Los Hijos de Anac y el Jardin del Eden

Capitulo 4

Para Suhaila solo existía una cosa que le importaba y esa era la venganza, en el mejor de los casos una venganza cubierta de sangre y lento dolor. Su corazón era tan frio y déspota que incluso se atrevería a creer que su hermano le tenía cierto temor, miedo a aventurarse más allá de su dura coraza. A simple vista era una mujer hermosa con su larga cabellera negra y su piel tan perfecta y delicada que incitaba a todos a querer acariciarla, pero sus ojos estaban llenos de odio, de una furia asesina que pedía a gritos ser descargada sobre los demonios, sobre aquel que la convirtió en una criatura Ancestral.

Habían pasado siglos de su vida humana, los recuerdos se fueron desdibujando de su memoria y apenas quedaban ciertas sensaciones e imágenes que a veces no comprendía pero que sabía correspondían a su tiempo como mortal. Lo que si recordaba perfectamente era el día en que fue atrapada junto a su hermano y arrastrada a los pies de Guaxa, recordaba todos sus juegos y todas las torturas a las que fueron sometidos. Deseaba con todo su ser que esos recuerdos también desaparecieran, pero no ocurría, seguían con ella como el cruel recordatorio de que su cuerpo, alma y eternidad le pertenecían a ese demonio.

Suhaila odiaba a los demonios, quería destruirlos, quería hacer sufrir a Guaxa de la misma manera que él la había hecho sufrir, su anhelo de venganza era tan grande que en ocasiones sobre pasaba su sentido común, pero odiaba aún más a los humanos y su capacidad de vivir, sentir, amar y morir.

_ Pronto._ Susurro para ella misma al tiempo que empujaba las grandes puertas del salón principal de su guarida.

Una sonrisa malévola se extendió en su boca al ver a su hermano Tshilaba, a su lado permanecía Sounya, la líder de los Wulver y una de los Ancestrales. Dearg-Due y Wulver fueron creaciones de demonios poderosos, experimentos que realizaron mezclando su sangre impura con la de simples mortales. Los primeros fueron ellos, Guaxa se regodeo entre sus hermanos alardeando de sus logros al transformarlos en seres condenados. Los otros demonios mayores sintieron curiosidad e intentaron hacer lo mismo los resultados fueron similares pero no idénticos.

Sounya había sido en su tiempo una joven mujer prometida a un gran hacendado, con una belleza superior a la de muchas otras mujeres. Su cabello rubio platinado caía como una cascada sobre sus hombros hasta media espalda, su rostro parecía haber sido cincelado por un artista, cada línea de su cuerpo era fina y delicada pero al igual que ellos sus ojos rojos mostraban una crueldad fría y calculada.

Nadie jamás podría imaginar que atrás de tanta belleza se encontraba oculto un monstruo con cuerpo humano y cabeza de lobo. Un ser infernal sediento de sangre y urgido de poder.

_ Me alegra verte mi querida Suhaila._ Su voz era tan seductora que incluso para Suhaila era irresistible._ Te esperaba con ansias.

Suhaila camino directo a su hermano sin dirigirle palabra a su invitada, conocía de sobra los juegos de Sounya y no estaba de ánimos para caer como mosca en su telaraña.

_ No saludas querida hermana.

_ Sabes que no es necesario._ Se paró a su lado y miro con el ceño fruncido a la Faoladh.

Una sonrisilla maliciosa brillo en los ojos de Sounya, con sus movimientos gráciles, lentos y seductores camino hacia Suhaila y le beso en la mejilla. Una corriente eléctrica recorrió todo el cuerpo de Suhaila y cierto temor se apodero de sus pensamientos. Sounya tomo un mechón de su cabello y se deleitó oliéndolo, su debilidad eran los aromas dulces y frescos y el de la Dearg-Due era uno de sus favoritos, aquella piel fría y perfecta la atraía como una abeja a la miel.

_ No juegues, Sounya._ Le advirtió Tshilaba con diversión.

_ No seas aguafiestas.

Sounya se deslizo tras Suhaila y con sus manos le aparto el cabello dejando su cuello expuesto, lentamente paso su nariz por la delicada piel y la Dearg-Due no pudo evitar cerrar los ojos sintiendo como una punzada de placer la atravesaba.

_ Sé que te gusta, querida, solo no entiendo por qué te resistes tanto.

Paso sus labios húmedos y carnosos por el cuello expuesto de Suhaila mientras su manos se deslizaban con suma lentitud por sus costados, de pronto, enterró sus uñas en la carne y un suave grito de dolor se escapó de la boca de Suhaila.

_ ¡Déjame en paz!_ le grito Suhaila apartándose de ella._ No has venido aquí a jugar, tenemos cosas más importantes que tratar.

_ Cierto._ Sounya miro a Tshilaba._ Te escucho.

Tshilaba noto como el rostro de la Wulver se endureció, como sus ojos se oscurecieron y la frialdad tomo de nuevo su lugar en cada gesto de su cuerpo. Aquella mujer era peor que ellos, era aún más abominable y quizás la razón de eso fuera que su creador era el segundo demonio más poderoso y antiguo, la mano derecha de Samuel, el desalmado y sanguinario Agra.



Angeles Esquivel

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Editado: 24.04.2018

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