Los demonios del ayer.

9. El gran salón del reencuentro

       Las palabras de Morwyn vinieron a remecer todo el mundo de Isaac, su vista giró inmediatamente para mirar de frente al desconocido que acababa de transformarse en la respuesta de una de las preguntas que más lo persiguió durante su corta vida, el verde de los ojos de ambos era identico, se camuflaban sus miradas en un intenso bosque entrelazado, enmarañado que parecía a cada segundo ir mostrando un pequeño halo de luz que iba creciendo conforme los segundos avanzaban, Isaac no sabía que sentir, no sabía que decir, y al parecer su padre tampoco, ¿Que diablos pasaba? en la mente del muchacho se repetía la pregunta, ¿esto era real? o ¿es solo un mal chiste?, el silencio rodeaba la escena, incluso las respiraciones se hicieron quedas para que pudiese reinar la confusión, el miedo y la duda de una situación inesperada. el hombre de pronto reaccionó, o bien encontró una salida menos incomoda para abrir los fuegos.

— Supongo que quieres ver a tu madre— le dijo en un tono serio, a lo que el chico asintió con la cabeza sin entender como lograr un dialogo con Malaquías —Traiganla —hizo la señal a uno de los hombres que había estado sentado a su lado, el que inmediatamente se puso de pie, más por huir del incomodo momento que por mostrarse servicial.

       Los segundos parecian minutos y los minutos horas, la espera se hacía eterna en el tenso ambiente, de pronto desde el fondo de la sala se brió la puerta, y la persona que Isaac había llegado esperando ver, por fin aparecía ante él, corrieron a encontrarse y entre lágrimas se dieron un fuerte abrazo, ella lo lleno de besos antes de comenzar a hablar. 

— ¿Estas bien? —preguntó la mujer entre sollozos de alegría.

— Si madre, ellos me cuidaron —el muchacho señaló al grupo que por fin ya no se sentía tan incomodo, la mujer los miró con el gesto más humilde que existía en el mundo, el de una madre.

— Muchas gracias —dijo apretando contra su pecho el cuerpo de su joven hijo. 

— Vaya, se resolvió más pronto de lo que pensaba —mencionó el enano.

— No creo que esté todo resuelto Meldor —Eleadan miró al enano para luego mirar a la morena mujer que les hizo una seña de salir, mientras se retiraba hacia la puerta. 

 

          Isaac separó a su madre de su cuerpo y la miró de frente

— ¿Que es lo que pasó madre? —estaba terminando su pregunta cuando Malaquías se paró al lado de ambos.

— Creo que yo puedo responderte eso —Malaquías los miraba con ojos que denotaban pesar, culpa, pero tambien fuerza y esperanza. — acompañenme.

          Caminaron a través del gran salón y llegaron a la puerta por la cual había entrado la madre de Isaac, detras del umbral aparecía una habitación más pequeña, había un par de camas en ella, un escritorio y un par de arcones cerrados, Malaquías entró y se sentó en el escritorio, haciendoles una seña de que se sentaran en las camas y así lo hicieron. 

— Bien muchacho, —Comenzó a hablar Malaquías —me imagino que tienes muchas preguntas, al igual que las tenía tu madre — la miró y ella respondió su mirada con auténtica complicidad —primero es real, soy tu padre, decidimos junto con Elithoniel —Isaac recordó inmediatamente a la hechicera de la que habían hablado mientras descansaban, la confusión del momento no lo había dejado entenderlo, pero ahora estaba claro, la morena mujer que los recibió, era la protegida de Eleadan. —no inmiscuirlos en esto durante todos estos años, para protegerlos de Sagal. 

— ¿Porqué?, no entiendo ¿porqué el rey quiere matarme? —preguntó el muchacho. 

— El no quería matarte, quería secuestrarte — En esos momentos Isaac recordó las palabras exactas que habia escuchado de los guardias "debemos hacerlo desaparecer" —Sagal descubrió hace poco que seguía vivo, y con eso su secreto estaba en peligro, trato de atraerme a sus garras capturandote a ti o a tu madre, alcanzamos a intervenir en el secuestro de Mildred, pero cuando llegamos a la caravana que te transportaba a ti, tu ya no estabas, asumimos lo peor, creímos que Sagal de alguna manera había logrado esconderte — Mildred derramó un par de lágrimas más al repetir la sensación de lo que habían pasado, un sollozo apagado se escapó de sus labios a lo que Isaac respondió abrazandola, pero sin dejar de poner atención a lo que su padre le contaba. — al final, has regresado, desde nuestras peores pesadillas emergiste liberador, si bien no espero que entiendas inmediatamente el porque los abandoné, quiero que sepas que siempre han sido importantes en mi vida, y si tomé esta difícil decisión, fue porque creí que era lo mejor para ustedes. 

— Todavía no entiendo todo bien, despues de todo aún hay cosas que te faltan por contarme ¿no? —Isaac lo miró a los ojos y pudo ver que la pregunta que había hecho daba en el clavo, aún no le contaba cual era el secreto de Sagal, que era tan importante, pero ahora quería estar con su madre, lo demás puede esperar pensó — encontraremos otro momento para poder resolver las dudas que aún me quedan, pero ahora quiero descansar — Malaquías se puso de pie y hizo una reverencia antes de retirarse.



Melgard Azael

Editado: 25.10.2018

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