Las notas de tu guitarra

9. Un ídolo bajo control

Seth colocó la botella de champán y los bombones sobre la mesa del salón. Allí era donde pensaba darse el festín junto a ella.

—Bombones…

—¿No me digas que no te gustan? —tanteó, temiendo haberse equivocado.

—No demasiado —admitió, junto a una media sonrisa nerviosa.

—¡Vaya por Dios! Pues debes de ser la única. —Ella negó con la cabeza avergonzada, sin nada más que saber decir—. ¡Pues me salió el tiro por la culata!, ya que no llevo nada más —lamentó, abriendo los brazos y mostrándose vacío.

Ella recordó la compra hecha con prisas para un fin de semana colmado de hastío y depresión. Los pastelillos y la botella de refresco de dos litros le iban a venir fenomenal como sustituto a una botella de algo tan caro que de beberlo, incluso podría enturbiar su cabeza. Y si habláramos de los bombones, no sería algo que la volviera loca.

—Dame un segundo. Creo que tengo la solución.

—Claro —respondió asintiendo, confiando en ella.

Ámbar salió disparada hacia la cocina. Aunque a medio camino se detuvo, pensativa, sin darse la vuelta. Había encontrado el momento perfecto para esclarecer lo que daba un sinfín de volteretas en su cabeza desde hacía nada. A conocer un poco más la vida del misterioso «yo soy indestructible»

—Y digo yo… que seas Seth no te da derecho a proclamarme tu criada. —Ahora sí se dio la vuelta—. ¡Así que levanta tu culo del sofá y hecha una mano! —ordenó decidida, demostrando que no por creerse importante le daba derecho a gobernarla. El minino se había acomodado sobre sus piernas. Así que intentó moverlo y este protestó—. ¡Libera a tu rehén, precioso! No esperaba que acabases pasándote al lado del enemigo.

Eso hizo reír a Seth, que se liberó del peso del animalito, acomodándolo con cuidado sobre el sofá.

—¡De acuerdo, colega! Será mejor que haga caso a tu dueña antes de que saque el látigo y empiece a atizar.

—¡Te estoy escuchando alto y claro! Te lo advierto —protestó ella, esta vez sin voltear y mirarle—. Ser quien eres no va a lograr que te consienta. ¡Eso, ni en tus mejores sueños!

Ambos llegaron hasta la cocina. Ella sacó del frigorífico los pastelillos y la botella de refresco, además de un par de vasos. Luego se puso manos a la obra para preparar un café que conjuntara con aquello. Tal vez, él no deseara tomar refresco, y lo cierto era que ella misma se sentía necesitada de un buen chute de cafeína, después de interrumpir su necesaria siesta. El agradable aroma a café no tardó en llenar la estancia—. ¿Lo vas a querer solo o con leche? —preguntó mientras tanto, apartando la jarra de la cafetera eléctrica, una vez el líquido oscuro se hubo colado dentro de ella.

—Con leche, por favor.

Ámbar señaló hacia el frigorífico.

—Encontrarás dentro un brick de lo que buscas.

—¡Gracias!

En todo instante, ella había hecho lo necesario para mantenerse a una distancia alejada de él. Dada su naturaleza caprichosa, bien podría turbarla con sus trucos y artimañas con la sola idea de seducirla sin derecho ninguno. Ámbar no buscaba eso. ¡No más besos! Había ciertas normas entre humanos comunes que se debían de respetar. Y pensar lo de «humanos comunes» la hizo reír por dentro, y una pizca por fuera. Suerte que se encontraba de espaldas a él en ese mismo instante y no la descubrió.

—Y Brayden…

—Seth, por favor. Ya sabes que soy el de verdad. Así que prefiero que me llames Seth.

Ámbar negó levemente con la cabeza.

—Prefiero no llamarte así. Me ayuda a mantener la mente un pelín más clara.

—Pues qué lástima —ironizó él.

—¡No seas idiota! —lo criticó, encontrándole dispuesto a enredarla para sacar cada uno de sus propósitos. Aquellos que ella quería evitar a toda costa, junto con sus manos y labios.

Esta vez fue él quien negó levemente con la cabeza, sintiéndose derrotado, aún sin perder aquella sonrisa traicionera de la que ella no quería fiarse.

—¿Visitas la tumba de tu hermano con frecuencia? —La pregunta salió casi involuntariamente. Se sonrojó después de lanzarla. Quizá, con ello, podría haber metido la pata. ¡Bien podría cabrearse con ella! O tal vez no… Pronto se enteraría.

Seth se tomó algo de tiempo antes de responder.

—¿A qué viene esa pregunta? —tanteó.

—Simple curiosidad —se excusó ella, al tiempo que ponía todo en una bandeja para sacarlo afuera.

—¿Conoces ese dicho de «y la curiosidad mató al gato»? Y disculpa, amigo —dijo, bajando la mirada al suelo, hacia donde Misha estaba sentado, observándoles—, no deseaba ofenderte. El animalillo no había dejado de perseguirle por toda la casa desde que había llegado.



DenisBlue73

#28121 en Novela romántica

En el texto hay: romance y drama, musica

Editado: 19.05.2018

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