Las notas de tu guitarra

12. Tiempo limitado

Seth consiguió llegar a casa después de una noche excesivamente ajetreada de locuras y traiciones. Su pequeña mansión se encontraba vacía. Teresa, su empleada del hogar libraba a partir de los sábados por la tarde salvo que surgiese alguna emergencia.

Necesitó de una ducha casi fría para despejar su nublada cabeza. Volvió a sentir el cansancio golpeando duro y echó la culpa al café que tomó hacía poco rato por no despejarlo como deseaba. Luego se culpó a sí mismo porque tuvo que limpiar bien su cuerpo del aroma del perfume de aquella mujer con la que intercambió fluidos. Al nombrarlo así dentro de su cabeza le sonó repugnante. Mejor pensar que fue un intercambio de caricias que formaban parte de su contrato y apariencia personal como quien era.

Todavía desnudo, deambuló por la casa acercándose a la habitación casi como si se tratase de un sonámbulo en busca del tesoro guardado en el cajón. Lo abrió y observó el botín con un brillo de deseo en sus ojos.

—¡Detente tío! ¿Acaso no escarmientas? —murmuró, cerrándolo de golpe. ¡No! ¡No iba a tomar más de aquello! Prefería consumir una de aquellas bebidas que contenían cafeína y taurina, además de un puñado más de potingues que lo ayudarían a sentirse más despierto, que volver a atiborrarse de aquello. Así que acabó por descartarlo.

Revolvió en su armario en busca de algo que lo hiciera parecer normal. Tan normal como cualquiera de aquellos muchachos de a pie que soñaban despiertos con cosas que sabían que no llegarían a alcanzar. Porque ella era real, pero también era lo que necesitaba para sentirse igual de real que ella misma.

Amplió su sonrisa al imaginar su cara. Aquella manera tan graciosa que tenía de arrugar su nariz. Su profunda mirada tan oscura como la misma noche sin luna y el modo de bromear que tenía y que lo hacía reír. Ella era única. ¡Nada de modelos, cantantes, hermanas de cantantes, gente del mundo del cine…! Para él, ahora, era tan solo ella.

Se creyó loco por desear lo que no tenía tan a mano. Lo que le era tan costoso de conseguir, ya que ella marcaba el espacio y las distancias. Salvo los instantes en que pudo traspasarlas, dejando una breve señal de su existencia, por muy lejano que pareciera. Por muy inalcanzable que lo hiciera parecer su carrera profesional y su éxito.

Se miró una vez más al espejo. El verdadero Cámeron se reflejaba en él. Y le sonrió, satisfecho. Por una vez en su vida estaba siendo sincero. Y le gustaba. ¡Ella le gustaba!

 

 

Ámbar se sentía excitada. Bailaba por todas las estancias del pequeño apartamento con Misha esquivándola para que no lo pisara mientras la perseguía. Tarareaba las canciones de su grupo favorito del que ahora poseía uno de ellos como amigo. Se rió al pensarlo. ¡Esto iba a ser divertido! Porque veamos…, ¡incluso lo había besado! Se ruborizó nada más pensarlo y luego soltó una risa floja. Parecía una adolescente quinceañera y no la mujer adulta que era. Tampoco le importó. Se sentía increíblemente bien.

Llegó a coger al gatito en brazos, invitándolo a ser su pareja de baile. El pobre animalillo empezaba a marearse de tantas vueltas como ella daba.

Llegó hasta su habitación, dejándolo sobre la cama y empezando a buscar en su armario algo bonito que ponerse. ¿Quería impresionarlo? ¡Sí! ¡Por supuesto! Así que se colocó el vestido negro ceñido de manga larga y cuello vuelto que tanto la estilizaba, junto a unas medias ahumadas que conseguían crear el efecto moreno en sus piernas. Y luego unos botines de medio tacón que le quedaban fantásticos junto al vestido, en negro también. Y se miró al espejo. Solo le faltaba el pelo y el maquillaje. Iba a ser lo próximo en lo que se iba a entretener. Pero antes se colocó la bata polar, sintiendo frío. Aquello no iba a taparla demasiado. Aunque creyó que tal vez irían a lugares cerrados con calefacción y siendo así, no tendría problemas.

El sonido del portero automático sonó. Él ya estaba aquí.

Se ató bien atada la bata y salió deprisa a responder. Continuaba teniendo frío.

Misha corrió tras ella, intrigado a la vez.

Descolgó y preguntó quién era. Aunque lo imaginase de sobra.

—¿Estás lista?

—Dos cosas más y bajo corriendo.

—Entonces te pido por favor que no tardes. Aquí abajo hay dos jovencitas que me parece que me reconocieron y me observan desde lo lejos, con unas ganas tremendas de echárseme encima —se quedó, molesto. Se le notaba inquieto.

—Métete en el portal. No tardo.

Eso hizo. Y ella se dio prisa por terminar cuanto antes de arreglarse, y después de reponer el agua de Misha, y de colocarse una chaqueta de lana de las largas, salió zumbando, bajando las escaleras al galope. Haciendo sonar sus tacones.

Así que él enseguida adivinó que estaba llegando hasta donde se encontraba y en cuanto la visualizó, lanzó un largo silbido gracioso.



DenisBlue73

#28106 en Novela romántica

En el texto hay: romance y drama, musica

Editado: 19.05.2018

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