Lo que nunca te dije

Capítulo 10

Las amortiguadas frases llegan a mí como un baldazo de agua helada, que hacen que yo no ejecute más acción que el solo hecho de permanecer estática y sin respirar.

Mi cabeza se bloquea por un momento, pero nuevamente ese pequeño llamado desesperado vuelve a empezar y yo simplemente no pienso y solo actúo sin razonar. Giro abruptamente en busca de aquella pequeña persona que aún sigue pidiendo por mí, pero no hace falta buscarla cuando ella ya está viniendo hacia mí.

Mi corazón se rompe aún más a medida que ella avanza, y no solo es por la alegría de tenerla de regreso, sino porque una vez más vuelvo a comprobar que estos meses no han sido en vano para ninguno de nosotros; pero lo que más me duele es que lo hayan sido especialmente para ella. «¡Dios! No permitas que vaya a hacer una locura justo ahora, al menos no en delante de ella. Debes estar tranquila, Mandi. Tranquila» Me animo mentalmente, pero… ¡Oh, maldita sea! Es estúpido el siquiera pensarlo. ¿Cómo demonios voy a estar tranquila si ella no luce nada bien? Y no, que nadie se atreva a decirme que estoy exagerando porque ahora mismo no estoy para aguantar idioteces. Sus cambios son muy notorios pese a la gran distancia que aún nos juega en contra, pero a pesar de ello yo reconozco cada uno de ellos, y no solo porque los percibo, sino porque los intuyo y con una simple mirada a su entristecido y delgado rostro de bebé. Definitivamente, mi chiquita no es la misma niña que yo dejé meses atrás, y eso verdaderamente me destruye entera.

Ahora mismo solo quiero llorar, y otras cosas más que por el momento no me conviene decir o expresar, porque si lo hago, él automáticamente sería hombre muerto. Así que para ahorrarme todo este laberinto de emociones tan extremas, simplemente opto por desprenderme de su agarre y corro también hacia mi pequeña.

Mi niñita corre como si no existiera un mañana mientras sus pequeñas lágrimas no dejan de caer aún con sus brazos extendidos hacia mí; y yo, que aún continuo con mi malestar de columna por el embarazo intento ignorarlo y ponerme en la misma condición que mi bebé solo por tenerla ya junto a mí. Ambas corremos el tramo restante entre el granero y la granja, pero no es del todo fácil cuando el terreno no es de mucha ayuda. Hay lodo y unos desniveles tan marcados que solo dificultan más mi avance, y eso hace que él tome cartas en el asunto yendo junto a mí para tratar de frenar mi impulsividad, pero una vez más no se lo permito y continúo trotando con rapidez hacia mi bebé.

—¡Mami! ¡Mami! ¡Mami!—vuelve a gritar con desespero cuando estamos prácticamente cerca.

Y yo quisiera gritar también, pero no puedo. Ahora mismo todo me intenta gobernar, pero lo estoy reprimiendo y solo es porque ella está presente y porque tampoco quiero asustarla más. ¡Dios! Mi bebita ha cambiado tanto, pero tanto que realmente me destroza el corazón. ¿Cómo es posible que un ser tan hermoso como ella pueda haber padecido tanto? Porque desde ya sus cambios no son nada buenos. Su semblante es el de una persona enferma, luce tan pálida y con ojeras, que incluso su cabello luce maltratado; y en cuanto a su contextura, esa mejor ni la describo si aún intento mantener a mi cordura. ¿Cómo puedo ser inmune a esto? ¡¡¿Cómo?!! Ella no está bien y no solo me refiero a lo físico, su interior está aún más dañado que su exterior, y yo quiero llorar tanto por eso, y por todo en realidad, pero lo único que puedo llegar a hacer cuando la tengo frente a mí, es abrazarla, y besarla, y volver a abrazarla tan fuerte como puedo y ella no se queja, lo hace también conmigo, llorando cada vez más.

¡Dios! Si ella supiera cuantas noches he llorado por un momento así, por tenerla así de cerca, por volverla abrazar, por tenerla conmigo. Realmente me ha hecho mucha falta y yo la amo tanto, pero tanto que no encuentro un límite, porque ella también es mi bebé.

—Mi amor—le beso la coronilla—Bebé—le levanto la carita que ella aún esconde bajo mi barbilla, pero no responde, sigue escondida tratando de amortiguar sus pequeños balbuceos al llorar.

—Mandi…—ahora es él, llegando junto a mí—No deberías…

¡Ah, no! Ni que me diga nada. Puede meterse sus palabras por donde mejor le queden. Si sabe lo que le conviene es mejor que se calle y se marche, porque sinceramente ya no lo quiero volver a ver; y más ahora que he comprobado el magnífico padre que realmente es.

—Amor…—¡¡¡¡Oh, por un maldito demonio!!!!—Mandi. Mandi—intenta retractarse, pero es demasiado tarde, va a morir—No deberi…

—Es mejor que recuerdes la gran herida que tienes en la boca si no quieres otra.—lo amenazo y también con la mirada— Déjanos—y no solo me refiero a este momento.

—Déjame a mí cargarla. Tú…—niega con la cabeza y apunta hacia mi pancita—No le des…—pausa para aire—más peso a tu. Cuerpo.



Carolmiranda

#1760 en Novela romántica

En el texto hay: new adult, drama y amor, embarazos

Editado: 09.12.2019

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