Las notas de tu guitarra

13. Noticias del corazón y un concierto

Tenía sueño… Ámbar protestó mediante un gracioso gruñido y un exagerado bostezo cuando su pequeña mascota la despertó, con ansias de mimos. El vibrar de la alarma del teléfono de su «amita» lo había hecho levantarse de sus pies, donde dormitó casi toda la noche.

—¡Ya voy! Ya me levanto —continuó gruñendo molesta, regalándole una caricia rápida y destapándose para quedarse sentada sobre la cama.

Recordó días pasados, tan fugaces como claros dentro de su confusa cabeza. Había finalizado un tiempo en el que había estado lidiando entre el mundillo de los periodistas que lo acosaban por su fortuita fama. Una fama que duró prácticamente nada y que después de aparecer aquella modelo en escena, se esfumó de inmediato. No volvería a verle. Solo en grandes titulares, actuaciones en Youtube y televisión, y poco más. Suspiró una pizca abrumada. Ya se dijo a sí misma incansables veces que aquello con lo que se había topado, no sería con lo que se quedaría en un «para siempre». Seth no formaría parte de «y fueron felices y comieron perdices». En parte, le gustó que sucediese así, ya que fueron días duros de ir huyendo de todo el mundo, de ocultarse, de mirar a sus espaldas en cuanto pisaba la calle. Por otro lado le parecía increíble encontrar a un famoso que dentro de él, tuviera una personalidad dulce, revoltosa y romántica. A la par que haber pasado tantos baches como cualquier humano de a pie. No era todo de color rosa, tal y como parecía que se pintaba. El extraordinario Seth vivía entre un sentimiento de culpa, incomprensión y cansancio por todo cuanto tenía que realizar a diario, y por todo lo que tenía que huir, con August gobernándolo. Con el mundo viéndolo de un modo que ni siquiera llegaba a ser. Era cierto que Austin se llevaba toda la fama del grupo siendo el vocalista. Pero por alguna razón, relacionaban a ambos como los más llamativos del grupo por su atractiva belleza y allá a donde iban, lograban levantar pasiones. Y Ámbar lo había comprobado por sí misma. ¡Incluso ella tuvo que controlarse y no dejarse llevar por aquél al que jamás le pertenecería! El que no le pertenecería tampoco. Se rió al considerarlo. ¡Si Daria y Abie se enterasen de la verdad, iban a armarle una buena por no hacérselo saber…! No le importaba. Prefería que eso continuara en el anonimato. Por él. Incluso por el bien de ella.

Echó un rápido vistazo al reloj, temiendo que se estuviese entreteniendo demasiado. Y fue así, tanto que tuvo que saltar de la cama y vestirse y arreglarse a todo correr, tragándose el desayuno literalmente en cuanto rellenó el cuenco de agua de Misha, y lo premió con la leche de su también desayuno.

Salió zumbando de la casa. Suerte que su coche no quedaba nada lejos de allí. Y que tuvo la suerte de que el tráfico se mantuvo fluido durante el trayecto.

Condujo pensativa, escuchando la música de su grupo favorito; el de su ahora «amigo». Quizá un amigo del que ya no sabría nada más. En fin, pensó que estuvo genial mientras todo aquello ocurrió.

Nada más estacionar se metió en la tienda que Linda ya había abierto y en la que Abie ya se encontraba adentro.

—¡Qué pasa guapa! ¿Se te pegaron las sábanas? —le reprochó con una risilla desenfadada. Ella le dedicó una mirada de desaprobación—. ¡Vamos! ¡No me mires así! Sabes que tengo razón. Por cierto, ¿finalmente saliste con Brayden? Ese nuevo amigo tuyo consigue que mi facebook tenga miles de visitas —comentó junto a una malvada sonrisa. Ámbar fue a despegar los labios pero Linda las interrumpió para que comenzaran a sacar de las cajas los pedidos que el repartidor estaba entregando en la tienda, ya que se estaban amontonando en la entrada—. ¡Ya vamos! ¡Qué impaciente! —gruñó Abie entre dientes, esperando que su jefa no la escuchara.

Ámbar sintió un necesario alivio, totalmente encantada, ya que se había escaqueado de tener que responder a tantas preguntas como ella tendría para hacerle. No era el lugar idóneo. Y no…, no se lo contaría.

Después de reponer los estantes le tocó caja. No dejó de observar hacia la puerta por si él la obsequiase con una sorpresa. Nunca daba aviso cuando se dejaba caer por allí. Y desde luego, para todos los de su alrededor, él continuaría siendo Brayden y no Seth. Luego admitió que eso sería un imposible, encontrándose a muchos kilómetros de la ciudad. Finalmente no le dijo dónde. Así que tampoco tenía constancia de adónde había ido a parar.

Tecleó la caja registradora durante la mitad de la mañana hasta finalizarla. La tienda había tenido varias veces un lleno importante, y no le habían dado tregua ni para terminar de sacar de la caja lo que estaba colocando en el estante que pertenecía a la zona de la pequeña droguería. Tendría que terminarlo a la tarde, ya que la mañana le resultó tan fugaz que incluso le gustó terminar antes de lo esperado. No había podido todavía colocar los pies en el suelo como era debido. No tenía pruebas de que Seth era su amigo, ni de que había estado con ella. Y llevar un secreto así sobre su conciencia la hacía feliz y al mismo tiempo, culpable. Le hubiera gustado conservarlo durante un tiempo más. Y ahora pertenecía a aquella preciosa modelo desde un tiempo limitado, ya que pronto empezaría con otra relación sentimental y así, sucesivamente. Su vida se limitaría a eso y a la música y los conciertos.



DenisBlue73

#28175 en Novela romántica

En el texto hay: romance y drama, musica

Editado: 19.05.2018

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