Las notas de tu guitarra

7. Intromisión

Después de algunos días de un inesperado silencio, Brayden regresó con sus señales de vida. Pilló a Ámbar recostada en el sofá tomándose un pequeño descanso con Misha hecho un ovillo a un lado de su cuerpo, buscando su agradable calor. Había comido algo rápido. Aunque algo más sano y natural que de costumbre. De vez en cuando y si el agotamiento no la encontraba desganada, cocinaba algo la noche anterior y de ese modo, no ir tragando tanta bazofia precocinada que no era nada sana.

Se trataba de una videollamada. Así que se angustió, peinando sus cabellos con rapidez en busca de un aspecto un poco más aceptable.

—¡Hola Brayden! —lo saludó, algo más alegre que la vez anterior.

—¡Hola, mi preciosa padawan! ¿Cómo va todo por ahí?

Ella ladeó la cabeza de manera graciosa, arrugando la nariz, disconforme.

—¡No soy ninguna pada…! ¡Lo que sea!

El muchacho soltó una escandalosa risotada.

—No se trata de ningún insulto. Es más, hasta te lo digo de un modo cariñoso.

Ella negó con la cabeza. Seguía sin querer que la llamara así. Se fijó en todo aquello que se veía detrás de él. ¿Se trataba de una habitación de hotel?

—¡Viajante! Eres un tipo de esos que carga con maletas para enseñar muestrarios a otras empresas —explicó, feliz de haberlo adivinado.

Él se giró hacia atrás, echando un vistazo a lo que ella había observado. Era demasiado astuta para su gusto. Después regresó a su postura inicial y la atendió de nuevo.

—¿No vas a parar hasta enterarte de todo?

—¡No! —exclamó, advirtiéndole que sería perseverante ante todo lo que necesitase averiguar. Torció los labios de forma cómica.

—Lo imaginé… —respondió junto a un exagerado suspiro—. ¿Todo perfecto por ahí? Todavía no respondiste a mi pregunta.

—Todo en calma y como de costumbre, cansada. Pero ya sabes…; son gajes del oficio. Por cierto, pensé que ya te habrías desintegrado.

—¿Porque tardé en hacer realizar llamada? —Puso cara de sorpresa—. ¿Eso significa que me has echado tanto de menos?

—¡No! ¿Qué dices? ¡Yo no…! —él volvió a soltar otra carcajada. A la vista estaba que la intentaba provocar—. ¡Qué estúpido! —lo regañó.

Él no se lo tomó mal. En el fondo, había empezado él, este pique.

—Estuve ocupado. Solo fue eso. Aunque me encanta tu bonito interés. —Ella arrugó la nariz, haciéndole burla—. Por cierto, ¡hola Misha! Cuánto tiempo sin verte, bolita peluda —dijo, sin que el minino se inmutara demasiado. Simplemente abrió un ojo para escudriñar y enseguida lo cerró.

—Como puedes ver, Misha tampoco te echó de menos —mencionó, siendo ahora ella quien llevaba la batuta de la provocación.

—¡Ya lo hará cuando de nuevo reciba de mis mimos!

—Espero que eso tarde en venir.

Lo hizo reír de nuevo.

—Tu hospitalidad me abruma.

—Te aseguro que no buscaba ser hospitalaria —aclaró, intentando que la risilla pícara no saliera y la descubriese. Apretando sus labios con fuerza como si se encontrase colérica.

—¡Me encanta cuando te enfadas! —la aduló.

—Que me hagas la pelota no te salvará de mi mal humor y, te lo aseguro, no te agradaré de verdad en cuanto me veas realmente enfurecida. Podría ser tu peor pesadilla.

Lo hizo reír otra vez.

—Dudo que llegues a ponerte tan verde y enorme como el increíble Hulk. Así que dudo que des mucho miedo.

—¡Muy gracioso! ¡Si señor!

Se hizo una pausa que inmediatamente él rompió.

—Te he echado muchísimo de menos, Ámbar. —La hizo abrir los ojos de par en par, impresionada. ¿Hablaba en serio o continuaba siendo simple peloteo?— Lo digo en serio. ¡Incluso compuse una canción para ti!

—Miedo me das... —murmuró, entre emocionada y un poquito molesta.

—Deja que la cante.

Ella le hizo el ademán para darle paso a que lo hiciera. Aunque en el fondo deseaba echar a correr después de cortar la video llamada. ¡Detente! ¡Detente! Eso era lo que se repetía dentro de su cabeza.

—Dame un segundo. —Desapareció de la pantalla del ordenador y en nada, regresó con la guitarra entre sus manos—. Allá voy —avisó, una pizca avergonzado, y eufórico a la vez.

Empezó a cantar y la melodía se escuchaba triste, lenta y melancólica, siendo una balada. Hablaba sobre el amor. De un pobre chico que encontró a una mujer que puso luz en su camino y lo hizo reflexionar. De un ángel capaz de cambiar la existencia de ese chico. De empezar a valorar cuanto sucedía a su alrededor. Un lugar donde él podía mostrarse como era sin miedo a no sentirse como un extraño, a su lado. Un amor que sentía demasiado distanciado, y que necesitaba tirar de un invisible hilo y aferrarlo a él.



DenisBlue73

#28316 en Novela romántica

En el texto hay: romance y drama, musica

Editado: 19.05.2018

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