pues, ellos no son mis demonios. 
¿Te gustaría ver qué sucede si tus guerreros enfrentan a mis súbditos? —

Silencio, Eteraél no respondió nada ante la pregunta de Fleuretty.

— Lo dejaré para después... Primero hablemos de nuestros intereses ángel.
Puedo ver lo poderoso que eres.
Puedo sentirlo en el fondo de mis entrañas.
Se podría decir que tu poder y tus habilidades igualan a un arcángel. 
Eso me parece digno.
Como antes te lo dije, no estoy interesado en pelear contigo. No te veo como enemigo.
Quiero tu cuerpo, quiero poseerlo y así poder acceder al cielo e invadirlo... por algo Lucifer nos encerró en las jaulas, me sorprendió que nos diera libertad... Ahora ángel déjame entrar...
Invítame...
Di mi nombre... —

Las garras de Fleuretty se mezclaron con el cabello de Eteraél. Sus ojos dorados brillaron dando un destello de luz que hizo que Fleuretty se alejara riendo a carcajadas.
Eteraél lo sabía mejor que nadie. Los demonios antiguos no pueden tomar un recipiente sin antes ser invitados.
Deben ser llamados para poseer su nuevo recipiente.
No doblegó su temperamento en ningún momento, no debía caer ante las palabras de Fleuretty. Por un momento imagino a Fleuretty dentro de él, controlando su cuerpo, obteniendo un poder inimaginable. Una ambición pensó. Un capricho paso por su mente, si vencía a Fleuretty mientras este lo poseía, se quedaría con sus habilidades y conocimientos, así estaría más cerca de ser un arcángel. 
Entonces se dio cuenta de su error. Con su propia espada hizo un corte en su brazo derecho distrayendo a su propia mente con el dolor propio.

— Te lo dije, eres muy inteligente. 
Creó que no podré doblegar tu temperamento así que, comenzaré a mostrarte que tan débiles son tus ángeles ante mí. —

Fleuretty se acercó al gran ventanal, ambas ventanas se encontraban abiertas de par en par, mostrándole a Fleuretty y a Eteraél el campo de batalla donde vencían los ángeles; uno a uno destruía a cada demonio que saltaba sobre ellos. Los arqueros seguían lanzando miles de flechas haciendo que los demonios murieran de forma rápida.
Fleuretty le sonrió a Eteraél de una forma misteriosa.

— El granizo en el infierno es un milagro ¿verdad? —

Dejo caer sus brazos con tal fuerza que se desprendieron de su putrefacto cuerpo. No parecía importarle, dos masas oscuras llenas de escamas lo reemplazaron rápidamente.

Eteraél observo como pequeños trozos de hielo caer. Ese momento se volvió lento para él. 
El granizo cayó de forma rápida, perforando a cada uno de sus ángeles. Sus gritos, su dolor se quedaron grabados en la mente de Eteraél. Era imposible que algo tan pequeño estuviera derrotando a sus ángeles.

— Me parece que aún crees que esto no es suficiente. —

Con tan solo mover sus profundos ojos oscuros, tres demonios salieron de la tierra. El granizo que perforó la piel de aquellos ángeles, tan solo rebotaban sobre su gruesa piel. Eteraél no sabía si su piel era gruesa, o Fleuretty los protegía. 
Esos demonios no eran convencionales; sus garras y su delgadez extrema los hacía diferentes. Con una mirada grisácea le indicaban su ceguera. Entonces si no podían ver, solo podían escuchar. Sintió el sentido de peligro, todos sus ángeles se encontraban en peligro pues, ellos gritaron al ser heridos por ese granizo.

— No seas ignorante Eteraél, no pienses que esas cosas son demonios. —

Eteraél no lo pensó, al instante se percató de aquellas cosas que creía muertas.
Los humanos en su mayoría tienen un criterio estable, sin embargo hace algunos siglos o incluso hace años, varios humanos se adaptaron a un ambiente frío y lúgubre. 
En las montañas, habitan guardianes llamados "wendigos". Estos monstruos alguna vez fueron humanos pero, por azares del destino consumieron carne humana en tierras vírgenes. 
Nadie sabe quién maldijo dichas tierras, algunos humanos mencionan que el mismo diablo camino por esos senderos. Eteraél escuchó decir a la mayoría de los arcángeles que las montañas se diseñaron solo para los animales y no para las humanos. Por ello, Dios lanzó una maldición sobre ellas, aquel humano que se atreviera a pecar en aquellos lugares sagrados, se castigaría con la apariencia y ceguera de un demonio, condenando sus almas a la oscuridad eterna.
Ahora esas atrocidades se encontraban allí, destrozando a sus ángeles pedazo a pedazo. Su fuerza inigualable hacia que las extremidades de sus guerreros se desprendieran de sus cuerpos.



Dark_rose

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En el texto hay: muerte, suspeso, secretos y recuerdos

Editado: 22.10.2020

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