Las notas de tu guitarra

10. Desorden de emociones

—¿Dónde demonios estabas?

August bufó disgustado. Seth no había dado señales de vida cuando él y todo el grupo se había citado para la grabación del «single» que daría paso al próximo disco.

—Necesitaba airearme.

—¿Airearte? —Se acercó para olerle el aliento—. No vas borracho. Luego no te metiste en ningún bar a empinar el codo —dedujo cuando no lo tumbó con aroma a puro alcohol. Su aliento estaba limpio—. Eso me tranquiliza.

Seth frunció el ceño disgustado.

—¡Hace años que no me emborracho! Así que deja de tocarme las narices.

—¡Habíamos quedado, chico! ¡Llevamos esperándote desde hace más de una hora! ¿En qué demonios estabas pensando para darnos semejante plantón?

—¡Ya te lo dije! Me estaba aireando.

August sacó el teléfono de su bolsillo y después de teclear durante un breve instante sobre su pantalla táctil, se lo mostró.

—¿Ella forma parte de ese algo?

En la foto se mostraba a Ámbar y a él citándose frente la cafetería. Seth se quedó sorprendido.

—¿De verdad que os dedicáis a espiarme? ¡Vamos! ¡No me jodas!

August negó con la cabeza.

—No son mías. De hecho, pedí a quien os las sacó que no se publicasen. Aunque dudo que me vayan a hacer demasiado caso.

—¿A cambio de qué, no iban a publicarlas? —preguntó él, con desconfianza. Conocía demasiado a su mánager y jamás hacía algo por nada. Y mucho menos lo harían los mismos paparazzi.

—Ella no es la adecuada para ti, chico —le aconsejó, como aconsejaría un padre a un hijo—. Si buscas fama, tendrás que encontrar algo mucho mejor.

—¡Ese es mi problema! —le discutió.

—¡Ese es nuestro problema! Lo que hagas, salpicará al grupo. ¡Sabes que vamos todos a bordo en esto!

Seth se cruzó de brazos, ofendido.

—¿Vas a ser tú quien elija a la mujer con la que tendré que vivir el resto de mi vida?

—Si no lo haces de la manera adecuada, ¡por supuesto!

Seth rechazó su propuesta. Él no era quien para dirigir su vida. Fuera quien fuese. Si su padre no lo había conseguido, menos lo dejaría hacer a él.

Y no quiso escuchar más. Así que salió disparado hacia la cabina de sonido donde ya lo esperaban para la grabación.

—¿Qué ocurrió esta vez? —preguntó Nathan, poniendo cara de circunstancia. Conocía lo bastante a su compañero de grupo, que adivino de inmediato que algo se cocía. Él era el típico Romeo entre miles de Julietas.

—Hice tarde —murmuró entre dientes—. ¡Fin de la conversación! —concluyó, buscando no hablar más sobre ello.

Austin se adelantó, observándolo con determinación. Por ser el más cercano a él, como grandes amigos que eran, conocía de sobra cada uno de sus fallos, caprichos, tentaciones e inquietudes. Y hoy lo encontraba más atípico que de costumbre. De igual modo, Seth tendría que ser más considerado con el grupo, puesto que tendrían que trabajar duro si tan alto deseaban llegar.

—¡Deberías de ser puntual! —espetó él, dando unos sonoros toquecillos a la esfera de cristal de su reloj—. No espero tener que repetirlo más veces. O entonces, te echaré fuera del grupo —añadió como una clara advertencia, empezando a moverse para colocarse enfrente del micrófono que iba a utilizar. Deseaba comenzar con la grabación.

Seth, mientras pasó frente a él, le dedicó una mirada envenenada que Austin ignoró. No tenía ganas ninguna de pelearse con él, por no cumplir. Suponía que ya lo habría pillado.

 

 

Durante la grabación, August no dejó de atisbar a Seth, desafiante. El chaval no dejaba de costarle repetidos disgustos. Su constante desobediencia les había puesto repetidas veces en el candelero, y no por algo bueno: altercados con empleados y con gente relacionada con el mismo mundillo musical, incluso de los que rozaban la mayor importancia del mismo. Todo por su carácter rebelde y agriado humor, en los días que opinaba que tenía solo él toda la razón y que sentía necesidad de salirse con la suya. Y no deseaba prescindir de él, en el grupo. El padre de Seth era un buen amigo de August desde tiempos inmemorables. Desde que se toparon en primaria y decidieron que pasara el tiempo que pasasen, continuarían con aquella amistad. A pesar de que ahora, Riley se encontraba ocupado en asuntos distintos, además de sentirse descolocado con la muerte de su hijo Tyler y con su esposa, prefiriendo estar divorciada de él, junto a aquel tipo que lo aventajaba por menos edad y una apariencia irresistible. Con Seth hablaba lo justo y necesario. O incluso nada de nada, cuando este se negaba a seguir manteniendo el contacto con su padre. Pero aun así, tenía que continuar manteniendo la palabra que un día se dieron: ayudarse en todo cuanto pudieran. En esta ocasión, ayudar a un hijo rebotado y descarriado totalmente.



DenisBlue73

#28315 en Novela romántica

En el texto hay: romance y drama, musica

Editado: 19.05.2018

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