Lo inevitable

Capítulo 1

Capítulo 1

 

Evans

 

El sudor corría por mi rostro mientras golpeaba el saco, liberando mi frustración en cada golpe.

Mañana iniciaban las clases, y me sentía tan fastidiado por ello.  Por el simple hecho que no podría venir a entrenar tan a menudo. El almacén era el único lugar donde me sentía libre, ante lo asfixiante que me resultaba la escuela y mi casa, el almacén era el único lugar donde no estaba mi padre, pero, sobre todo, donde podía ser yo mismo.

Golpe con más fuerza el saco, provocando que este callera al suelo, al recordar las palabras de mi padre el viernes en la mañana.

—Aquí tienes los libros más actuales de medicina —coloca tres libros sobre mi escritorio —. Léelo a detalle y memorízalo, te hará una evaluación el próximo fin de semana —lo veo desviar la mirada al libro en mis manos —. Ya te he dicho que no leas estas tonterías —me quita la novela de la mano y lanza al cesto de basura.

—Las clases inician el lunes —argumento, contemplando mi libro en la basura.

—Tengo fe en ti —dicho eso salió de la habitación.

Desvié la atención a los libros de medicina, para a continuación soltar un suspiro y comenzar a estudiarlos.

Estaba cansado de la obsesión de mi padre de tener el hijo perfecto, para convertirme en el próximo presidente del hospital familiar, el que continuara con el legado que ha estado cargando desde hace años.

—Es tarde, deberías regresar a casa —miro a mi costado, encontrándome con un rostro demacrado, que recalcaba los años que tenía vividos.

Me incline para levantar el costal y colocarlo en su lugar.

—Déjalo, yo lo hare, ahora ve a tomar una ducha y regresa a casa con cuidado —menciona.

—Mañana regreso a clases —informo, quitándome las vendas.

—Lo sé, esa es la razón por la que has estado encerrado aquí durante un buen rato, mientras tus padres piensas que estas en alguna biblioteca estudiando —expone.

—Soy un genio, no necesito estudiar —murmuro con diversión y algo de arrogancia.

El camina hacia mí, y levanta el saco, colocándolo en su lugar.

—Entonces no te molesta que no venga muy seguido a entrenar —miro su rostro en busca de una expresión que delate que no le agrada mucho la idea.

—A mí no me molesta que no vengas a entrenar, es a ti al que le fastidia no poder venir aquí seguido a causa de la escuela —camina hacia mí, y coloca su mano sobre mi hombro desnudo —. Ahora regresa a casa.

Fueron sus últimas palabras, para después caminar a la salida.

—Sí que me conoces.

—Ya te lo había dicho, ahora largo que quiero cerrar el lugar —con una sonrisa en mi rostro camino a los vestidores y tomo una ducha.

Antes de salir de la bodega, me pongo el gorro de la sudadera, para seguido colocarme los auriculares.

—¿Ya te vas? —la hija de Will se atraviesa en mi camino.

Era una chica menuda de quince años, con ojos grandes y oscuros, nariz chata y piel canela, era la versión femenina de Will.

—No deberías andar sola por el barrio a esta hora —menciono, mirando mi alrededor.

—He venido con papá —argumenta.

—En ese caso, regresa con él —quise continuar mi camino, pero lo impidió.

—Le he dicho a mis amigas que mi padre entrena a un chico muy guapo, el cual es mi novio, y quieren conocerte.

—Pero yo no, ahora largo de aquí antes de que te acuse con tu padre por acoso como la ultimas vez —me sonríe.

—Vas a ser mi novio, ya lo veras —dicho eso corrió hacia las oficinas de un costado de la bodega.

Negando levemente, deje reproducir We Are y continúe con mi camino.

Para acortar el camino a casa, decidí tomar un atajo por un callejón, pero me detuve cuando un grupo de chico se interpuso en mi camino.

—Evans, cuanto tiempo sin vernos —murmuro Dorian.

—Si tienes un problema conmigo arréglalo en el ring en vez de montar estas escenas —expreso.

El rio, mirando a sus amigos.

—¿Acaso crees no poder con todos?, creí que eras bueno.

—Soy tan bueno que necesitas de tus amigos para lograr tocarme, ya que ni eso sabes hacer —uno de los chicos soltó una risa.

—No te rías idiota —reprime Dorian a su compañero.

Al ver que discutían me di la vuelta y comencé alejarme.

—¡Oye! —grita, pero lo ignoro.

Corre hacia mí, y me toma del hombro, para después girarme bruscamente hacía el, al ver venir su puño a mi cara lo esquivo, y sin dudarlo le regreso el golpe, y en segundos cae inconsciente al suelo.

Detestaba que me tocaran.

Miro a su pequeño grupo de cuatro chicos, los cuales lucen impresionados.

—No crean todo lo que les diga Dorian, solo los meterá en líos —menciono al pasar por su lado.  



Ana Santiago

Editado: 20.01.2021

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